Camila Rodríguez: “Un director debe comprender por lo que pasa un actor”

“Un director deber ser capaz de comprender por lo que pasa un actor y ayudarlo en su proceso creativo, dándole confianza y aliento, es un gran director”, señala Camila Rodríguez, quien en su debut como directora saldrá al ruedo del Festival de Jóvenes Directores con la pieza Riñón de cerdo para el desconsuelo, original del mexicano Alejandro Ricaño, y estará a partir del 15 de este mes en el Trasnocho de Caracas.

Con apenas 18 años de edad y una asistencia de dirección (Prueba de fuego), más otra de escena (La piedra oscura), amén de cuatro actuaciones, Camila dirigirá a los superexperimentados Daniel Rodríguez y Valentina Garrido. Contará con la asistencia de dirección de Oscar Villanueva; asistencia de escena, Rohan Montilla; vestuario, Eva Ivanyi; música, Armando Rodríguez; iluminación, José Jiménez; y diseño gráfico, Fernanda Fernández. Las funciones serán viernes a las 7:30 pm; mientras sábados y domingos desde las 7.00 de la noche.

 -¿Por qué seleccionaste esta pieza?

– Por muchas razones, Riñón de cerdo para el desconsuelo es una obra que me atrapó y no me dejo ir jamás. En primer lugar estuvo el nombre, siempre recordaré una noche que, de entre muchas obras del Celcit, la primera que leí fue Riñón, precisamente por lo interesante del nombre. Después de allí no pude dejar de pensar en ella, incluso después de haber leído unas 10 obras más. Amo que la obra esta ambientada en París de 1939, la magia llama a gritos cuando se trata de París. Personalmente me inspiro en películas como Amelie, Delicatessen y Midnight in Paris a la hora de imaginar la puesta en escena. Además la obra transcurre desde 1939 hasta 1945, la historia explora momentos históricos importantes y rudos como lo es Segunda Guerra Mundial.

– Tiene varias aristas la pieza…

– Samuel Beckett fue otro punto de partida, todos los hechos que se narran en la obra sobre la vida de Beckett son totalmente ciertos, pero lo que me llena es que es un autor que de verdad me interesa muchísimo. Siempre quise montar Final de Partida de su autoría. Por último están los personajes, Marie y Gustave. El un escritor frustrado obsesionado con Beckett y ella que es capaz de hacer lo que sea por él. Considero que el mundo en general de un personaje es realmente interesante, pero Gustave y Marie están en otro mundo. Nada más necesité leer la primera escena para enamorarme de ellos. Son personajes muy humanos, locos, extraños pero sumamente divertidos. Hay algo de ellos en mí, ciertamente también la escogí para descubrir algo de mí misma que está oculto en la obra.

   -Muy convencida de tu escogencia…

– Es una propuesta íntima y divertida que busca sensibilizar al público a través de la humanidad y la locura de ambos personajes.  No solo invito a que la vean, sino que también vean las otras propuestas del festival. Cada uno de los jóvenes directores que participa en el festival, son jóvenes talentosos y con ideas brillantes que se pueden apreciar y que nos sirven para entender que los jóvenes en el país aún luchan por lo que ama. Siempre fui fan de este festival, y ahora que estoy aquí lo único que deseo es ver la obra sobre las tablas y a mis actores disfrutando en ella.

La sinopsis no centra en París, año 1939, donde un escritor frustrado al borde de la locura y una mujer que hace lo que sea por su amor.  Gustave, obsesionado con la vida, la obra y la figura de Samuel Beckett envuelve a Marie en su aventura de seguir al escritor. Enterarse de su vida intima y finalmente “corregir” la obra más famosa del irlandés, Esperando a Godot.

-Es la primera vez que diriges y a tan corta edad. ¿Cómo surgió esta inquietud?

-No lo sé, cuando comencé en el teatro lo único que me interesaba era actuar. Recuerdo incluso, que consideraba que dirigir debía ser horrible, todas esas decisiones que toman y todo un grupo al cual guiar. Simplemente aterrador. Dirigir  era cosa de grandes maestros con un camino largo ya recorrido. A medida que me obsesionaba con el maravilloso mundo del teatro, me fui enamorando de cada uno de sus aspectos y cada vez que veía un taller de teatro con quien fuese o de lo que fuese, sin pensarlo ni un poco me inscribía. Así fue como terminé en un taller de dirección teatral con Javier Vidal, luego con Héctor Manrique y, luego, ya estaba en el festival. Admito, que todo acerca de dirigir me asusta. Los días se hacen largos, los ensayos difíciles de cuadrar, los actores difíciles de convencer y la escenografía difícil de conseguir. Pero, si algo he aprendido es que un director es sencillamente un creador de climas de trabajo. Lo difícil se torna fácilmente en algo divertido y agradable. Sin duda, hay algo fascinante en dirigir. Sigo en la búsqueda, creciendo y aprendiendo, tal vez esté en el camino correcto.

 -El actuar, ¿te ayuda a dirigir?

-Creo que a cualquier director le ayudaría. Los actores son seres sensibles que deben ser tratados como tal. Son personas que se cansan, se embotan y se juzgan. Con toda razón, hay que tener valor para pararse en un escenario con mucha gente viéndote fijamente. Debo aclarar de igual forma, que estar sobre las tablas es lo más divino que existe, pero tampoco es tan fácil. En mi caso, supongo que sí me ayuda. Pero hay días que es fácil dejarse llevar por el espíritu controlador, e intento cronometrar todo lo que esté a mi alcance. Claro, lo que de verdad me ayuda es tener un equipo de trabajo con personas rigurosas y amantes del teatro que están dispuestas a darlo todo. Personas que están dispuestas a lanzarse de un décimo piso contigo si se los pides con el corazón. Con amabilidad y cariño, sin duda, el proceso es divertido y relajante.

-¿Es un adiós a la actuación?

-No lo sé, el trabajo fuera de la escena me tiene totalmente seducida. No solo dirigir, también adoro ser asistente de dirección. Me siento muy bien en ese papel dentro de una obra. No sé por qué, pero me siento extrañamente a gusto asistiendo. La actuación me encanta, pero siendo sincera en este momento quiero terminar de explorar este camino. Sé que me encontraré con personajes maravillosos que querré interpretar. Pero por ahora, sigo jugando con la dirección. Me falta mucho por aprender, mucho por leer y mucho por ver.

-¿Cómo ves el panorama actual del teatro venezolano?

-Claramente, si comparamos las movidas teatrales de otros países con la venezolana, podemos decir que el teatro en Venezuela está acabado. No es así, para estar en un país en el que los obstáculos son el triple de complicados, las carteleras teatrales persisten en su programación. El Festival de Jóvenes Directores en un momento como este alienta mucho a los jóvenes que seguimos en el país. El teatro no puede morir, estamos en un momento histórico y político en el que necesitamos vernos en un espejo, rectificar nuestro pasado y crecer a partir de él. Para eso está el teatro, para mirarnos.  Si, como muchas cosas en este país el teatro ha sido gravemente afectado, los teatros con programaciones continuas los puedes contar con los dedos, pero lo importante es que están, que hay gente que sigue haciendo teatro. Si hay un país que necesita teatro es Venezuela.

T/ Eduardo Chapellín
F/ Cortesía CR
Caracas