Swing Latino|“… y aunque sean tonterías, escríbeme, escríbeme”

No nos consta, pero eso dicen quienes estuvieron alrededor de este extraordinario compositor venezolano de nombre Guillermo Castillo Bustamante, quien nació en Ciudad Bolívar el 25 de junio de 1910 y murió en su ciudad natal el 6 de octubre de 1974.

Como la gran mayoría de los venezolanos, Guillermo Castillo Bustamante fue un opositor al régimen dictatorial de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, inscrito en las filas de Acción Democrática. Amigo cercano de Luis Beltrán Prieto Figueroa, Salom Meza Espinoza, Andrés Eloy Blanco, Ana Luisa Llovera y el mismísimo Raúl Leoni. Esas amistades, en aquellos tiempos, eran “mal vistas” por el régimen y eso le valió ser encarcelado como preso político.

Se cuenta que a Castillo Bustamante nunca le dieron permiso de visitas, pero se le otorgó el derecho a escribir una carta quincenal, una cuartilla que seguramente sería escudriñada por los esbirros de la Seguridad Nacional. Inés, su esposa, había sido recluida en la cárcel de Los Teques y su hija Inés, tenía prohibición de verlo, pero se le permitió ser “la mensajera” de la familia y la depositaria de las cartas del músico.

Enclaustrado en la cárcel de Ciudad Bolívar, Monseñor Bernal, obispo de la ciudad, le hizo llegar un viejo piano para que lo afinara y pudiese crear. Fue una “concesión” del régimen que permitió alegrar la vida y el hacinamiento de más de mil presos en la cárcel. De Ciudad Bolívar, Castillo Bustamante fue trasladado a Catia La Mar, hasta que en septiembre de 1957 el connotado músico fue expulsado a Guatemala, pero quedó anclado en Panamá y de allí pasó a Costa Rica, como la mayoría de los miembros de Acción Democrática.

ESCRÍBEME, ESCRÍBEME

Como la mayoría de los muchachos de mi generación, cuando escuchábamos esa canción nos imaginábamos al amante desesperado; el hombre o la mujer apartado de ese gran amor por un padre o una madre que no aceptaba tales amoríos. Quizá se trataba de un conflicto de clases, pero la verdad es que estábamos lejos de imaginar la verdad que yacía bajo las notas musicales. De acuerdo a lo leído y colgado de la Internet, “Escríbeme” encierra un gran amor filial, las palabras de un padre hacia su hija su hija menor de edad, que al parecer significaba para él no sólo el único lazo con el mundo exterior, con su familia separada por decisión del régimen dictatorial; ajeno a la prisión donde estaba, sino que además fue para el poeta una forma de sentirse vivo, un motivo para seguir viviendo. “Escríbeme” fue, no cabe duda, un grito desesperado de estoy aquí, no me olviden. Escribió la letra el 14 de agosto de 1956.

“Son tus cartas mi esperanza, mis temores, mi alegría, y aunque sean tonterías, escríbeme, escríbeme. Me hacen más falta tus cartas, que la misma vida mía. Lo mejor morir sería, si algún día me olvidaras…”

La canción fue interpretada por vez primera por el tenor favorito de Venezuela, Alfredo Sadel, en el recordado Show de las Doce. El programa de RCTV animado por Víctor Saume. La dictadura estaba en pleno apogeo y Castillo Bustamante se hallaba en Costa Rica; allí lo alcanzó Sadel, quien al escuchar el tema, decidió cantarlo. A su regreso a Venezuela, el cantante, quien gozaba de fama internacional, habló con Saume, quien arriesgándose a una sanción, anunció la pieza con el nombre completo de su autor por delante. Alfredo Sadel entonó entonces y por primera vez para el mundo, la letra de “Escríbeme”, sin saber que en algún rincón de Caracas, Inés la hija, Inés la esposa, aplaudían en medio de lágrimas, la valentía de estos dos hombres que intentaban reivindicar al compositor.

“Escríbeme” adquirió ciudadanía universal casi de inmediato. Fue el único tema que figuró en el primer lugar de sintonía radial en dos versiones al mismo tiempo: la de Alfredo Sadel y la versión de Lucho Gatica. Más tarde la interpretarían Javier Solis, Los Cuatro Hermanos Silva, Rosita Quintana, Ortíz Tirado, Roberto Yanez y Simón Díaz entre muchos.

Tras la caída de la dictadura, vendría el retorno de Guillermo Castillo Bustamante a Venezuela. Llegaría igualmente la gran decepción política; la pelea del compositor por retomar el crédito que perdió sobre tantos temas registrados por otros que creyeron que el poeta moriría tras las rejas. Vendría el trabajo modesto y el relegamiento en cargos por parte de quienes fueran en un tiempo sus compañeros en la política… Saldría de AD y pasaría a formar parte del MEP, siendo el autor de la música del himno de ese partido. Vendría también la gratitud del mundo por haber escrito un bolero, definitivamente universal.

ESCRÍBEME

Son tus cartas mi esperanza,

mis temores, mi alegría,

y aunque sean tonterías

escríbeme… escríbeme.

Tu silencio me acongoja

me preocupa y predispone

y aunque sea con borrones,

escríbeme, escríbeme

Me hacen más falta tus cartas

que la misma vida mía,

lo mejor morir sería

si algún día me olvidaras.

Cuando llegan a mis manos

su lectura me conmueve,

y aunque sean malas nuevas

escríbeme, escríbeme

Me hacen más falta tus cartas

que la misma vida mía,

lo mejor morir sería

si algún día me olvidaras.

Cuando llegan a mis manos

su lectura me conmueve,

y aunque sean malas nuevas

escríbeme, escríbeme

Texto/Ángel Méndez