Unos días aquí permiten librarse de la pesada carga de estrés citadino|Choroní siempre ofrece la belleza de su mar y la sabrosura de su río

Choroní presenta dos ambientes claramente diferenciados a la vista de quienes lo visitan, ya sea por un escape a la playa un fin de semana, o para quienes vienen dispuestos a disfrutar de unas merecidas vacaciones que permitan reponer el equilibrio corporal y mental con un baño sin prisa en el pozo de un río de piedras enormes, o arropado por las olas en una playa larguísima, con abundante sol, cocoteros y pescado frito con tostones en el almuerzo.

También está la posibilidad de no hacer nada, en la tranquilidad de una posada, echado en una hamaca aireado por su vaivén o pasear entre la sombra del bosque de una montaña nublada.

Primero está el pueblito de Choroní, un tanto solitario, con sus callecitas estrechas, sus acogedoras casas coloniales y posadas, la iglesia y la plaza Bolívar, con su enorme busto de El Libertador que luce desproporcionado en relación al pedestal.

Aquí vivió de incógnito durante casi 30 años uno de los espías más famosos de la Segunda Guerra Mundial. Se llamó Juan Pujol García, más conocido por los servicios secretos británicos como “Garbo”. Garbo fungió como doble agente ya que igualmente estaba al servicio de los alemanes.

Choroní también es la cuna de la beata María de San José, la única mujer venezolana a quien el Vaticano le ha reconocido sus virtudes religiosas y ejemplar vida dedicada a la causa de Dios. La madre María de San José nació el 25 de abril de 1875 y “murió en olor de santidad” el 2 de abril de 1967. El 7 de mayo de 1995 fue beatificada por Juan Pablo II en la plaza San Pedro, de El Vaticano.

El poeta romántico Miguel Maitín, nacido en Puerto Cabello en 1804, encontró en Choroní su pequeño paraíso, ideal para su temperamento retraído. Amante de la soledad según sus biógrafos, vivió junto a su esposa, Luisa Antonio Sosa, en el sector de El Parnaso. Allí, afectado por la muerte de su mujer, escribió Canto Fúnebre, considerada su mejor composición.

En la placita ubicada en la entrada del pueblo está la estatua de la madre María de San José y el busto de Miguel Maitín con una placa en la que se asienta que en su admirable Canto Fúnebre plasmó la belleza del valle de Choroní. Incluyen una estrofa:

“Cuan dulce es reposar bajo la sombra/de la ceiba ramosa y extendida/y entre la yerba ver que el suelo alfombra/correr la fuente que a beber convida”.

Adrián Afonso, cronista popular, coleccionista, músico, parrandero y dueño de una bodega donde exhibe sus piezas de artesano, asegura que el poeta Miguel Maitín escribió su famoso poema sentado en una enorme piedra del río conocida como “Tapetón”.

Bajando hacia el mar, distante unos dos o tres kilómetros, se halla Puerto Colombia, a orilla de la playa y del río que ofrece una colorida estampa con su centenar de lanchas y botes aparcados. En Puerto Colombia, un tanto más bulliciosa y animada, se hospeda la mayoría de los turistas, tanto criollos como extranjeros. Abundan las posadas (más de 200 según estimaciones), los restaurantes, las tiendas. En las noches de los fines de semana, por los lados del malecón, se arman jolgorios al ritmo del toque de tambor.

En Puerto Colombia se contratan los peñeros que trasladan hasta el pintoresco pueblito de Chuao, famoso por su cacao de primera, al igual que el de Choroní, desde los tiempos coloniales.

Una estupenda vista de todo el pueblo se disfruta desde lo alto del cerro contiguo a la desembocadura del río. Las parejas gustan subir en las tardes por la caminería construida hasta el mirador, desde donde contemplan la puesta de sol en el horizonte marino.

Playa Grande se halla a unos 200 metros de Puerto Colombia. La playa, poblada de cocoteros y con servicios para los bañistas, se extiende por un kilómetro de costa de blanca arena. En la vía prolifera una multiplicidad de quioscos con un variado menú de pescados.

“Se cocina sabroso y se sirve resuelto. Garantizado”, señala un letrero guindado en el frente de bambú de uno de los negocios.

Entre lunes y jueves, cuando merma el número de turistas, tanto en Choroní como en Puerto Colombia las posadas ofrecen descuentos considerables, salvo en las temporadas altas de diciembre, Carnaval, Semana Santa y los meses de vacaciones escolares, agosto y septiembre, cuando aumenta la afluencia de visitantes. Una flotilla de camionetas con carrocería y asientos adaptados ofrece transporte entre ambos sectores.

Bolívar en Choroní

El viaje a Choroní, para quienes se mueven en autobús, comienza en el bululú del terminal de Maracay. Allí una mujer se queja del sofocón y el calor reinantes.

“Por nada del mundo cambio yo a mi pueblo (Choroní)”, señala la mujer, mientras acomoda los bolsos y los paquetes.

El autobús cruza Maracay de sur a norte, por la vía de Las Delicias, y se detiene sin falta -en lo que constituye una costumbre- en la última panadería de la salida de El Castaño. Allí las pasajeras y los pasajeros se aprovisionan de pan y satisfacen otros pedidos.

Desde El Castaño, el transporte inicia el ascenso por el Parque Nacional Henri Pittier a través de una carretera angosta, de continuas y cerradas curvas que el conductor solventa entre marchas y contramarchas. Una música estridente de reguetón o de Franco de Vita y Ricardo Arjona, ambos cantándole y quejándose del amor por cualquier cosa, acompaña el viaje por el bosque nublado del Henri Pittier, durante los 55 kilómetros y la hora y 40 minutos que separan a la capital aragüeña de Choroní.

