Han sido afectados por la expansión urbana, agrícola e industrial|Bosques secos y sabanas se hallan en peligro crítico en Venezuela

No solo los animales y las plantas sufren las consecuencias de la acción humana. También los ecosistemas son vulnerables a la tala de árboles, el acecho contra los ríos, la quema de pastizales, la destrucción de zonas boscosas para sacar el oro dorado en desmedro del oro verde. Por ello, además del Libro Rojo de la Fauna Venezolana y del Libro Rojo de la Flora Venezolana, así como las advertencias de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el país cuenta con la Lista Roja de Ecosistemas, instrumento internacional cuya elaboración contó con el concurso de un venezolano: el investigador Jon Paul Rodríguez, ecólogo, investigador del IVIC y presidente y miembro fundador de Provita.

La Lista Roja, establecida por la UICN, recibió recientemente un nuevo reconocimiento: el Premio Eureka de Australia en la categoría de Investigación Ambiental. El fin último de aportes como este es fortalecer la mejor toma de decisiones para la conservación del ambiente, señala Rodríguez en conversación con el Correo del Orinoco en la sede de Provita en Caracas. “Lo que nos interesa es que estén sustentadas en la mejor ciencia disponible”, indica, así como en la cuantificación del daño que han experimentado.

El Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela -elaborado por Rodríguez, Franklin Rojas-Suárez y Diego Giraldo Hernández- es una herramienta que permite, a la escala nacional, determinar si los distintos ambientes venezolanos gozan de buena, regular o mala salud. Venezuela, certifica Rodríguez, tiene unos 20 ecosistemas. Dos de ellos son los más golpeados por la actividad humana: los bosques secos y las sabanas, que se hallan -de acuerdo con esta clasificación- en peligro crítico.

LAS PLAYAS TIENEN SIMPATIZANTES

Las científicas y los científicos tienen el compromiso -y así fue con la Lista Roja de los Ecosistemas- de “generar categorías y criterios, y clasificar los ecosistemas según esas categorías y criterios”. Les corresponde a las políticas y los políticos, a la sociedad, tomar decisiones con base en la mejor información disponible.

Hay ecosistemas que, por solo estar en Venezuela, probablemente concitarán mayor compromiso de las autoridades (o al menos así debería ser) “porque la responsabilidad de conservarlo es solamente nuestra”. Rodríguez refiere que hay áreas más populares que otras entre la población, y por lo tanto hay mayor sensibilidad hacia su preservación: “Por ejemplo, un ecosistema marino-costero como el de Morrocoy a la gente le gusta”, por lo que resulta más fácil “promover la conservación de la playa que la de la sabana”.

De acuerdo con el investigador y líder de Provita, muchos de los parques nacionales fueron creados en el norte del país para proteger las cuencas de agua. Calcula que entre 80% y 85% del agua de las ciudades “viene de los parques nacionales”, lo que se constituye en un argumento muy contundente para invocar su protección.

Plantea, en líneas generales, una primera fase, de evaluación de riesgos, y una segunda fase, de definición de prioridades.

NO SON MONTE

Es fundamental, para Venezuela, repetir periódicamente las evaluaciones de los ecosistemas. Los datos usados para el informe son de los años 2008 o 2009, aclara Rodríguez.

Sin embargo, al comparar la información disponible hace seis o siete años con la de los años 70 u 80 el cambio en algunas zonas del país se observa claramente.

Hay “ecosistemas totalmente transformados”, que “ya no se reconocen como ecosistemas naturales sino que son zonas urbanas industriales”. La expansión de estas áreas

urbanas, agrícolas e industriales ha ocurrido en detrimento de los bosques secos y de las sabanas. “Las sabanas abiertas son las más impactadas”, asevera.

¿Había forma de evitarlo? El científico replica que sí, que siempre hay cómo detener el daño con medidas como un uso más eficiente de las ya tocadas y la prevención de la expansión a nuevos sectores. Uno de los factores que, en su criterio, impide que esto funcione así es la poca coordinación entre los diferentes niveles de gobierno, como alcaldías y gobernaciones. “Si cada cual hace sus planes propios el impacto ambiental es mucho mayor que si, por ejemplo, dos municipios comparten planes de desarrollo, o un estado con otro estado”, expone.

En la naturaleza la pérdida de una especie, de un ecosistema no es un hecho menor. No es que por ser una zona menos popular que una playa la sabana importe menos o su afectación tenga menores consecuencias. El problema que tienen la sabana y los bosques secos, puntualiza Rodríguez, es que son vistos por la población como un monte o un basurero.

“Sabanas y bosques secos son vistos como rastrojos que hay que mejorar, con la actitud de que ‘a esa sabana hay que ponerle algo’ para que mejore”, enuncia.

