
El vicepresidente Ejecutivo de la República, Nicolás Maduro, aseguró este martes que el caso de Noel Rodríguez “abofetea la conciencia de todo el país que vivía dormido en la década de los 70 frente a la manipulación de la burguesía en el poder”.
Durante el homenaje póstumo rendido en la Asamblea Nacional al joven revolucionario, encontrado 40 años después de su desaparición gracias a las gestiones del Ministerio Público, Maduro detalló que la muerte de Rodríguez tuvo lugar durante la segunda gestión de Rafael Caldera, cuando se implementó el llamado proceso de pacificación.
En ese período, explicó, “un grupo de dirigentes, jefes de la izquierda, se fue a la legalidad,” mientras que otro grupo de combatientes revolucionarios que no estuvo de acuerdo, entre ellos Noel Rodríguez, “decidieron construir desde la guerrilla una fuerza revolucionaria que volteara la historia del país”.
Rodríguez, recordó Maduro, fue capturado el 29 de junio de 1973 y falleció después de ser torturado por casi 6 semanas ininterrumpidas, según los testimonios recogidos por sus familiares. Sus únicas armas, esgrimió, “eran sus sueños y esperanzas de una patria libre de pobreza y de la influencia extranjera e imperialista”.
“No exageramos cuando decimos que este hombre que estamos recibiendo hoy es víctima de las políticas impuestas por el imperio norteamericano contra la juventud y nuestros obreros en la década de los 70, para tratar de detener la revolución en la América Latina rebelde”, sentenció.
DIGNO MILITANTE
Maduro indicó que Noel Rodríguez fue un «digo militante de la organización revolucionaria Bandera Roja», la cual fue fundada por Américo Silva, “un venezolano de grandes quilates morales”, asesinado también por los cuerpos represivos en la década de los 60.
A Silva, en su opinión, “le tocó asumir la lucha armada con la convicción de que era la única vía para tomar el poder político frente a la burguesía que aplicaba métodos de la barbarie y el salvajismo extremo”.
Ambos casos, afirmó, constituyen dos de los miles de ejemplos de represión suscitados en la década de los 60 y los 70. Recordó, en ese sentido, que “durante el primer gobierno de Rómulo Betancourt se cuentan una decena de desaparecidos y una centena de obreros y obreras asesinados en las calles”, así como campesinos torturados. “Desaparecieron familias enteras y las enterraban o las medio enterraban en las montañas”, acotó.
Luego vino el gobierno de Raúl Leoni, donde Estados Unidos tomó poder dentro de los cuerpos policiales y dentro de las Fuerzas Armadas, “sobre todo dentro de los batallones élites que se establecieron en los teatros de operaciones de todo el país”, expresó.
Destacó que en esa administración tomaron fuerza Luis Posada Carriles y Henry López Sisco, “quien ahora está conspirando para asesinar a Disodado Cabello y a mi persona, cosa que no lograrán porque es tiempo de la vida y la victoria el que estamos viviendo”.
Detrás de la sonrisa bonachona de Raúl Leoni, describió, “lo que vino fue el más grande de los crímenes, de las masacres, de los delitos de lesa humanidad que quizás se conozcan en Venezuela durante el siglo 20”. Seguidamente se instaló Rafael Caldera en su primer período, “cuando fueron traídos los asesinos más perversos que haya conocido policía política alguna en Venezuela”.
Diferenció Maduro que una cosa es un combate entre dos tropas, “fusil contra fusil”, y otra “poner todo el Estado y la capacidad de un cuerpo policial, a perseguir a un joven estudiante, para después caerle encima con los peores métodos de interrogatorio, con violencia, impuestos por el imperio salvaje y asesino de los Estados Unidos”.
Para el vicepresidente, esas acciones responden a la “cobardía” que proviene del “terror que siente la burguesía ante los revolucionarios, así sea uno solo el que se esté levantando para acabar con su poder”.
Sin embargo, enfatizó que en Venezuela “más nunca van a haber casos de perseguidos, torturados y asesinados”, por lo que insistió en hacer llegar este mensaje a la juventud venezolana.

