A 44 años de su asesinato a manos de los esbirros de Raúl Leoni|Fabricio Ojeda legó al pueblo un lúcido pensamiento revolucionario

Fabricio Ojeda renunció a su curul de diputado al Congreso de la República y se unió a la lucha armada

“Lo principal está en comprender exactamente los problemas del país, su esencia y sus causas. Luego, la magnitud de los intereses en pugna y la conducta de cada clase social frente al conjunto. El análisis completo de la situación general más el examen detallado de la correlación de fuerzas en lo nacional y lo internacional, determina las características y posibilidades de una revolución verdadera, sin más limitaciones que las que imponen las realidades objetivas y sin más restricciones que las que corresponden a un proceso difícil frente a un enemigo relativamente poderoso”.

“Hay necesidad, en todo momento, de profundas batallas ideológicas que permitan ganar gradualmente las masas para la lucha. Se requiere usar de gran iniciativa para ahondar la conciencia revolucionaria del pueblo y las clase progresistas. La propaganda y la agitación constante, por diferentes medios, son armas indispensables. Para que su utilización sea provechosa y efectiva, los revolucionarios de vanguardia deben estar lo suficientemente preparado en lo físico y mental”.

“En la medida en que la necesidad de la revolución se aclara ante los diversos sectores nacionales y aparece en toda su nitidez similar– los imperialistas y demás clases reaccionarias se apresuran a tomar todas las posiciones correspondientes para mantener su dominación y atemorizar, y, en la medida también de que el pueblo y su vanguardia revolucionaria se lanzan a la lucha definitiva –como ha ocurrido en Venezuela y otros países de estructura similar– los imperialistas y demás clases reaccionarias se apresuran a tomar todas las posiciones correspondientes para mantener su dominación y atemorizar, y, en la medida en que el pueblo y su vanguardia revolucionaria se lanzan a la lucha definitiva –como ha ocurrido en Venezuela y otros países de estructura con la práctica, de la amenaza y los hechos de fuerza, a los grupos y clases que aun comprendiendo aquella necesidad no se atreven a arriesgar lo que ya han conquistado, a poner en peligro sus intereses en una lucha que, mirada superficialmente, lucirá como aventura”.

“Abandonar el campo reformista y tomar el revolucionarlo significa decidirse a luchar sin temor alguno, tener seguridad de la victoria y desafiar, cual David, al gigantesco poderío reaccionario, como lo han hecho todos los verdaderos revolucionarios de la historia, incluso los revolucionarios burgueses. En esta conversión juega importante papel la mentalidad de Poder, ya que la conquista de él es la finalidad de todo movimiento político”.

“La Guerra del Pueblo y la incorporación a ella no significa la actividad puramente militar o el abandono de los campos específicos de trabajo para dedicarse en forma exclusiva, a un solo medio de lucha. Ella es una unidad político-militar”.

LA TRAICIÓN Y EL CRIMEN

Tres días antes de la caída de Pérez Jiménez, se reunieron en Nueva York, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba para concertar un acuerdo de solidaridad bajo el auspicio del Departamento de Estado estadounidense.

En Venezuela, mientras tanto, personas como Fabricio Ojeda, presidente de la Junta Patriótica, se esforzaban por orientar la lucha política hacia la transformación de las estructuras económica y sociales del país.

Pero la componenda fraguada en Nueva York tenía otros fines. En octubre de 1958 se selló el pacto de Puntofijo, que tomó su nombre de la quinta en la que vivía Caldera, sitio donde se firmó el documento.

El propósito del pacto era el de “defender la democracia” mediante el compromiso de respetar los resultados electorales y establecer un gobierno de “unidad nacional”. Pero los hechos inmediatos dejaron en claro que era la fachada de un plan para entregar el poder a los mismos grupos oligárquicos que gobernaban al país aliados con el capital internacional. La exclusión del Partido Comunista, y la incorporación a la Junta de Gobierno del empresario Eugenio Mendoza fueron sólo dos en La Guerra del Pueblo y la incorporación a ella no significa la actividad puramente militar o el abandono de los campos específicos de trabajo para dedicarse en forma exclusiva, a un solo medio de lucha. Ella es una unidad político-militarense del tipo de orden que en realidad se quería imponer.

En 1962, cuando estaba claro que la nueva “democracia” era una traición a los ideales libertarios del 23 de enero, Fabricio Ojeda renunció a su curul de diputado al Congreso de la República y se unió a la lucha armada, convencido de que las transformaciones que urgían en Venezuela sólo se lograrían mediante “la acción revolucionaria que concluya con la conquista del Poder Político por parte del pueblo”.

Para la historia quedaron sus palabras:

“Convoque, pues señor presidente, al suplente respectivo porque yo he salido a cumplir el juramento que hice ante ustedes de defender la Constitución y las leyes del país. Si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y saber de nuestro pueblo. ¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por la Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!»

Fue uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). El 20 de junio de 1966, en pleno auge de la guerra de exterminio contra la izquierda liderada por Raúl Leoni, apareció muerto en un calabozo del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Sifa). “Suicidio” fue la “explicación” que dieron sus esbirros. El pueblo nunca lo creyó .

T y F : CO

1 comentario

Haz clic aquí para hacer un comentario
  • Sinceramente me parece un insulto al intelecto y a la propia historia este articulo sobre semejante personaje inepto, manipulado, financiado y ejecutado por la CIA. Por favor periodistas, escriban la historia como és y no con mentira. Este individuo no tuvo ni un ápice de la intelecto y la honradez del Che Guevara para que lo esten martirizando y tratando de convertirlo en héroe, solo por ser antiperejimenista. El General sí fue un valuarte que creo deberíamos siquiera agradecer su obra, porque ¿qué hubiera sido de este desgastado y defalcado país sin su paso por el gobierno?, no tendríamos nada. Seamos francos señores periodistas…