A 80 años de su nacimiento: hablan sus tres hijos|“Había que ser muy valiente para nadar contracorriente, ese era Alfredo Maneiro”

Alfredo Maneiro en lucha permanente contra los dogmas políticos e ideológicos

A los 45 años de edad muere Alfredo Maneiro por un infarto fulminante del corazón, en el Hospital Clínico Universitario, en Caracas, el 24 de octubre de 1982… en ese momento sus hijos tenían 21, 17 y 3 años, respectivamente.

En un atardecer de los últimos días de enero, al asomarse el 80 aniversario del nacimiento de Alfredo Maneiro (30 de enero 1937), sus tres hijos, Manuel, Ana y Mariana, conversaron sobre él, como persona, como político, como humano. Este es un recuento de esa conversación, a veces en retazos, pero así son las conversas, cuando son de verdad.

“Creo que él logró algo que no logra mucha gente, el poder ser libre en su pensamiento y, a mi manera de ver, deslastrarse de visiones ‘políticas’ que eran preconcebidas y masificadas en términos globales… fue lo suficientemente valiente como para ir contracorriente de todo un grupo de intelectuales de izquierda (de su tiempo), que en lo personal no los considero como tal, porque un intelectual siempre se cuestionaría a si mismo, sus ‘verdades’… y ellos no lo hacían”; eso se puede leer en los escritos que quedaron manifiestos en la publicación La Letra R, de La Casa del Agua Mansa, sobre el compromiso de los intelectuales, relató Manuel.

Alfredo fue mucho más allá. Fue “precursor” (aunque no me gusta esa palabra) con los matanceros, los catienses, quienes con su práctica política cotidiana, en aquella época (década del 70) le dieron vida a lo que en la Constitución venezolana es la democracia participativa y protagónica, con la participación de las personas de verdad, y no dejar la acción política en un grupito de ‘profesionales de la política’. Alfredo rompió esquemas y estaba prácticamente solo en eso, eso es lo que lo hace tan increíble”.

Explicó que “lo increíble” es que enfrentó a sus propios dogmas, los que eran imperantes en ese momento en el ámbito político (sobre el partido, la vanguardia, el camino para hacer la revolución).

Manuel, Mariana y Ana Maneiro, hijas de Alfredo Maneiro

AMPLIACIÓN Y PROFUNDIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA

Al plantear la ampliación y profundización de la democracia Alfredo le estaba dando un contenido real a la democracia representativa.

“Era disputarle, en el propio terreno de juego, a los poderes del status quo, la bandera democrática, de la que se habían adueñado, y que habían reducido a su mínima expresión: votar cada cinco años. Era recuperar el sentido de la democracia profunda, como un ejercicio real de poder cotidiano por el pueblo”, expresó Ana.

“En 1981, en pleno gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1984), en un viaje a República Dominicana, a Alfredo lo pusieron preso, y decían que no estaba, que no lo tenían; y entonces creo que fue gracias a Jóvito Villalba, tuvieron que liberarlo; pero lo iban a desaparecer. Lo tenían vigilado, y no solo en Venezuela, porque lo de República Dominicana es por los EEUU. Él era un peligro a nivel internacional, para el status quo del momento, porque el avance, el desarrollo de las ideas iba hacia una ampliación de la democracia, encaminado a la inclusión. Estaba develando lo que estaba detrás de las bambalinas de la democracia representativa, con un quehacer político que estaba teniendo una incidencia transformadora en las personas y en los movimientos en que participaban al elaborar su propia política desde las bases y en ponerlas en práctica: ese era el peligro. Alfredo era peligroso por sus ideas y por cómo esas ideas estaban tomando cuerpo en lo social”, afirmó Manuel.

“Es que ampliar y profundizar la democracia, asumir que sea participativa y protagónica, no solo es una consigna, aunque para muchas personas es conveniente que sea una consigna. El trabajo político que desarrolló Alfredo dio muestras de lo que en el fondo se trataba, y eso era una afrenta también para los políticos ‘profesionales’ de la izquierda, porque Venezuela es un país que históricamente no ha pasado más allá de un estadio: el de los líderes, los caudillos, como en el siglo XIX, y eso ocurre también en el campo de la izquierda. Alfredo estaba haciendo un esfuerzo real para transformar eso”.

Cuentan los compañeros que tuvo en el Frente Manuel Ponte Rodríguez en Oriente, que Alfredo rompió con esa práctica de que el comandante hablaba primero para dar la “línea”. “Promovía que hablaran los compañeros, que cada uno expresara cómo veía la situación y propusiera; escuchaba, y lo que hacía al final era una especie de síntesis, y planteaba nuevas interrogantes para ir elevando el nivel de conciencia; no era un hombre que dictara la línea. Construía con ellos, pero eran ellos los que construían la política, y eso no es fácil”, expresó Ana.

