El kiosco de Earle: Frenazo

Ya escribí sobre la interpeladera que como peste infectó el cuerpo de la Asamblea Nacional (AN).

A todo aquel que le cayera mal a un diputado opositor o le cobrara una deuda, se lo arrastraban para la comisión más cercana.

¿Para qué? Pues, para interpelarlo.

El Parlamento se convirtió en una suerte de Santo Oficio.

Menos mal que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sentenció que se dejaran de eso y puso a Henry Ramos Allup a sudar la fiebre interpelativa, entre pataleos de acortar otra vez el plazo que le dio al presidente Nicolás Maduro.

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Caracas