El uribismo sigue en oposición|La esperanza de un nuevo acuerdo de paz en Colombia

El mundo y América Latina en especial continúan a la expectativa por la paz en Colombia. Luego del triunfo del No en el plebiscito del pasado 2 de octubre, persiste una gran incertidumbre en relación con un proceso que contaba con el apoyo casi unánime de la comunidad internacional.

Sin embargo, en tiempo récord los negociadores del Gobierno de Santos y de las FARC alcanzaron un nuevo acuerdo de paz en el que, según sus propias opiniones, se ha recogido más del 80% de las acotaciones y “preocupaciones” de parte de los sectores que se oponen al fin del conflicto armado. Todo ello en el contexto de movilizaciones y expresiones sociales que exigían que el proceso de paz se consolidara de forma definitiva.

El pasado lunes se conoció el contenido del acuerdo, que según Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno, es “definitivo”; para las FARC también lo es. Pero para los partidarios del No, como el exprocurador Alejandro Ordóñez, ya está presente la adversión a avanzar hacia la paz. Esto no es un nuevo acuerdo, esto es el mismo acuerdo maquillado”, precisó Ordóñez ante la prensa colombiana. Además rechazó que el Congreso pueda ser la vía para refrendar los acuerdos.

Reiteró su rechazo a que el compromiso de paz se asegure en el tiempo, en oposición a lo que establece el documento acerca de que los sucesivos próximos tres gobiernos colombianos respeten a cabalidad los acuerdos. “Eso es conferirle competencias constituyentes a la mesa de La Habana, puesto que se pretende modificar un artículo transitorio para obligar a todas las autoridades del Estado. Queda la voluntad del primer acuerdo intacta, puesto que termina ingresando al ordenamiento constitucional”, dijo.

Más allá de interpretaciones políticas, la negativa de ciertos sectores de la clase política y empresarial colombiana al anhelo de paz representa una clara violación al derecho a la paz como condición inherente al ser humano. La paz como derecho inalienable, tal como es reconocido por la ONU, es vapuleado a su antojo por el uribismo.

En tanto, la comunidad internacional, en su contexto político y social, espera que sea el momento para que la paz abrigue a un pueblo que ha sufrido durante seis décadas los nefastos embates de la guerra.

T/ Chevige González Marcó
F/ Archivo CO

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Brian Ortiz, dirigente nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia
El movimiento social y popular se ha empoderado de los acuerdos de paz

De visita en nuestro país, el activista de la Universidad Francisco de Paula Santander explicó que el pueblo movilizado y consciente de la necesidad de paz es la mejor garantía para enfrentar a los partidarios de seguir en guerra. Denunció el caso de cuatro de sus compañeros condenados mediante un “montaje judicial”

En el contexto del nuevo acuerdo de paz en Colombia y sus perspectivas entrevistamos en el Correo del Orinoco a Brian Ortiz, joven colombiano que cursa Ingeniería Industrial en la Universidad Francisco de Paula Santander, cerca de Cúcuta, y que estuvo de visita en Caracas con motivo del III Encuentro Nacional de Educación Popular.

Brian es dirigente nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia y responsable departamental estudiantil del movimiento Marcha Patriótica en el Norte de Santander. Nos cuenta que inició su militancia política en el segundo semestre de 2001, a raíz de las luchas en contra de la reforma de la denominada Ley 30, que implicaba el proceso de privatización de las universidades públicas en Colombia.

¿Cuáles crees que fueron los factores que impidieron el triunfo del Sí a la paz en el pasado plebiscito?

En primer lugar el proceso mediático de infamias y calumnias, de desinformación que se tejió entre el acuerdo de paz firmado entre las FARC y el Gobierno. En segundo lugar, la tardía tarea de pedagogía de paz y la incapacidad para poder llegar a gran parte del territorio nacional. Además de ello, el desconocimiento por parte de la Colombia “urbana” que dijo No a la Colombia profunda, que es la que vive el abandono estatal y la violencia y que mayoritariamente votó Sí.

¿Cómo entender el conflicto entre las oligarquías colombianas, una definida por la paz y la otra por la continuidad de la guerra?

El sector de la ultraderecha colombiana se opone porque es parte del ala conservadora confesional, dirigida por el exprocurador Alejandro Ordóñez, y representan al latifundismo, a la oligarquía ganadera, que tiene los mayores acercamientos y relaciones con el paramilitarismo en Colombia. En tanto, el presidente Santos representa la oligarquía del sector financiero transnacional que ve en la concertación de los acuerdos la oportunidad de emprender la extracción de los recursos naturales y energéticos sin la presencia armada de la insurgencia.

¿Cuál es la viabilidad real del nuevo acuerdo?

