Laura Alarcón: “Nosotros nos jugamos la vida en esta nueva Constitución”

Se plantea como punto de honor que en el texto constitucional en construcción quede instaurada la hegemonía del poder popular en la estructura del Estado

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La mujer de 31 años que es hoy recuerda nítidamente a la niña de 10 años que fue y especialmente tiene tatuado en su memoria aquel instante intrépido del año 1999 en que se lanzó desde una pared de cinco metros a los brazos de un militar para inmediatamente escabullírsele e ir a darse un determinante abrazo con la persona que desde entonces quedó convertida en el faro de su vida. Hasta sus días finales.

“Gracias a su solidaridad frente a la tragedia que atravesaba mi familia, mi vida quedó marcada frente a un abrazo de solidaridad, de compasión, de amor”, resume lo que significó ese episodio en el aeropuerto de su natal Mérida.

“Desde los 10 años yo me convertí en seguidora del comandante Chávez por ese encuentro, que me mostró la grandeza de un hombre”.

Evoca que su familia había sido víctima de una estafa inmobiliaria cometida por un banco. “Nosotros quedamos en la calle. Sentí la necesidad de llegarle a ese hombre, por la necesidad de mis padres. Lo sentí como un Cristo”.

La niña de 10 años y sus padres se agolparon en el aeropuerto con el objetivo de entregarle una carpeta al Presidente, pero la tarea resultó una frustración. Hizo entonces lo que juzga una travesura infantil.

“Me escapé de esos mares de personas que salían detrás de él. Logré saltar la barrera del aeropuerto y cuando él observa que yo estoy a punto de lanzarme de una pared de cinco metros, llama a toda la Casa Militar para que no lo permitan”.

Un integrante de Casa Militar se aproxima a la niña y busca persuadirla para que se eche hacia atrás.

“Yo en vez de echarme para atrás, lo que hice fue saltar a los brazos del militar que estaba ahí abajo”.

“Corro al carro y cuando me encuentro con el Comandante, ahí me llega el impacto de toda la fuerza espiritual que él concentraba y me embarga un gran sentimiento de refugio”.

“Fue algo maravilloso para una niña de 10 años que no entendía ni de lucha de clases ni de injusticias porque mis padres supieron protegerme de toda esa maldad, pero yo pude entender en su sufrimiento que algo estaba mal. Quise ser esa mensajera de decirle a ese hombre lo que estaba padeciendo mi familia”.

“Cuando yo le explico que a mis papás les robaron su casa, él entendió y en un abrazo me dijo: tranquila, todo va a estar bien. Entonces yo le entrego la carpeta, la recibe y me da una tarjeta: dile a tus papás que llamen a este número que ahí los van a ayudar”.

“¿Tú sabes lo que es conseguir a alguien que en esos tiempos te diga que todo va a estar bien, cuando todo estaba mal?”.

La niña traviesa ahora ofrecía palabras de optimismo a sus padres. “Papá, no llores más; mamá, tranquila, ya yo hablé con él y dijo que todo va a estar bien y yo le creo”.

“Nos convertimos todos en chavistas apasionados, y no estábamos formados ni desde el marxismo ni el leninismo, pero nos contagiamos de esa doctrina que yo la siento como una doctrina amorosa, fundamentada en el amor y la solidaridad”.

La muchachita que estudió siempre en escuelas de monjas quedó convertida en fervorosa defensora contra los ataques discursivos que en las aulas sus maestras hacían contra el hombre que la había impulsado a lanzarse desde cinco metros.

“Yo empecé a cuestionar todo lo que me rodeaba. A mí me formó el comandante Chávez porque cada vez que él hablaba, yo me sentaba a escuchar”.

El impacto de aquel brazo trascendería a casi una obsesión.

UNA MINISTRA MÁS

“Al salir de bachillerato, mi anhelo era trabajar con el comandante Chávez. Yo decía que así sea cargando la maleta para ayudarlo, porque yo sabía que su obra trascendía la historia, los países, la frontera”.

