La diplomacia israelí hostiga a gobiernos y organismos que cuestionan su actuación contra Palestina

Tras doce días de guerra total, la comunidad internacional asiste paralizada a la mayor escalada de violencia en Palestina desde 2014, cuando tuvo lugar la Tercera Guerra de Gaza. A 17 de octubre, los asesinados del lado palestino superaban los 3.000 civiles. En Israel la cifra alcanza los 1.400 civiles asesinados y los 200 secuestrados. Gaza continúa sitiada, mientras Estados Unidos trata de mediar entre Israel y Egipto para que este último país abra un paso humanitario en el puesto fronterizo de Rafah, colindante con el territorio palestino.

Por el momento, el apoyo a Israel es generalizado entre los países occidentales. Esto incluye, en primer lugar a EEUU, además de los Estados miembros de la Unión Europea, la mayoría de los países latinoamericanos –a excepción de Cuba, Venezuela y Bolivia–, Noruega, Islandia, Macedonia del Norte y los países árabes firmantes de los Acuerdos de Abraham, como Marruecos. Por el momento, el consenso diplomático en estos países es la condena a los atentados cometidos por Hamás el 7 de octubre y la defensa de lo que se ha repetido como el «legítimo derecho de Israel a defenderse».

Paralelamente, cada vez más voces piden al Gobierno de emergencia encabezado por el conservador Benjamín Netanyahu que se ajuste al «derecho internacional» en su intervención militar en Gaza. Quienes han cuestionado de manera más explícita la actuación de Israel en territorio palestino han chocado de frente con una dura diplomacia israelí, que no tolera fisuras en el posicionamiento de aquellos gobiernos alineados con sus intereses.

«La diplomacia Israelí es muy violenta simbólica y verbalmente en los países en que tiene representación» explica Abraham Mendieta, analista político que trabajó en los equipos de Podemos en España y del presidente López Obrador en México. «Ellos buscan que todos los gobiernos se alineen con su narrativa de agredidos, y no soportan un cuestionamiento a su papel como agresores».

En España, han sido las declaraciones en la red social X [anteriormente Twitter] de la ministra de Derechos Sociales en funciones, Ione Belarra, y su participación en la manifestación en apoyo al pueblo palestino celebrada el pasado domingo en Madrid, lo que ha precipitado un enfrentamiento entre la diplomacia israelí y un Estado miembro de la UE.

El lunes 16 de octubre, la Embajada de Israel en España emitió un comunicado en el que condenaba «enérgicamente las recientes declaraciones de algunos miembros del gobierno español» y que «ciertos elementos dentro del gobierno español han optado por alinearse con este terrorismo tipo ISIS». Como respuesta, el Ministerio de Exteriores español emitió una nota de prensa en la que rechazaba «tajantemente las falsedades vertidas en el comunicado de la Embajada de Israel».

El titular de Exteriores español, José Manuel Albares, reveló que había estado en conversaciones telefónicas con Rodica Radian-Gordon, embajadora de Israel en España, a quién le trasladó su «profundo disgusto» por el comunicado. El martes por la tarde, Albares daba por «zanjado» el «incidente puntual» con la Embajada.

«Aquí cada uno tiene su propia opinión. En un gobierno en funciones es lógico que en distintos partidos haya opiniones no del todo coincidentes», explica Juan Manuel López-Nadal, diplomático jubilado. Cree que la diferencia entre PSOE y Unidas Podemos no es tan abismal. «En España tenemos una postura afín a los dos estados. Eso significa que Israel tiene que evacuar los territorios palestinos que ocupa y reconocer las resoluciones de las Naciones Unidas», añade.

«Ahora ¿cómo llegamos hasta ahí?», se pregunta. «Ninguno hemos hecho nada porque Israel cumpla con las resoluciones internacionales y somos responsables de que la situación se haya ido degradando». Ello, insiste, no es incompatible de la crítica a los atentados cometidos por Hamás contra población civil israelí.

Las tensiones entre la diplomacia israelí se han extendido por varios países latinoamericanos, con diferentes grados de intensidad y actores implicados.

