El ganador del premio Rómulo Gallegos ha luchado contra la impostura|Eduardo Lalo exploró en Simone lo que le preocupa de Puerto Rico

El creador es profesor de Humanidades y Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico

Eduardo Lalo no tiene grandes pretensiones: es un profesor universitario que se precia de sus ocupaciones domésticas y que, después de ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013 por Simone, quiere seguir siendo el mismo, pese a que lo abruma y lo sorprende su nueva popularidad.

Este creador de 53 años de edad, que comparte la escritura con las artes plásticas, vive de su actividad docente. Desde hace 26 años es profesor de la Universidad de Puerto Rico, donde imparte clases de Humanidades y Literatura Comparada. Por ganar el “Nobel” de las letras latinoamericanas le dieron una licencia excepcional de un año para atender sus nuevos compromisos y culminar proyectos que tiene pendientes.

En la conversación del Correo del Orinoco con Eduardo Lalo queda en evidencia que Puerto Rico, esa colonia de Estados Unidos donde se crió y que permanece “invisible” en el Caribe, le duele y obsesiona; por eso la reescribe e inventa desde la ficción.

-Más allá de lo mediático y de sus presentaciones públicas, ¿qué ha cambiado en Eduardo Lalo después de ganar el Rómulo Gallegos?

-No quisiera que cambiara nada por estas razones. Quisiera proponerme que la misma persona que había antes siga trabajando como creía que debía trabajar desde hace muchos años, que siga de esa manera. La diferencia es justamente esta: que en dos días tengo 16 entrevistas. Es una oportunidad de decir: Vengo de un país donde las palabras muchas veces son palabras vacías, que no significan absolutamente nada. Pues tratar de proponérmelo, decir palabras que tengan algún tipo de contenido, palabras llenas. Mucho de mi trabajo hasta ahora ha sido una lucha contra la impostura, contra las falsas imágenes, pues yo no quiero convertirme en una falsa imagen -lo que es muy fácil- o que me conviertan en una falsa imagen.

-Con el premio Rómulo Gallegos, Simone le da una patada a la impostura y esa “invisibilidad programada” de Puerto Rico como dice en la novela.

-¡Qué bueno que se dé! Eso impacta en lo que uno soñaría, que tuviera la relevancia para combatir esas otras imágenes, para que se nos tome con más seriedad.

-¿Simone es la obra cumbre de una saga sobre la ciudad, como lo sugieren los títulos de sus otros libros?

-La ciudad está muy presente en mi trabajo, sobre todo la ciudad de San Juan. No sé si Simone es la obra cumbre, la novela es el intento de explorar muchas cosas que me han preocupado los últimos años, pero en el contexto de la ficción. Muchos de mis otros títulos no son novelas, son también ensayos fotográficos en libros bien diseñados. Es un acercamiento no solo a la ciudad, digamos al país de cierta manera.

Al responder, Lalo abrió su morral y sacó algunos de sus títulos como El deseo del lápiz y donde, este último es uno de sus ensayos fotográficos, acompañado de una “reflexión del concepto de dónde, que pretende sustituir la identidad”.

-A propósito de ese “donde”, ¿San Juan es como usted la describe: una ciudad que no se disfruta, que es como una enfermedad?

-Creo que todas las ciudades tienen algo de eso, pueden disfrutarse pero depende de dónde y en qué condiciones se está. San Juan tiene zonas bellísimas, muy agradables, pero la realidad es que la mayor parte de la gente, la vida de mucha gente no la lleva necesariamente a disfrutar eso.

-¿Por qué?

-Por la desigualdad, la injusticia. En el caso nuestro es un tipo de urbanismo que se dio desde los años 60 del siglo pasado que creó una sociedad de suburbios, depende mucho del automóvil, los espacios públicos se abandonan, se privatizan. Es una ciudad grande pero desierta; muchas veces está vacía. Hay mucha gente en horas de trabajo en un barrio, pero caída la tarde no hay nadie, todo el mundo se va a su casa, son áreas especializadas. Igualmente, se vallan las urbanizaciones, no se puede circular libremente por las calles. Añadido a todo eso, el aumento de la pobreza humana, que no es solo económica: es cultural.

LA INVISIBILIDAD MÁXIMA

-¿Por qué abordó, se interesó por el tema de la esclavitud de los inmigrantes chinos en Puerto Rico en la novela?

-No había un programa, no es que yo quise hacer una novela sobre los chinos; escribo con improvisación. Surge un pequeño texto y por ahí voy añadiendo. En un momento dado, me convencí de que tenía que ser una china, como en otro momento me convencí de que tenía que ser una lesbiana, que sin embargo está enamorada de un hombre. No hay un espíritu racional en el momento de hacerlo, no puedo dar una explicación a es igual a b. En gran medida, lo que hay por detrás de una china en Puerto Rico es la invisibilidad máxima, porque no solo están ahí, pero están entre ellos, ocultos, en sus restaurantes, en su mundo, con una china como esa que está más integrada a la sociedad, que busca la cultura, que en su medio es despreciada porque se interesa por todo esto cuando lo único que debería hacer es trabajar, porque se interesa de salir del medio, buscar esa frontera de las identidades nacionales, culturales, incluso sexuales. Eso permitía que estuviera tan al margen, al margen máximo de esa sociedad. Un chino está marcado por su apariencia, allá en cada esquina hay un restaurante chino y ahí los ves faenando frente a un wok durante horas; abren todos los días, Viernes Santo, días de Navidad, no tienen días de descanso.