¿CÓMO ESTÁ LA CAUSA?

“Él tuvo la habilidad de transmitir las ideas de unos a otros, como un conector entre diferentes realidades. Recuerdo cuando la gente de Pro Catia viajó en solidaridad con Los Matanceros, en Ciudad Guayana, creo que llevaron una obra de teatro. Diferentes realidades, diferentes luchas, con dinámicas propias, pero una causa en común, apropiarse del ejercicio democrático”.

“Alfredo conectaba a la gente, de verdad viajaba de un extremo al otro del país para sentarse a hablar con solo una persona. Si le hablaban que había alguien interesante que se estaba cuestionando el quehacer político ‘tradicional’, que tenía un trabajo en su comunidad o con los estudiantes -por dar un ejemplo- él se movía en el Volkswagen y llegaba hasta donde se encontrara. Era la búsqueda de los iguales, en el sentido de que se estuvieran cuestionando los dogmas, lo que existía como la práctica política, y también estaban en algo; tenían una ‘causa’ por la que estaban dando su pelea. La pregunta era: ‘¿cómo esta la causa?’, y la discusión era franca y directa, con argumentos.

“Yo creo que ya él es un personaje histórico. Él es muy ‘folklorico’, en el sentido de que era una muestra de lo que es el país… él era muy el país. La contradicción de una persona iluminada, de alguna manera, y todos los tabúes de un venezolano, porque logró ir mas allá del dogma, porque logró vencer sus propias taras impuestas por la educación, por la sociedad. El hecho de que él haya andado con mi mamá (Anna Brumlik), y que tenían esa relación tan especial en Venezuela, para un venezolano, y no es que esté hablando en contra del venezolano, es que así son las cosas. Esa idea de que ‘tienes que estar conmigo’, las ‘supuestas’ tareas de la mujer, etc. Ellos tenían una relación de libertad, de compañerismo; él vio en ella una compañera de verdad, que era su igual. Eso no es frecuente aquí y eso es muy polémico, porque es muy difícil que la sociedad venezolana, que es muy machista, logre ver que eso es importante, porque todo se centra en él, en el hombre”, comentó Manuel.

“Él era un equipo, y todos nosotros pertenecíamos a ese equipo. Él no hubiese podido hacer nada si mi mamá no hubiese sido libre o nos hubiese pasado algo a nosotros. Era esa noción de libertad la que le permitía tener a su familia de alguna manera, y al mismo tiempo, hacer todo. Eso, creo, es lo más arrecho, la parte humana que logró evolucionar de un venezolano típico, que creció con una venezolana (la madre de Alfredo: Ana Leticia González) del estado Táchira, muy fuera de lo común, pero con una personalidad muy fuerte y ese carácter se lo transmitió a él, a sus hermanos y a su hermana Rocío”.

“La abuela era una persona de avanzada, pero de una personalidad dura, con una visión de la vida rígida… a nosotros nos ponían a comer aparte, nunca con los adultos, algo que no ocurría en nuestra casa”, acotó Manuel.

“Él venía de ser un comandante guerrillero, de ser dirigente estudiantil; participó en lo del maletín de Moscoso en la Universidad Central de Venezuela en 1961 (en una acción muy audaz los estudiantes venezolanos ‘retiraron’ documentos que llevaba el embajador estadounidense, Teodoro Moscoso, en su carro y que tenía las orientaciones del Departamento de Estado al Gobierno venezolano. Posteriormente, Ernesto ‘Che’ Guevara, leyó los documentos, como una denuncia internacional en la Organización de Naciones Unidas, ONU, ese año), y participó en otras cosas que eran fuertes a nivel internacional. Tenía la visión de un venezolano universal, global. Nunca vamos a saber todas las cosas en las que estuvo involucrado. Sabemos que estuvo en Vietnam, en China; que estuvo en comunicaciones para que el ‘Che’ Guevara viniera para Venezuela, en vez de Bolivia, o que estuvo en contacto con Ilich Ramírez y la lucha del pueblo de Palestina”.

Alfredo y Anna estudiantes del liceo Andrés Bello

LA MESA DE CINCO PATAS

Por su parte, Mariana resaltó la metáfora de “las cuatro patas de la mesa”. “Me gusta la idea de que quisiera tocar cada fibra de la sociedad venezolana a tráves de los grupos, que él sentía como importantes o como de avanzada, para poder proyectar una Venezuela distinta. Me parece que estos cuatro sectores, como las patas de la mesa, sí podían ser como fundamentales para echar para adelante un proyecto distinto en el país”.

