“Váyanse de aquí, que esto es plomo de verdad”, dijo esa noche Rubén Ávila Ávila|El 4-F fue una derrota militar pero “desde el punto de vista político se lograron los objetivos”

Foto/Joel Aranguren

En 1985, cuando lo convocaron a una reunión en la Academia Militar, Rubén Ávila Ávila dijo, con recelo, que sus padres eran comunistas. “Teníamos noches de discusiones en la habitación de Florencio Porras”, recordó el hoy militar retirado. En esas reuniones se discutían los temas fundamentales para la vida del país, y se afianzaron los cuestionamientos sobre la forma de gobierno que imperaba en esos tiempos.

“Los compañeros seleccionados y yo estábamos discutiendo la situación del país”, contó. Un llamado del entonces capitán Chávez disparó las alarmas que le hicieron recordar su pasado como militante de la Juventud Comunista, y las enseñanzas de sus padres Rubén Ávila y Elvira Ávila como militantes del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en Mérida.

Cuando el líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) lo convocó a participar en una reunión privada, Ávila Ávila no sabía “si era oficial de inteligencia”. Ya hoy se sabe que él y otros protagonistas de la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 fueron objeto de un proceso de captación que encabezaron los patriotas del naciente MBR-200.

EL COMIENZO

“Yo venía de la Juventud Comunista y hablábamos de política” rememoró Ávila. Ese era el pasado que llevaba sobre sus hombros y que no ocultó a su llegada a la institución militar. “Me llamó Pedro Pérez Ravelo y me avisó que Chávez quería hablar conmigo”, refirió. Casi a las 11:00 pm se celebró la reunión. La cita, a altas horas de la noche en la misma Academia Militar, mantuvo su expectativa.

“Estaba receloso porque no sabía si Chávez era oficial de inteligencia”, ratificó. Sin embargo, Ávila se animó a seguirle en una reunión que concluyó cerca del amanecer. “Me invitó a engrosar esas filas” a fin de pertenecer a un movimiento para ser mejores oficiales, hombres y padres de familia.

El entrevistado recordó que la preocupación del actual Presidente por mejorar la institución militar -con el pensamiento bolivariano, zamorano y robinsoniano- desencadenó las acciones históricas posteriores. Se juramentó, junto con otros compañeros, en abril de 1985 en la residencia de Ronald Blanco La Cruz, en El Valle. “Era el mismo juramento del Monte Sacro”, recordó con vehemencia.

“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijo el Libertador frente a su maestro, Simón Rodríguez, el 15 de agosto de 1805. El juramento que los militares patriotas profirieron al sumarse el MBR-200 se inspira en estas palabras que en su momento pronunció Simón Bolívar, pero con una variante.

“El Presidente cambió una parte”, reveló Ávila: “Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen en nombre de una falsa democracia”.

La suerte estaba echada. El entonces alférez de la Academia Militar, con estudios universitarios inconclusos en ingeniería forestal de la Universidad de Los Andes (ULA) y con una filiación de izquierda o “ñángara”, se encaminó hacia la senda revolucionaria, contraria de las enseñanzas “gorilistas” en el sector militar que imperaron en el pasado.

MOMENTO CRUCIAL

Ávila Ávila se trasladó por la avenida Urdaneta como a las 10:00 pm del 3 de febrero de 1992. Aunque popularmente se piensa que fue una tanqueta la que irrumpió en el Palacio de Miraflores en la frontera entre el 3 y 4 de febrero de 1992, aclaró que se trataba de un vehículo blindado Dragón 300, versión combate. Con esta unidad tomó las escalinatas del edificio; las imágenes permanecen aún en la memoria de quienes vivieron los hechos.

Esa acción “se convirtió en un emblema, y eso no lo sabía”. Los videos muestran el avance de esta unidad militar para tomar el Palacio Blanco. “Es un símbolo del 4 de febrero”, dijo. El propósito era proteger la tropa, que “estaba poniendo en riesgo la vida”.

La imagen imponente del vehículo militar logró su objetivo de disuadir a la Guardia de Honor que se mantuvo leal al presidente Carlos Andrés Pérez. Ávila enfatizó que el blindado tiene un efecto disuasorio, que se cumplió con quienes custodiaban el acceso al Palacio de Miraflores. “Todos los portones los abrí con el tanque” rememoró. Casi no hubo resistencia. A quienes observó grabando los acontecimientos de esa noche, les advirtió: “Esto es fuego real, los van a herir”.

“Váyanse de aquí, que esto es plomo de verdad”. Sin embargo, el carácter disuasivo del vehículo fue sólo aparente, ya que posteriormente se descubrió que el blindado no podía disparar. “No tenía percutor”, admitió. Se percató de ello luego de una revisión en la Base Aérea de La Carlota, horas antes de su detención.

“A las 9:00 am vi al bachiller Carlos Andrés Pérez salir dos veces por televisión; nos dimos cuenta de que algo pasaba” relató el entrevistado. Tampoco lo sorprendió, porque la rebelión ya había sido delatada desde antes del inicio de las acciones por René Gimón Álvarez, quien posteriormente se marchó a los Estados Unidos.

-¿Cuál es el balance que usted hace de esta insurgencia militar 20 años después?

-Fue una derrota militar, pero desde el punto de vista político se lograron los objetivos, como lo dijo el comandante Chávez en su declaración ese día. Veinte años después estamos viviendo lo que queríamos: la maduración de la sociedad y la organización del Poder Popular.

Ávila Ávila se retiró del Ejército. Recuerda con agradecimiento el gesto de Hugo Chávez, quien eliminó de sus registros en la Academia Militar el origen contestatario de su familia y su filiación con la Juventud Comunista; esto, para protegerlo de ser perseguido por la inteligencia militar. “Había rezagos del gorilismo, y no era conveniente”.

Texto/Heberto Hernández
Foto/Joel Aranguren