Choque diplomático en Colombia

Colombia es, posiblemente, el país en el que más ha escalado la tensión diplomática con Israel. El 7 de octubre, el presidente del país latinoamericano, Gustavo Petro, pedía en la red social X que se instaurara un diálogo de paz entre Israel y Palestina donde se reconociera «de manera integral el Estado Palestino». Dos días más tarde, también por redes sociales, comparó las declaraciones del ministro de Defensa de Israel, Yoav Galant, al referirse a los ciudadanos de Gaza como «animales humanos», con la narrativa nazi.

El ministro de Relaciones Exteriores israelí, Eli Cohen, expresó en un comunicado emitido el pasado domingo 15 de octubre que estas declaraciones «reflejan un apoyo a las atrocidades cometidas por los terroristas del Hamás» y calificó los mensajes de Gustavo Petro de «hostiles y antisemitas». Además, Israel trasladaba a Colombia que «como primera medida», detendría las exportaciones de seguridad hacia el país latinoamericano.

En la escalada verbal, el presidente de Colombia ha respondido en X que no apoyaría genocidios y que si tenía «que suspender relaciones exteriores con Israel las suspendemos». Llamaba también al resto de países latinoamericanos a solidarizarse con Colombia y demandaba a Israel «la ayuda en la paz de Colombia y la ayuda en la paz de Palestina y el mundo».

En mitad del cruce de acusaciones, la embajada estadounidense en Bogotá (Colombia) recriminó a Petro sus declaraciones, al tiempo que le pidió que condenara a Hamás. De momento, no parece que ninguno de los dos países esté dispuesto a dar marcha atrás.

México, Chile y Brasil, tensión a pequeña escala

Otros Estados latinoamericanos también han criticado la respuesta de Israel en Gaza y aunque la respuesta de Tel Aviv se ha quedado en lo meramente verbal, también ha generado cierta tensión diplomática.

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en la conferencia de prensa del 9 de octubre, dos días después de los atentados, que fletaría dos vuelos para repatriar a los ciudadanos mexicanos en Israel.

Además, expresó su respeto «al gobierno de Israel y muchísimo más al pueblo de Israel. Pero nosotros no queremos la guerra, nosotros no queremos la violencia. Nosotros somos pacifistas y no queremos que pierda la vida ningún ser humano de ninguna nacionalidad, sean de Israel, sean palestinos. Queremos que se garantice el principal de los derechos humanos, que es el derecho a la vida».

La embajada de Israel en México emitió ese mismo día un comunicado en el que lamentó que el Gobierno de México no hubiera adoptado «una postura más enérgica y decidida ante esta situación», recordando al Gobierno mexicano que entre las 130 personas secuestradas y llevadas a la Franja había dos ciudadanos mexicanos.

«El simple llamado a la paz les incomoda», explica a Público Mendieta. «Buscan que todos los gobiernos se alineen a su narrativa de agredidos, y no soportan un cuestionamiento a su papel como agresores». La práctica totalidad de los países latinoamericanos han condenado los atentados cometidos por Hamás, pero allí donde un miembro del ejecutivo de turno se ha significado en contra de la intervención militar en Gaza, la diplomacia israelí ha respondido de manera más o menos tajante.

También ha ocurrido en Chile, donde el presidente del Gobierno, Gabriel Boric, ha sido criticado por su tardanza en condenar los atentados contra población israelí. Dos días después de los hechos se pronunciaba en X condenando «sin matiz alguno los brutales atentados, asesinatos y secuestros de Hamas. Nada puede justificarlos ni relativizar su más enérgico rechazo».

A continuación, condenaba «los ataques indiscriminados contra civiles que lleva adelante el ejército de Israel en Gaza y la ocupación ilegal por décadas de territorio palestino violando el derecho internacional. En el dolor no hay empates posibles, cada hecho es una tragedia por sí mismo».

Su ministro de Relaciones Exteriores, Alberto Van Klaveren, publicó en X que «El uso de la fuerza contra civiles nunca es aceptable en los conflictos armados, aún en el ejercicio de la legítima defensa. Hacemos un llamado a todas las partes involucradas en los actos de violencia en Israel y los territorios palestinos a respetar ese principio básico… Eso vale para Hamas, la Yihad Islámica, el Estado de Israel y cualquier otro actor que intervenga en el conflicto», fue lo que publicó el canciller».