“Convencí a mis papás que me venía a estudiar a Caracas y ellos me apoyaron”. Tenía 18 años.

Llega por los lados de La Guaira a una pasantía en aduanas y se sintió cercana a su meta. Luego habría de graduarse como licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior y posteriormente realizó una especialización en gestión de aduanas y comercio exterior en la Escuela de Hacienda, en Los Ruices.

“Busqué cómo encaminar mi vida a ayudar al comandante Chávez y lo encontré militando en la juventud del PSUV, como miembro de la dirección de Caracas”.

Se aparecía en todos los actos presidenciales, sin perderse uno solo. “Ya me daba pena con él, porque sabía que me reconocía: yo me colaba en todos los actos y conocía a todos sus ministros y ellos me ayudaban. A donde él iba, yo iba”.

Su primer trabajo político fue en la Cancillería dirigida por Nicolás Maduro. La Juventud del PSUV de Caracas se reunía en el Palacio Legislativo de la AN, que entonces presidía Aristóbulo Istúriz, quien con el transcurrir de la formación política de aquella niña de 10 años la presentó al ministro de Relaciones Exteriores, quien la sumó a su equipo de trabajo.

El 5 marzo de 2013 aquella noticia la sorprende en la avenida Baralt, a la altura de Metro Center. Recuerda que una brisa enloquecida soplaba en todas las direcciones y las personas a su alrededor no sabían qué reacción tener.

“Yo jamás pensé que el comandante Chávez se podía morir, incluso viéndolo. Yo lo vi enfermo y no noté que estaba sufriendo. Hoy veo las fotos y las imágenes y me siento irresponsable por no compadecerlo ante el dolor que ese hombre experimentó en vida”.

En un pequeño local de venta de teléfonos estaba un televisor y allí escuchó a Nicolás Maduro anunciar la infausta noticia.

“Yo sentía era mucha rabia. Lloraba con rabia. Empezó a embargarme la sensación de orfandad, como si hubiera muerto mi papá. Me sentí niña, no estaba preparada para vivir sin mi papá”.

En 2013 vivía en San Martín, justamente cerca de donde estaba hospitalizado el Presidente. “Desde que Chávez llegó al Hospital Militar yo iba y me sentía muy frustrada porque veía que afuera no había nadie, ni concentraciones ni vigilia. Me indignaba. No se hizo porque no se sabía cómo administrar la dificultad de ese momento, cuando ya el deterioro del Comandante era irreversible”.

“Por un tiempo me quedé sin perspectivas. Mi esperanza de vida era trabajar a su lado y ya supe que no lo iba a lograr nunca”.

“El luto lo viví y fui poco a poco asumiendo la responsabilidad y los llamados de él mismo, y me di cuenta que él siempre nos preparó para este momento. En vida nunca me di cuenta”.

Al digerir que había sido preparada por Chávez, “volví a sentir cuál era mi rol en este proceso histórico y como militante mantuve la disciplina de seguir construyendo, incluso reconociendo que había muchas cosas que mejorar desde el partido”.

Reinició faenas trabajando en el Seniat para ejercer lo que había estudiado, “pero mi corazón no latía al ritmo de toda esta historia, porque me desconecté. El ejercicio de una labor tecnócrata no me hace palpitar”.

“Estando ahí sentí que todo se iba frenando. Todo el impulso que hicimos con el Comandante estaba deteniéndose. Si me quedaba allá era responsable porque estaba abandonando el proceso. Renuncié”.

Sus menguadas finanzas le llevaron a residenciase en un sótano sin ventanas ni puerta en Los Frailes de Catia. Y se empleó en el Banco de Comercio Exterior, donde fue acosada por una jefa radicalmente opositora. Aguantó algo más de un año. “Me fui y seguí en el partido”.

Al mismo tiempo comenzó como profesora de comercio internacional y políticas comerciales en su alma máter.

