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Afirma que los escritores venezolanos sin exposición mediática de la oscuridad

Juan Carlos León: “Existe una popularización editorial, pero falta buen mercadeo”

19 febrero 2016 | Haga un comentario

El filósofo magariteño considera que “el gobierno Bolivariano ha hecho grandes esfuerzos por editar libros a gente común, gente de pueblo y eso está muy bien”

Con dos libros de relatos breves en su haber De cangrejos (2008) y Cuentos remotos (2000) y otro de ensayos Diversidades (1991), el filósofo margariteño Juan Carlos León vive con pasión estar sumergido en el mundo de las letras: “A la hora de escribir prefiero la narrativa. Los cuentos cortos y las novelas son lo que prefiero. Esta última nos posibilita rescatar acontecimientos que mucha gente olvida, quizás por descuido y con alguna no santa intencionalidad. Me refiero, claro está, a la novela histórica”.

- ¿El libro digital sustituirá al de papel muy pronto?

- El libro físico es una vaina de contacto, de olor, hasta el color de las páginas, un libro nuevo tiene su encanto, pero también lo tiene un libro viejo. Incluso, con un libro físico te emociona ver en la mano izquierda, la cantidad de páginas leídas y en la mano derecha, las que faltan. El libro electrónico, siempre tendrá el mismo grosor. Con la máquina esa todos los libros serían nuevos, fríos, unicolor e inodoros. Pasar una hoja tras otra, retroceder algunas páginas en busca de un nombre, de una acción, no puede ser igualado. Además, hasta ahora poca gente en el mundo ha sido atacada para robarle un libro, no podríamos decir lo mismo si se trata de un aparato de esos. Mi respuesta, obviamente es no.

- ¿Cómo ve el panorama literario actual en Venezuela?

- Aún por acá seguimos siendo medio tradicionales y muy reactivos con la literatura. Se ha vuelto tradición leer algunos autores en bachillerato. Eso genera un bloqueo literario en los jóvenes. Oda a la zona tórrida, no podía ser una buena manera de inducirte, enamorarte de la poesía, ni El túnel te descocaría por la narrativa. Creo que es más lo que se ha perdido con esto que lo que ganó la literatura con esos criterios. Ojalá hoy día los anzuelos literarios sean con mejor carnada, aunque lo que he visto y oído no me alienta en la esperanza: libros de autoayuda, por ejemplo. Pero que esto, creo, es el hecho de actuar de manera reactiva a las modas de libros, a la literatura de paquete o casi de máquinas expendedoras de literatura, se lee lo que el mercado imponga en la temporada. Es un suculento negocio adosado al cine, series televisivas, franelas, bolsos y un amplio etcétera.

- ¿Y el denominado boom de los sesenta y setenta?

- Nos fijó en el subconsciente leer unos nombres y hasta unos títulos que se han convertido en casi una obligación intelectual. Si bien es cierto que los hay muy buenos en esa etapa, no es menos cierto que prácticamente encasilló la literatura, la encerró entre unos escritores y sus obras. Fuera de ahí, de esa corte, quien los trasciende o iguala, es quien se haga merecedor de algún dudoso premio o algún cuestionable reconocimiento. A nosotros no nos tocó esa suerte, el negocio editorial no se enamoró de Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva ni de Salvador Garmendia, tampoco de Enrique Bernardo Núñez ni de Guillermo Meneses, por citar unos pocos. Nuestro panorama estará lleno de escritores anónimos, aún con alguna obra publicada, si la exposición mediática no los saca de esa oscuridad. Seguiremos leyendo los best seller de moda, de la moda que nos imponga el mercado, luchar con similares armas sería una buena manera de quitarle a los chamos un libro de moda por un buen escritor venezolano.

- ¿Se apoya más a los escritores en las distintas editoriales?

- Indudablemente existe hoy día una popularización editorial. Escritores completamente anónimos han logrado publicar, pero ¿han dejado de ser anónimos? En lo absoluto. El gobierno Bolivariano ha hecho grandes esfuerzos por editar libros a gente común, gente de pueblo, eso está muy bien. Café sólo, es bueno, pero café con pan, es mejor. Es decir, si esa iniciativa editorial no se acompaña de una publicitaria, de mercadeo (seguramente el término no gustará mucho), seguirá siendo la cosa cuesta arriba para quienes pretendemos escribir y publicar desde el afecto y no desde el mercado.

- El mercadeo manda…

- Fíjate, las grandes editoriales tienen escritores y público determinado, pero también conocen su trabajo, ellos producen libros, que se redondea en mercancía, y trabajan en función de eso, la mercadean, la venden. Esas empresas editoriales han impuesto los libros de autoayuda como la salvación de la humanidad, quien no lea autoayuda morirá en el tráfico diario. La autoayuda te da inteligencia, cultura, buena figura y hasta dinero. La gente lo cree y diariamente se venden en Venezuela, muy probablemente, miles de libros mensualmente de este segmente literario.

- ¿Y las editoriales venezolanas?

- Contra esto luchan El perro y la Rana y Monte Ávila, sin casi nada de éxito. Nuestro problema editorial, visto está, no es por publicar, es el mercadeo de lo publicado. Te cuento rápidamente, en la isla de Margarita había una Librería del Sur en la avenida Aldonza Manrique, que sería algo así como la avenida principal de Las Mercedes en Caracas. Nadie compraba nada ahí, la quitaron. ¿Sabes donde la pusieron? En la planta alta, en un rincón, del Aeropuerto Internacional del Caribe General en Jefe Santiago Mariño en la isla de Margarita, un poquito más escondida que la del aeropuerto de Maiquetía. ¿Ves el problema? ¿Te das cuenta del desatino de esas decisiones? Seremos un país con miles de autores publicados pero a quienes nadie conoce y mucho menos lee.

Texto/Eduardo Chepllín
Foto/Cortesía
Caracas

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