“El sector estudiantil, tanto el universitario como el de liceo, el sector de las comunidades o bases organizadas, como el trabajo en Catia, que fue muy importante. Lo que se hizo en las empresas básicas, donde estaba la posibilidad de organizarse de una manera distinta a los sindicatos tradicionales, sobre todo en Guayana. Y lo cultural, con La Casa del Agua Mansa, que podía plantear una nueva hegemonía cultural, podían sentar las bases de cómo pensar el país de una manera distinta en el ámbito de los intelectuales”.

“Pero además estaba la ‘quinta pata’ de la mesa, que era como la escondida. La parte militar, que también sabemos que, en el caso de Venezuela, como de muchos procesos de cambio en Latinoamérica, si tú no tienes un trabajo hecho en lo militar es difícil hacer algo”.

“El ‘cómo’ pensaba en el proyecto político y el ‘cómo’ pensaba impulsarlo, me parece una visión más redonda, más abarcadora. También me leí la entrevista de Iván Loscher. Me quedé con su visión sobre el MAS y por qué no el MAS. Eso tenía mucho que ver con el construir desde la base y con esa seguridad de que los propios sectores podían impulsar un cambio en este país, una nueva hegemonía. Construir un nuevo terreno de juego”.

“Creo que la imagen de la ‘mesa’ denotaba en él una forma de querer pensar a Venezuela desde Venezuela misma, a través de los mismos actores, relacionándose con ellos. Dar una imagen de Venezuela amplia, plural y vigorosa, porque ahí estaban las potencialidades, y las que después rindieron frutos, tanto en el 89, como en el 92 y en el 98”, afirmó Mariana.

“Los pensadores de ese momento, de la izquierda, tenían una mirada muy hacia fuera. Hacia los que los apadrinaban: Rusia, Cuba, Libia, Francia… en términos económicos. Entonces, los tomaban como referentes o como modelos. La Causa era un trabajo de vernos a nosotros mismos”, comentó Manuel.

“También está la cuestión de la ‘discusión’ política. La izquierda tiende a lanzar epítetos: ‘reformista’, ‘vendido’, ‘traidor’; no discuten con argumentos sino con adjetivos descalificativos, pero este tipo (Alfredo) tenía cojones, porque discutía con argumentos y con base en una práctica política propia, sea con la experiencia de Los Matanceros, de Pro Catia, de Bafle, de Prag. Sacando ejemplos de las luchas de ellos, rompiendo la idea del líder, dándole peso al movimiento, que tenía sus propios liderazgos, pero siempre íntimamente vinculados al movimiento. También era lo de la fuerza moral que le daba el haber sido un comandante guerrillero, es decir, que puso su vida en el fuego”.

“ESTÁS LOCO”

“Tenía una fuerza, una convicción sobrehumana, porque también motivaba. Era un esfuerzo contracorriente y todo el mundo le estaba diciendo ‘estás loco’… y él siguió, rompiendo dogmas. Unos continuaron con los rusos y los cubanos, y otros con la vía europea al socialismo, y Alfredo, ninguna de las dos”.

“Lo fácil es andar el camino que todo el mundo hace, lo arrecho es hacer algo distinto, ir mas allá de tus propias taras mentales, culturales. Él lo logró, de alguna manera, en ese aspecto político, sobre todo, y fue genial. A mi manera de ver fue una evolución humana, espiritual, personal que se expresaba en su vida familiar, política, en todos los aspectos. Lo veía como un artista de la política, en el sentido innovador, en lo creativo, en el sentido de enfrentarse. Eso es arrecho”.

Alfredo podía hablar con todo tipo de personas, sea de un centro poblado pequeñito, un trabajador siderúrgico, un catiense o con un aristócrata venezolano como Olavarría, y con todos hablaba de la misma manera. Esa es una de las cosas que más recuerdan de él, porque transmitía afecto, lo sentían un igual que era su forma de ser”.

T/ Ana Maneiro
F/ Reproducciones José Luis Díaz

1 comentario

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  • Revolucionarioa carta cabal como pocos en este pais El Comandante Chavez siempre lo recordo como un personaje muy importante de la ideologia de lo que es la lucha por la liberacion de los pueblos haciendo siempre incapie en que habia que leerlo interpretarlo y poner en practica sus enseñanzas nos recordaba que Alfredo decia , que los espacios ganados por la Revolucion no se podian ceder bajo ningun concepto habia que defenderlos hasta con la vida si era necesario. Alfredo vivio la epoca mas dificil de la Revolucion en la cual creia ciegamente, por-que la lucha de Alfredo no era la lucha de los demas socialistas, que esperaban que la revolucion llegara para ellos ser otros burgueses mas era creando nuevas aciones de desarrollo politico sin depender de nadie, haciendo el camino para solucionar los problemas con nuestra propia ideologia. sin rendirle cuentas a nadie sino al propio pueblo los demas eran apendices de los comunismos europeos o rusos y pedian permiso para actuar.