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A partir del domingo 3 de abril

Los Relatos Cómplices de Liliana Porter y Ana Tiscornia

30 marzo 2016 | Haga un comentario

Las artistas de gran trayectoria y proyección internacional presentarán una muestra con obras individuales y colaborativas

En un avión de la Aerolínea Dynamic, que hizo honor a su nombre, pues las turbulencias no se hicieron esperar durante el viaje, llegaron a Venezuela las artistas plásticas Liliana Porter (Argentina) y Ana Tiscornia (Uruguay) para mostrar su más reciente trabajo en la Galería Beatriz Gil de Las Mercedes, a través de la exposición Relatos Cómplices.

Ambas artistas de gran trayectoria y proyección internacional tienen años trabajando juntas en un taller común en Rhinebeck (Nueva York). Relatos cómplices es precisamente la evidencia de una narrativa espontánea que pone en dialogo los planteamientos Porter y Tiscornia: la soledad del ser y el problema de la voluntad de la construcción y la destrucción.

La exposición reúne más de veinte obras, entre individuales y colaborativas de las artistas sureñas. Será inaugurada el próximo domingo 3 de abril en la Galería Beatriz Gil y permanecerá en sala hasta el 15 de mayo en horario de lunes a viernes de 10:00 a.m. a 7:00 p.m, sábados de 10:00 a.m. a 4:00 p.m, y domingos de 11:00 a.m. a 2:00 p.m.

LILIANA PORTER Y LA REALIDAD COMO INVENCIÓN

Liliana Porter tiene gran parte de su vida como artista indagando las formas en las que definimos nuestras realidades. Le interesa cómo la realidad es representada, cómo el ser humano inventa su propia realidad. En este sentido ha trabajado la relación entre el objeto y la imagen que lo representa, y en esas búsquedas surgieron presencias mínimas para habitar mundos imposibles.

La artista conceptual ha desarrollado una propuesta en la que incorpora muñequitos en miniatura (de 2 o 3 cms) en espacios vacíos. Porter los descontextualiza y los coloca ante situaciones imposibles, oníricas e irónicas. Esa condición “hace que veamos los objetos más en sí mismos, sin todas las influencias del contexto que lo define”, explica la artista argentina.

La paradoja es el eje transversal de su obra: personajes solitarios en espacios atemporales, sin referencias ni contextos, realizando acciones que a primera vista pareciesen absurdas. Un muñequito dibujando una mano de otro juguete; un personaje mínimo en el extremo superior de un martillo, al parecer con la intención de suicidarse; otro muñequito que va camino a casa, pero el largo trecho y los obstáculos pareciesen anular toda posibilidad de encuentro.

Al descontextualizar a estos muñecos de toda actividad lógicamente humana surgen múltiples lecturas e interpretaciones. “Lo que me emociona bastante es que el público entra en la obra a través de la proposición que yo hago. Uno nunca se da cuenta de lo que el otro está viendo. Yo soy de las de tipo optimistas y entonces me di cuenta que en mi obra siempre hay un lado esperanzador, a pesar de que son medio trágicas. Por ejemplo, en el cuadro del tsunami amarillo que deja en ruinas todo, si miras bien, hay un tipo mínimo que barre, otro que arregla las cosas. La gente agradece eso. Me pasa mucho que me dicen ‘Gracias’ en vez de decirme ‘Felicitaciones’”, cuenta la artista.

Con ese ímpetu de optimismo, Porter piensa que el humor es un elemento fundamental en su obra, “el humor es el que nos dice ‘No vas a entender pero no te preocupes’”, dice.

LA OBRA Y EL MERCADO

Porter se inició en el mundo artístico siendo muy joven. En Nueva York fundó en 1964 junto a Luis Camnitzer y José Guillermo Castillo, un taller de grabado con la idea de aprovechar las posibilidades de reproducción de este formato y la democratización de la obra de arte.

La artista recuerda con alegría aquella época en la que el deseo de abandonar las instituciones museísticas y escabullirse del mercado del arte, eran los ideales de una generación. En ese entonces, junto a un grupo de artistas llevaron a cabo prácticas artísticas que incluyeron exposiciones por correo postal y la creación de instalaciones efímeras en el espacio público que se disolvían en poco tiempo, como una acción en contra de la mercantilización de la obra.

“Una vez se hizo una gran exposición de arte conceptual en un museo, que era lo que uno trataba de evitar en la juventud, y habían miles de obras que estaban aseguradas por miles de dolares, que era lo contrario a nuestros ideales. Era otra realidad, yo me preguntaba ¿hemos fracasado?”, expresa la arista.

Para responder esa interrogante Porter acude a un ejemplo concreto. Al ser invitada a dar una conferencia de arte y política, pensó en Antonio Berni, un artista político argentino del siglo pasado. “Él hizo un cuadro que se llamaba Los desocupados, y después de muchos años pasó que el cuadro se revaloró. Ahora cuesta muy caro. Entonces uno dice, ‘¡qué increíble!, un tipo que hizo un alegato político y la obra se transformó en un símbolo de estatus. Pero el cuadro es las dos cosas al mismo tiempo, es un alegato político y un signo de estatus. Y hay que aceptar que las cosas se pueden transformar y pueden convivir”, explicó.