Lo más importante es que el movimiento social y popular se ha empoderado del acuerdo, lo ha difundido, reconociendo sus capacidades y provocando un gran ejercicio de movilización en las calles y carreteras en respaldo al acuerdo y a la construcción de la paz, tanto con las FARC como la necesidad de avanzar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Ello significa que la paz es un escenario en disputa y que para el movimiento social y popular el acuerdo con las insurgencias es el punto de partida para llegar a materializar la justicia social como garantía real de la paz.

Hay tres vías para refrendar los acuerdos de paz: los cabildos populares, el Parlamento o un nuevo plebiscito. ¿Cuáles son los pro y los contra de cada una?

Creo que en el ejercicio de poder generar discusiones profundas, claramente los cabildos representan una figura que puede ayudar a desarrollar esa vía, aunque sobre la práctica sería complicado colocar la logística necesaria para los 1.100 municipios que componen la geografía colombiana.

El nuevo plebiscito representaría volver a jugar con las mismas dinámicas del pasado plebiscito y la ultraderecha volvería a utilizar para la mismas figuras las mismas formas, tal como lo han ratificado voceros del uribismo como Juan Carlos Velez.

Sobre la vía parlamentaria, Santos ya la había asumido como la más viable, pero representa el fortín político de los intereses de su sector. Sin embargo, aunque es la vía que puede resolver sobre la práctica, nuestra visión, como movimiento social, es que hay que reconocer a los más de 6 millones de votos del Sí, así como la contínua y permanente movilización por un nuevo acuerdo que lograra incluir las claridades y los ajustes pertinentes que se debieron hacer en este escenario.

¿Con el nuevo acuerdo se complace a la ultraderecha o se mejoraron aspectos?

Se logró el mejor consenso al que se pudo llegar, lo que es distinto a decir que fue el mejor acuerdo. Tanto el Gobierno como las FARC durante poco más de 40 días realizaron un ejercicio para poder incluir las “preocupaciones” que surgían del uribismo y distintos sectores del No, que en más de un 90% fueron solventadas en la construcción del nuevo acuerdo con la participación activa de voceros del No y movimientos y comités que trabajaron por el Sí.

¿Qué se viene para Colombia si finalmente se refrendan los acuerdos?

Se viene el ejercicio permanente de pedagogía para avanzar, la tarea permanente de ir a los territorios y trabajar con sus pobladores para que se logre cumplir el objetivo de la paz con enfoque territorial, y tercero los ejercicios de veeduría sobre el desarrollo del proceso de implementación, tanto por parte de los movimientos sociales como de la ciudadanía en general y la comunidad internacional.

Hay riesgos que la propia historia colombiana nos recuerda, como por ejemplo el exterminio que se ejecutó contra la Unión Patriótica. ¿Cómo asumirlos?

Hay que partir de la buena fe de las partes que se comprometen a cumplir a cabalidad con el acuerdo pactado; esto implica los mecanismos de seguridad para la defensa y protección de líderes sociales, defensores de derechos sociales y organizaciones sociales y populares, sobre todo del campo colombiano. El mayor riesgo es que se empiece a dilatar el proceso de implementación, como también las garantías para la participación política de las comunidades.

¿Cómo valoras la entrada de las FARC en el campo de la izquierda no armada?

Las FARC, tanto en sus declaraciones como en las conclusiones de su décima conferencia guerrillera, le ha dejado claro al país que con la entrada a la política sin armas tendrán la tarea de ser el catalizador del movimiento social y político democrático progresista de izquierda que tenga como objetivo la construcción de la paz y el protagonismo de las comunidades históricamente excluídas de la política colombiana; por tanto, la tarea sobre el futuro de la izquierda en Colombia está en dejar los sectarismos, las posiciones hegemónicas que no permiten avanzar hoy hacia la construcción de mayorías sólidas, que se logre disputar el poder político en Colombia.

Falta todavía avanzar en la paz del Gobierno con el ELN ¿Cómo ves ese proceso?

Creo que la agenda de paz con el ELN ha estado cargada de dificultades, de ambigüedades en la lectura o en la interpretación de los acuerdos a que se llega. Es necesario que ambas partes asuman con la seriedad del caso el tema para solucionar la confrontación armada con una de las fuerzas insurgentes que hace presencia en distintas partes del país y que igualmente plantea una agenda política sobre el desarrollo de la nación.

Hay la necesidad del acompañamiento por parte de los garantes para que no se presenten ambigüedades, ya que pactan algo y cuando se hace público cada uno tiene lecturas distintas acerca de los acuerdos que han alcanzado.

T/ Chevige González Marcó
F/ Jonathan Manzano