¿DEL COLAPSO AL RETORNO?

En la Lista Roja de Ecosistemas se emplea el término colapso, explica, porque en teoría puede ser restablecido y repuesto, una vez que se identifiquen las causas del daño y estas sean atacadas.

No obstante, advierte que “hay cosas que se pierden que son muy difíciles de recuperar” y refiere que los bosques secos son buscados en toda la cuenca el Caribe para hacer en ellos establecimientos humanos. “Son buscados porque los suelos tienden a ser más ricos que los suelos de bosques muy húmedos” donde la lluvia ha lavado los nutrientes.

Son, por otra parte, lugares agradables para vivir, porque en ellos no hay pantanos. “Lo que hemos perdido son, justamente, los nutrientes del suelo, las especies que estaban”. Estos bosques eran muy ricos en animales como lapas y venados, que ya no están. Rodríguez asoma que tal vez en algunos sectores el bosque ha regresado, pero no se puede decir lo mismo de la fauna.

Además de las sabanas y los bosques secos, otros ecosistemas serían las siguientes en la fila de las que correrían riesgos: los bosques menos secos y las sabanas arboladas.

-¿En qué situación estarían?

-Los bosques secos y las sabanas abiertas están clasificados en peligro crítico. Los otros están en categorías inferiores, como en peligro o vulnerables, pero vienen en camino. Lo primero que hay que hacer es periódicamente tomar las mismas medidas y ver cómo vamos.

En todo caso, cualquier política pública debe demostrar que funciona, y para ello se cuenta con la medición de cambios: cómo era antes y cómo está después de las acciones.

VASO MEDIO LLENO

Quien trabaje con la naturaleza, con la vida en su máximo esplendor, no puede dejar de ser optimista, y eso es lo que le sucede a Rodríguez. “Hay muchas oportunidades”, insiste, y “si uno toma la visión del vaso medio lleno en vez del vaso medio vacío, descubre que 70% de Venezuela todavía son ecosistemas naturales en buen estado”. Es decir, “las especies y los procesos ecológicos están funcionando de manera natural”.

Cita el caso de Guatopo, cerca de Caracas, donde todavía hay animales que quitarían el aliento de un amante de lo natural, como felinos y aves: “Si vas a ese ecosistema sabes que todas sus partes están en su sitio”.

Al sur de Venezuela, subraya, hay áreas poco intervenidas. “Las zonas de minería son de muchísima destrucción, pero muy localizadas”, precisa. Otra razón más para actuar antes de que el mal sea mayor.

REVISIONES PERIÓDICAS

Con la metodología ya existente, detalla, se debería ejecutar un seguimiento permanente de los ecosistemas cada 5 o 10 años, “porque el proceso mismo de hacer la evaluación toma un par de años”.

Rodríguez considera que esta evaluación de los ecosistemas debería ser, en el caso venezolano, “un esfuerzo dirigido por el Gobierno en el que participan los demás sectores” y con resultados de dominio público. Sobre este punto, resalta que siempre ha ofrecido su apoyo al despacho de ambiente -que ha pasado por varios procesos y ahora se convirtió en el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas- y confirma que las puertas de Provita están abiertas para coordinar lo que sea necesario.

“Para nosotros es fundamental tener relaciones buenas con el Gobierno, porque las políticas públicas las hace el Gobierno”, manifiesta.

-¿Sobre qué ecosistemas quisiera llamar la atención?

-Los bosques secos, para hacer algún plan de recuperación. El problema que tienen los bosques secos es que, como son los sitios preferidos de establecimiento humano, una muy pequeña proporción están en áreas protegidas (menos de 5%).

Una primera acción “sería evaluar el estatus de estos bosques secos remanentes, cuáles sitios vale la pena proteger” y asumir “planes de reforestación” con mayor ahínco.

T/ Vanessa Davies
F/ Miguel Romero

2 comentarios

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  • En esa dirección desrrrollamos el Jardín Ecológico de la Concha Acústica, el Jardín Ecológico Villanueva del Hatillo y el Jardín Ecológico El punto en Sta Mónica. Es un intento de hacer una red de áreas silvestres en la ciudad y nos gustaría participar de un proyecto más abarcativo.

    Luis Levin

  • Considero que debemos hacer una gran jornada para preservar estos recursos naturales. Sugiero indicar cuales son los lugares donde existen situaciones alarmante: Ejemplo las extraciones de minerales están acabando con muchos ecosistemas. Empezar en los colegios diciéndoles a las niñas, niños, adolescentes y otros, se hace necesario conservar nuestras plantas, animales, ríos; para las futuras generaciones no sufran las consecuencias, y que nosotros (as) debemos poner su granito de arena, estamos a tiempo.