Esta vez, la respuesta del lado israelí también vino en forma de tweet. El embajador de Israel en Chile, Gil Artzyeli, defendió que «¡Israel tiene todo el derecho, y la obligación, de defenderse!» y calificó de «lamentable» el hecho de que Van Klarenven mencionara «a Israel junto a Hamás y la Yihad islámica, grupos terroristas islámicos apoyados por la dictadura iraní».

Más suave ha sido la respuesta del embajador Israel en Brasil, Daniel Zohar Zonshine, que en una entrevista en un medio brasileño ha tildado de «falta de sensibilidad» el hecho de que el presidente del gigante latinoamericano, Lula da Silva, no hubiera utilizado la palabra «terrorismo» para describir los atentados acometidos por Hamás hace dos semanas.

El Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño lanzó el mismo 7 de octubre un comunicado en el que condenó los ataques de Hamás, expresó «su solidaridad con el pueblo de Israel» y pidió «todas las partes a ejercer la máxima moderación para evitar que la situación empeore» y convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuya presidencia ocupa en la actualidad.

Mendieta cree que tras la reactiva respuesta de Israel se esconde una intención de vehicular el apoyo de Estados Unidos hacia países latinoamericanos. «Israel cree que condenando a países latinoamericanos puede deteriorar las relaciones de estos países con su aliado, EEUU», analiza. «En el fondo, lo que subyace es la amenaza de Israel de que para cumplir con EEUU, hay que solidarizarse con Israel. Una postura que se podía entender en los 90’s, pero que hoy no tiene sentido».

Relaciones rotas en Cuba, Bolivia y Venezuela

Cuba, Bolivia y Venezuela han sido los países que han expresado de manera más contundente su oposición a la intervención militar de Israel en territorio palestino. Sus gobiernos han condenado enérgicamente la ocupación ilegal de territorio palestino por parte del Estado de Israel y han tildado de «crímenes de guerra» a la intervención militar de sus tropas en Gaza.

En este caso no se esperaba reacción diplomática de Israel, ya que las relaciones entre estos estados y Tel Aviv llevaban años rotas. La Habana fue la primera en alejarse del estado sionista. Así lo anunció Fidel Castro durante la cumbre de Países No Alineados celebrada en Argelia en 1973. Un mes más tarde, Cuba prestaría apoyo militar a Egipto y Siria en la guerra del Yom Kipur. Por su parte, Bolivia y Venezuela expulsaron a los embajadores israelíes de sus respectivos territorios en 2009, tras los ataques contra la Franja de Gaza cometidos aquel año.

Diplomacia más allá de los Estados

Más allá del cuerpo diplomático de Tel Aviv, empresarios y personalidades del mundo de la cultura israelíes han cerrado filas con Netanyahu. El lunes de esta semana, el embajador de Israel en Portugal, Dor Shapira, canceló la participación de Israel en el congreso tecnológico Web Summit, que se celebrará en Lisboa a mediados de noviembre.

Uno de sus fundadores, el irlandés, Paddy Cosgrave, acusó a través de su cuenta de X al Estado de Israel de cometer «crímenes de guerra» y de «violar el derecho internacional», a la par que criticaba los atentados de Hamás. Un día después de la salida de Israel del congreso, Cosgrave emitió un comunicado tratando de matizar sus palabras, mostrando su apoyo a favor de la solución de los dos Estados y en a favor del derecho internacional: «Es precisamente en nuestros momentos más oscuros cuando debemos intentar defender los principios que nos hacen civilizados».

La guerra también ha llegado a la 75º feria del libro de Frankfurt (Alemania), que se ha visto envuelta en la polémica tras la cancelación de la ceremonia del premio literario LiBeraturpreis, en la que estaba prevista la entrega del galardón a la escritora palestina Adania Shibli por su libro Un detalle menor (2017). En respuesta, 600 personalidades del mundo de la literatura han firmado una carta abierta contra esta decisión.

F/Publico.es
F/EFE