Por Farruco Sesto|“Misión Bárbula” (Opinión)

Hoy día creo que el lugar ya cambió de nombre y, con toda certeza, del tipo de métodos para tratar a los pacientes. Pero antiguamente había en el estado Carabobo un centro hospitalario que se llamaba Colonia Psiquiátrica de Bárbula. Era muy famoso. En mi época, cuando se le quería decir a alguien que estaba actuando irrazonablemente, se le decía: “estás como para que te lleven a Bárbula”.

Pues bien, observando a los chiflados enloquecidos (o sea doblemente tostados) que andan en manada guarimbeando en el este de Caracas, quemando basura, cayéndole a palo al mobiliario urbano, y pidiendo al mismo tiempo a gritos “Libertad, libertad, libertad”, se me ocurre que el Gobierno Bolivariano debería lanzar un gran programa psiquiátrico que bien pudiera llamarse “Misión Bárbula”.

Estaría fundamentalmente dirigido a ciertos sectores de las clase media y alta, para prestarle una atención muy particular a su salud mental, con énfasis en la disociación psicótica.

Tendría unos cuantos beneficiarios, sin duda.

Por un lado estos maníacos que presumen de juventud, pero que la llevan muy mal con sus ideas arrugadas como las papas isleñas. Y por el otro también algunas vecinas y algunos vecinos masoquistas (no demasiados en realidad) que parecen gozar del humo, la suciedad y las trancas que sufren en el atardecer de sus guarimbas.

La tarea de la “Misión Bárbula” consistiría en tratar de despojarlos pacientemente de sus obsesiones, odios y malhumores. Así como de la perturbada ignorancia que los alimenta. Se les intentaría convencer de que, más allá de sus egoísmos de clase y de su racismo manifiesto, existe una Patria que nos pertenece a todos. Y se trataría de contrarrestar la fuerte carga de veneno inútil de su alma, con el mejor de los antídotos: el de la razón amorosa.

Pues tal vez un pequeño baño de humanismo y sensibilidad social podría aliviarlos de la rabia que los atormenta.

Yo estoy seguro que sería una de las Misiones Sociales de mayor actualidad. Y de paso, podríamos aceptar en ella también como clientes a alguno de los corresponsales de los medios extranjeros. ¡Sería un tiro al piso!