José Gregorio González M. | Guarimbas y muerte (Opinión)

Hace un año, la oposición junto a estudiantes fascistas pretendieron incendiar Venezuela. Sin importarles el daño material, económico y la muerte de compatriotas se lanzaron por la calle de la violencia intentando provocar un golpe de Estado que los llevara al poder. Sembrar zozobra, crear incertidumbre forman parte de un plan macabro para acabar con la Revolución Bolivariana.

El pueblo venezolano fue el blanco de la violencia. Las familias humildes y los ciudadanos comunes vivieron el terrorismo aplicado por grupos de inadaptados que ejercieron la violación constante de sus derechos y provocaron la muerte de cuarenta y tres compatriotas.

La derecha cómplice jamás condenó o se deslindó de las guarimbas; al contrario, con su silencio avaló las muertes provocadas por los guarimberos. Incluso la Mesa de la Unidad Democrática intentó desviar la responsabilidad de los terroristas hacia el Gobierno.

Los ataques a las unidades del Metrobús, al Metro de Caracas, a las instalaciones del Ministerio Público, a un preescolar donde intentaron asesinar quemando a los niños que estaban en clase representan hechos abominables que solo mentes enfermas realizan o se atreven apoyar.

Táchira y Mérida fueron los estados que con mayor ahinco, atacó el terrorismo opositor. El odio exacerbó a los guarimberos; ataques inéditos en contra de la población se aplicaron sin piedad. Secuestraron urbanizaciones completas, cerraron calles y avenidas, cobraron peaje a sus habitantes para dejarlos circular, colocaron guayas de acero para degollar a motorizados y transeúntes, contrataron bandas armadas para aterrorizar, quemaron vehículos de transporte público, atacaron a la población civil, atracaron, asesinaron; en otras palabras, conculcaron todos los derechos que nos garantiza nuestra Carta Magna.

Hoy tratan de endilgar al proceso revolucionario todos los muertos; sin vergüenza asumen como caídos en sus filas a quienes se encargaron de asesinar. Así, venden en el exterior la existencia de un Estado violador de los DDHH cuando en la realidad son ellos los terroristas.

T/ José Gregorio González M.