-Al final de Simone hay un diálogo que critica la industria del libro, fundamentalmente española. ¿Los argumentos que exponen allí forman parte de la ficción?

-Son parte de la ficción, pero la ficción tiene que ver con la realidad. Pensé mucho en meter o no ese pasaje en la novela, hay gente a la que no le gusta, pero creo que era parte (de la novela), porque explicaba también esa angustia de esta gente, de esa desazón en esa ciudad perdida. Eso no viene de la nada, no viene por capricho, viene por circunstancias históricas, comerciales, políticas. Pienso que estos son temas importantes en mi trabajo, me gustaba crear esos personajes en ese debate, que sirve para mostrar la transformación de Li Chao, cuando hay una gran renuncia cuando se va con Carmen Lindo y se convierte en otra persona, bastante banal, pierde su magia y busca huir del mundo de los chinos, que ve en la salida, algo que sucede mucho en Puerto Rico; pareciera que lo único que nos queda es la emigración, servía para conectar todos esos asuntos.

Simone es la tercera novela de Lalo

-En sus declaraciones a la prensa ha reconocido a las pequeñas editoriales, la valentía del jurado al no premiar un autor de una transnacional del libro. Este es el tema que toca Máximo Noreña en ese diálogo. ¿Este personaje es su alter ego?

-No es tan como una copia al carbón, pero la novela como género tiene mucho que ver con la biografía. Esto no es mi autobiografía para nada, pero están mis preocupaciones de las cosas que me duelen o me agradan, me interesan, sencillamente porque quiero explorarlas literariamente, crear con ellas un mundo. La mínima coherencia tendría que tener al tratar todo eso e hiciera otra cosa que respaldara el Grupo Planeta, sería totalmente ilógico. No hay nada malo en publicar en esos grandes intereses; en esas multinacionales hay muchas ventajas, muchos riesgos. Las motivaciones de esos consorcios son fundamentalmente comerciales, muchas veces su gente tiene un conocimiento literario limitado y también quieren publicar tal tipo de libro porque asumen que va a vender y yo no quiero tener esas presiones; escribo con total libertad. Se ha malinterpretado eso de grandes y pequeñas. Yo no hablo de David contra Goliat en el mundo editorial. Corregidor no es un sello pequeño, y no por publicar en una editorial pequeña es mejor que una grande; lo que importa es el valor literario de la obra, a lo mejor en los sellos grandes eso es más mediatizado, más difícil de lograr. Corregidor no es gigante, pero tiene cientos de libros publicados, tiene muchísimos años y también busca hacer dinero, porque viven de su trabajo, pero hay valores y tradición literaria, eso es lo que apoyo.

“No apoyo”, añade, “que cualquiera haga una editorial para publicar a sus amigos, que pueden ser pésimos. Hay posibilidades de preservar una tradición literaria en editoriales que están en vías de extinción, porque no son gigantes y no dependen de satisfacer a una junta de directores y a sus accionistas en todo el mundo, son negocios de gente apasionada por el libro, eso es lo que me interesa respaldar”.

METERLE EL PECHO AL PAÍS

-Ahora que le ofrecieron un cargo en la junta de directores del Instituto de Cultura de Puerto Rico, ¿qué le gustaría hacer?

-Esto me lo ofrecieron el domingo pasado, hablaron conmigo, decidí aceptarlo presuponiendo unas explicaciones sobre qué se espera de mí, no tengo muy claro qué puedo y qué no puedo hacer. Lo que pienso es lo que he dicho en todo momento: que se respalde y se potencien todas las instituciones culturales de Puerto Rico, que dejemos de caminar alrededor del asunto y de verdad se aborde. Son instituciones que están muy debilitadas; en el cuatrienio pasado, el Gobierno hizo todo lo posible por destruirlas, las debilitó casi hasta un punto de no retorno y ahora ha sido difícil, porque el actual Gobierno de Puerto Rico ha heredado un país en ruinas y al borde de la bancarrota. Que se instale un proyecto verdaderamente cultural y que se marque una diferencia en ese contexto que muchas veces no depende de grandes cantidades de dinero, sino de pensar y hacer cierto tipo de cosas -no estos grandes proyectos faraónicos porque no pasarán, no habrá recursos y no es quizás lo necesario en este momento, pero sí potenciar lo que está a la mano-, esa sería mi labor. Es tratar de respaldar ciertas cosas y quizá dirigir la mirada, los recursos, hacia ciertos asuntos.

Texto/Várvara Rangel Hill
Fotos/Miguel Romero

2 Comentarios

  • No he podido conseguir el libro, seguire tratando. Mientras, agradezco a Lalo su sinceridad, compromiso y valentia. Eso es lo que nuestro pais necesita. Gente Valiente sin miedo. Bravo!!