Hoy está de cumpleaños Aquiles Nazoa, el poeta de las cosas más sencillas

«Ruperta, la muchacha que en el Llano fue durante algún tiempo novia mía/y que a la capital se vino un día/presa de un paludismo soberano/ya es una girl de tipo americano/que sabe inglés y mecanografía/y que marcharse a Nueva York ansía/porque detesta lo venezolano/Como esos que en el cine gritan: —Juupi!, tiene un novio Ruperta, y éste en “Rupy”/le transformó su nombre de llanera…/Y es que en mi patria —raro fatalismo—lo que destruir no pudo el paludismo/lo corrompió la plaga petrolera», así reza un poema del escritor, periodista, ensayista, humorista y «poeta de las cosas más sencillas», Aquiles Nazoa, quien nació tal día como hoy, 17 de mayo, hace 99 años, en Caracas.

Así lo recordó este viernes el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, a través de su cuenta en Twitter.

“Celebramos el 99° aniversario del natalicio de nuestro eterno Aquiles Nazoa. Símbolo de una generación que defendió y plasmó a través de su genialidad lo cotidiano de los venezolanos. Hoy, evocamos su ejemplo de fe para continuar creyendo en los poderes creadores del pueblo”, escribió por la referida red social.

El poeta Aquiles Nazoa nació en la barriada caraqueña de El Guarataro (ubicada en la parroquia San Juan), en el seno de una familia de escasos recursos económicos. Fueron sus padres Rafael Nazoa, jardinero y Micaela González. A los 12 años empieza a trabajar para ayudar a su familia, completando su formación a través del estudio autodidacta. Entre 1932-1934 se desempeñó en múltiples oficios tales como aprendiz de carpintería, telefonista y botones del hotel Majestic de Caracas y empleado de una bodega, hasta que entra a trabajar en el diario caraqueño El Universal hacia 1935; donde trabaja como empaquetador, luego pasa al archivo de clisés y finalmente aprende tipografía y corrección de pruebas. Por este tiempo aprendió a leer el francés y el inglés, lo que le permitió en 1938, obtener un puesto como guía turística en el Museo de Bellas Artes. Durante este período fue enviado como corresponsal de El Universala Puerto Cabello, donde colabora en el diario El Verbo Democrático. Un artículo suyo en el que critica la indolencia de las autoridades locales en la erradicación de la malaria, le acarrea una demanda del Concejo Municipal de Puerto Cabello y su posterior encarcelamiento en 1940.

Luego de ser liberado regresa a Caracas, donde ingresa a trabajar en la emisora Radio Tropical y mantiene en El Universal una columna titulada «Por la misma calle». Durante este tiempo es incorporado al diario Últimas Noticias, comenzando a publicar sus poemas humorísticos en la sección «A punta de lanza», firmada con el seudónimo «Lancero». También en este período se incorpora al semanario satírico El Morrocoy Azul donde desarrolla sus dotes como humorista, publicando con el seudónimo de «Jacinto Ven a Veinte», sus poemas Teatro para leer. A partir de agosto de 1943, empieza a colaborar en el diario El Nacional. En 1945, aparece en Caracas su libro El transeúnte sonreído. Durante estos años, colabora igualmente en las revistas Élite y Fantoches, la segunda de las cuales dirige por cierto tiempo. En 1948 obtiene el Premio Nacional de Periodismo en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas. 2 años después aparecen sus libros El Ruiseñor de Catuchey Marcos Manaure, idea para una película venezolana, con prólogo de Juan Liscano. En 1953, el Morrocoy Azul pasa al control del gobierno, lo que ocasiona que Aquiles Nazoa y otras periodistas colaboren con la revista humorística El Tocador de las señoras.Sin embargo, al hacerse más difícil la situación política, Nazoa decide marchar al exilio (1955-1958).