ANA TISCOMIA: CONSTRUCCIÓN VS DESTRUCCIÓN

Ana Tiscornia es arquitecta de profesión y de allí parte toda una motivación por escudriñar las relaciones o desencuentros entre la “voluntad de construcción” y la destrucción. La artista uruguaya comenzó haciendo collages con los planos que hacía en su trabajo de arquitecta.

Los desplazamientos colectivos y las migraciones, primero a raíz de la dictadura en Uruguay (1973-1985), y luego a nivel mundial a causa de numerosas guerras y desastres, fueron los conflictos que de alguna manera captaron su atención y su interés en analizarlos a partir de un lenguaje arquitectónico. “Se juntaron las cosas sociales con las individuales”, confiesa. Su propia experiencia fuera del Uruguay, pues Tiscornia se residenció en Nueva York hace aproximadamente 26 años, fue también un disparador para pensar en el traslado y el olvido desde el arte.

“Empecé a pensar en el lugar de la casa, en el lugar de las ideas, de las ilusiones modernistas (…) Tomé una especie de metáfora de la casa, y terminé con el dibujo del plano arquitectónico. Entonces decidí usar un lenguaje que yo conocía muy bien (el arquitectónico) pero como elemento de metáfora y empecé con unos dibujos de planos de casas con lineamientos muy modernistas, otros que eran casas de infancia y los superponía a todos como si hubiesen colapsado”, explicó la creadora.

Esto le llevó a explorar con la técnica del collage, el tema de la construcción mediante el dibujo de los planos; y de las ruinas y vestigios que deja la destrucción usando cartones, láminas y fotografías. “Es un doble juego: construir algo positivo y el vestigio de la destrucción”, dice.

La serie de obras que trae a Venezuela son de este tipo, collages, por un lado de estructuras arruinadas, frágiles, caóticas, deshumanizadas; y por otro lado, estructuras limpias, fuertes, ordenadas, que se erigen por encima de la ruina, de la dispersión. Así conviven en su obra estas dos acciones que se complementan y hacen pensar en nuevos paradigmas de la construcción.

RELATOS CÓMPLICES

Parte del trabajo colaborativo que será expuesto a partir de este domingo surgió por los arrebatos inesperados del azar. Porter y Tiscorni comparten un taller en Rhinebeck (Nueva York) y allí, un día, la argentina llegó con una cámara de fotos nueva. Para probarla fotografió una muñequita de vestido rojo (parte del material de su trabajo), en uno de los collages de Tiscorni.

El resultado les gustó tanto que se plantearon trabajar juntas bajo ese mismo principio, es decir sin pensar juntas una propuesta previamente, si no que los trabajos individuales de cada una se encuentran en un momento determinado y entran en diálogo.

Porter elimina el contexto en sus obras, pero con la colaboración de Tiscorni los personajes transitan un espacio más o menos definido, en todo caso alejados del espacio vacío en donde los sitúa la argentina. Y en las obras de Tiscorni no hay personajes, no hay humanos, pero con la colaboración de Porter, los personajes aparecen sobre las estructuras. Así, “Se crea una narrativa nueva que no tiene nada que ver con ninguna de las dos, pero donde las dos estamos claramente identificables”, explica Tiscorni.

Pero no es la primera vez que estas creadoras han trabajado en propuestas a cuatro manos, también han realizado obras en espacios públicos y ambas han colaborado en varios de sus proyectos.

Ambas tienen como característica común la exploración con diversos materiales, técnicas y formatos. Pero justamente este afán lo llevaron al extremo, al cumplir el año pasado uno de esos sueños en los que se piensa con distancia, con humor y con incredulidad.

Porter y Tiscorni dirigieron una obra de teatro, después de que una amiga, la investigadora de arte contemporáneo Ines Katzenstein, le preguntara a la argentina: “¿Qué te gustaría hacer en el futuro?”. Porter se lo tomó como una fantasía y respondió que dirigir teatro era una de esas cosas que le gustaría hacer. La sorpresa fue que en menos de un año Katzenstein consiguió financiamiento para la obra y le dijo a la artista “Tengo el dinero para la obra, hay que hacerlo”.

Porter confiesa que fue la experiencia más feliz de su vida. La obra se llamó Entre actos: situaciones breves y no fue la última. Luego de esta experiencia Porter advirtió que su obra plástica siempre tuvo algo de teatral, sus obras son pequeñas puestas en escena, por lo tanto no es descabellado que incursionara -por sorpresa para ella misma- en esta disciplina. Tiscorni la apoya en todo. Siguen creando a sus 75 y 65 años edad, indetenibles.

Texto/Diana Moncada
Foto/María Isabel Batista
Caracas

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