El Pittier, protegido desde 1937, fue el primer parque nacional de Venezuela. Tiene más de 100 mil hectáreas y 550 tipos de aves diferentes. La ruta transcurre entre mantos de neblina, pequeñas cascadas y riachuelos que brotan de la montaña.

Ciertas referencias -en folletos promocionales y páginas web- le atribuyen a Choroní una población estimada de 5 mil habitantes y un número flotante de 1 millón de personas, cantidad que luce exagerada. Lo cierto es que en Carnaval y Semana Santa en la zona “no cabe un alfiler” e, incluso, las autoridades se ven obligadas a restringir el paso automotor.

Adrián Afonso, con base en los textos históricos, señala que Choroní fue oficializado como pueblo en 1622 bajo la advocación de San Francisco de Paula. Con el tiempo pasó a llamarse Santa Clara de Asís. Desde 1964 se le conoce como Santa Clara del Valle de Choroní. En tiempos coloniales fue habitado por ricos mantuanos, dueños de haciendas de café y cacao explotadas con esclavos negros.

En 1816, Simón Bolívar estaba en Choroní tratando de recomponer las cosas en vista de la apremiante situación sufrida luego de la Expedición de Los Cayos, que llegó por Ocumare de la Costa. Se cuenta que el caraqueño estuvo a punto de suicidarse en Ocumare de la Costa, pero Juan Bautista Bideou se lo llevó en un barco para Bonaire.

Bolívar se reunió en Choroní con los generales Gregor McGregor y Carlos Soublette y con los oficiales Manuel Piar, Santiago Mariño, Ambrosio Plaza, Bartolomé Salom, Diego Bautista Urbaneja y el presbítero José Félix Sosa, firmante del Acta de Independencia, y quien poseía una casa en el pueblo. Allí deciden marchar a oriente, con Mc Gregor de jefe, donde operaban guerrillas patriotas. Bolívar se va en barco.

Una antañona casa en Puerto Colombia, restaurada por su dueño, recuerda en una placa, que por esas calles pasaron las tropas libertadoras.

Adrián Afonso, hijo de Afonso Pérez, uno de los dos canarios que habitaban Choroní a mediados del siglo XX, relata que los piratas , entre ellos Barba Roja, llegaban con frecuencia a saquear las haciendas.

Una serie de cañones, colocados de adorno en el malecón, retroceden a los años de los piratas en Puerto Colombia, para recordar que en el pasado era visitado con frecuencia por esos violentos hombres barbudos, de garfios como mano, pierna de palo y un loro en el hombro.

Afonso, que en la bodega exhibe antigüedades, tambores y figuras metálicas de su autoría, recuerda que de niño llegaban, provenientes de La Sierra y Aroa, los arreos de burros cargados de papelón, plátano, apio. En 1920, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, se inició la construcción de la carretera. A Gómez le construyeron una casa en el pueblo, pero nunca vino a visitarla.

En el gobierno del dictador también se construyeron dos plantas eléctricas con las cuales se suministraba electricidad a Maracay.

Afonso, cuyo negocio se encuentra en calle de entrada de Choroní, señala que el lugar tiene “algo” que lo hace particular. Quizá sea el río con su frescura, o la estampa de pueblito apacible con su conglomerado de viejos caserones. Tal vez la playa, allá en Puerto Colombia.

“Choroní es Choroní. Yo llego a Maracay y me pican los pies para venirme”, dice Afonso, quien también es miembro de un grupo de aguinaldos y participa en los velorios de Cruz de Mayo.

Potencia turística

Una información publicada hace algún tiempo por la prensa aragüeña da cuenta del remozamiento a que fueron sometidas la plaza central y 63 casas del casco colonial de Choroní, con una inversión de más de 5 millones de bolívares aportados por el gobierno de calle y el ministerio del Poder Popular para el Turismo, que dirige Andrés Izarra.

Izarra, durante un recorrido de inspección, informó que en una segunda fase serán recuperadas progresivamente y en su totalidad la iglesia y el resto del pueblo.

Según Izarra, “Choroní quedó hermoso, producto del gobierno de eficiencia en la valle”, promovido por el presidente Nicolás Maduro.

El gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami, en compañía de Izarra y del alcalde del municipio Girardot, Pedro Bastidas, anunció que con el plan de reordenamiento urbano se transformará Choroní en una potencia turística.

El Aissami consideró que así como se inició la construcción de un puerto pesquero en Ocumare de la Costa se debería construir otro, pesquero y turístico, en Choroní. Anunció que igualmente trabajan en mejorar los servicios públicos, como la red de aguas servidas, agua potable y electricidad; se comprometió a reubicar a los comerciantes ubicados en Puerto Colombia y Playa Grande, donde existe cierta anarquía.

T y F/ Manuel Abrizo

2 comentarios

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  • Soy Música Colombiana,en el 2007 viaje a Venezuela a indagar sobre algún tipo de Tambor, y coincidencialmente, mi primer destino fue Choroní. Fue suficiente para enamorarme del país y me quedé 6 años; la mayoría de ellos en la región de Barlovento. Gracias Choroní, gracias Venezuela.

  • ME SIENTO ORGULLOSO DE SER DE ALLÁ!! CHORONÍ ES UN PARAÍSO ENCANTADO!!! AL QUE PUEDA VISÍTELO QUE VALDRÁ LA PENA!!!!