De regreso a Caracas, colabora en la revista Dominguito, fundada en febrero de 1958 por Gabriel Bracho Montiel y en marzo de 1959, crea junto a su hermano Aníbal la publicación humorística, Una señora en apuros; de la que sin embargo no llegaron a salir sino unos pocos números. Una situación similar aconteció con El fósforo, aparecido en noviembre de 1960, en el cual su nombre encabezaba la lista de los editores; en definitiva tanto ésta última revista como Dominguito fueron clausuradas por las autoridades gubernamentales a fines de 1960. Ese mismo año, aparece en Caracas su libro de poemas Caballo de manteca y, a partir de ese momento, sus obras dentro del género poético (ediciones, reediciones, antologías) se hacen más abundantes y son recogidas en la compilación Humor y amor de Aquiles Nazoa, publicada en 1970. Además de sus obras relacionadas con la poesía, Nazoa produjo trabajos en prosa que incluyen especialmente su ensayo de 1961, Cuba, de Martí a Fidel Castro; Caracas, física y espiritual (Caracas, 1967), que ganó ese mismo año el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal y trabajos de crítica de arte (Mirar un cuadro, Humorismo gráfico en Venezuela); así como numerosas conferencias de divulgación cultural. También en 1966 publicó una compilación titulada Los humoristas de Caracas. Durante la década de los 70, además de preparar libros como La vida privada de las muñecas de trapo, Raúl Santana con un pueblo en el bolsillo y Leoncio Martínez, genial e ingenioso(publicado después de su muerte), dicta charlas y conferencias, mantiene un programa de televisión titulado Las cosas más sencillas y proyecta la formación de un grupo actoral que pusiera en práctica el «Teatro para leer». Muere en un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia. En su memoria se creó por proposición de Pedro León Zapata, la cátedra libre de humorismo «Aquiles Nazoa», inaugurada el 11 de marzo de 1980.

A continuación, lea el poema  «Las ratas van al cine», de Aquiles Nazoa:

«Yo admiro a Los Teques
con toda mi alma:
me gusta su clima,
su gente me encanta,
amo al teque-teque
de pequeñas patas,
y en los arrocitos
y demás parrandas,
comiendo tequeños
ninguno me gana.

Pero de Los Teques
lo que más me agrada
es que ésa es la tierra
de las cosas raras:
entierros sonoros,
mujeres con barbas,
gallinas que ponen
sin gallo ni nada
y, en fin, un torrente
de cosas extrañas
que nunca termina,
que nunca se acaba.

Ayer, por ejemplo,
la prensa nos narra
que para deleite
de los cineastas,
no hay cine en Los Teques
que no tenga ratas.

Pero no raticas
de esas de taguara,
sino ratas gordas
medio cachicamas,
que apenas del cine
las luces se apagan,
a correr comienzan
por toda la sala.

Y pierna que encuentran
por donde ellas pasan,
o a roer se pegan
o se le encaraman,
y entonces empiezan
los gritos de alarma,
las sombras chinescas
que brincan y saltan,
y el bulto confuso
de cien que se agachan
tratando en lo oscuro
de ver a la rata.

A veces la bicha
trepa la pantalla
y entonces la cosa
se convierte en guasa,
pues allí se queda
como hipnotizada
haciendo equilibrios
sobre la muchacha,
mientras los guasones
entre carcajadas
le gritan – Ay, niña,
¿Tas encandilada?

Pero que no venga
nadie a rescatarla,
porque en un segundo
se viene en picada,
haciendo que corran
hasta las butacas.

¡Ratas en el cine!
¡Qué cosa tan rara!
¿Qué tiene con ellas
que ver la pantalla?
¿Será que en el fondo
se sienten Silvanas?

De todas maneras
una cosa es clara:
merced al sistema
de cine con ratas,
ya no hay en Los Teques
películas malas,
pues cuando es tediosa
la que está en el programa,
¡siempre pueden verse
la que dan las ratas!»

 

T/Luis Lovera Calanche
F/@NicolasMaduro, Venezuela Tuya