“Dije: mi contribución formal va a ser como profesora y mi vida la dedico a la militancia, porque entendía la responsabilidad de construir partido”.

“Empecé a perfeccionar mis ideas del proceso, de la cosmovisión, de la cultura, de los medios de ideologización de la burguesía, de la relevancia que tiene el sistema de educación formal para la sociedad y, sobre todo, como hoy tributa a pensamientos contrarrevolucionarios, cuando lo sostiene un gobierno revolucionario, y por qué eso pasa así”.

“En términos de transformación no nos hemos metido de lleno a cómo se concibe la educación desde el preescolar hasta niveles universitarios”.

“Preservamos lo tradicional, que fue diseñado por la burguesía para mantener la hegemonía de su pensamiento. Nosotros financiamos ese mismo sistema creyendo que de allí van a salir grandes Che Guevara y Hugo Chávez”.

LOS PROXIMOS 20 AÑOS

Hoy es integrante de la Asamblea Nacional Constituyente, donde se plantea metas colectivas y algunas personales.

“Muy especialmente ha sido el comandante Chávez quien señaló la relevancia que tiene la juventud en este tiempo histórico de revolución, donde se apuesta por la construcción de un modelo de sociedad innovador que rescate valores que se creían derrotados y barridos producto de toda la lucha histórica entre el modelo capitalista y su modelo antagónico concebido en el socialismo”.

“En la Cuarta República las juventudes fueron aplastadas por un sistema que les impidió poder cumplir ese rol protagónico conductor de nuevas etapas, de nuevos hitos que permitiesen a la mayoría de la población venezolana en condición de pobreza transformar su realidad”.

“Gran parte de la juventud venezolana que se ha ido del país no es más que el producto de la consolidación de un sistema liberal que los lleva a renunciar a lo que son”.

“La juventud que está en Venezuela y se asume revolucionaria sentimos que somos la esencia de todo el proceso de transformación para la construcción de la nueva historia”.

“La Constitución que estamos construyendo va a determinar los próximos veinte años. ¿Tiene o no tiene incidencia en la vida de los jóvenes? Efectivamente sí, porque va a regir nuestro proceso social, económico y político. Sobre qué principio se va a establecer, cuáles son los objetivos centrales que este nuevo contrato social va a proyectar como objetivos a desarrollar”.

“Lo que quede escrito tiene que ir en consonancia con los anhelos del proyecto que hemos venido construyendo y por el que hemos venido votando y el que hemos venido acompañando y protagonizando”.

“A nosotros nos corresponde velar porque lo que se establezca nos convenga como generación. No podemos entregar ni regalar todo lo que Chávez nos dijo que era nuestro, como el petróleo, el oro y las riquezas”.

“Los preceptos y principios que se determinen para el manejo de esa riqueza yo tengo que estar convencida de que eso es lo que me conviene como generación y como juventud. Y si no, entonces tengo que levantar mi voz y advertir que eso amenaza a esta generación porque coarta lo que viene”.

“Nosotros nos jugamos la vida en esta nueva Constitución y necesitamos que ella contenga no solo el proyecto a desarrollar, sino los principios y las normas que garanticen la vida de la patria, del pueblo, como lo aprendimos con el comandante Chávez: vivir viviendo”.

“Eso es algo que, desde la Constitución, a la juventud le corresponde proteger con su propia vida”.

NUEVO MODELO DE SOBERANÍA

“Hay un aspecto que es punto de honor para mí y que estaba en la propuesta de reforma de 2007. Un postulado clave: el establecimiento del poder popular como el primero en la división de poderes. Todos los demás sometidos a esta voluntad: Chávez lo entendía como la organización geohumana en consejos”, plantea como contribución a la Constitución en desarrollo.

“Hay gente que cree que el consejo comunal está restringido a lo organizacional territorial y no es así, sino una forma de ejercer el poder”, para lo cual se estipula que se destine situado constitucional para este poder popular.

“Es un nuevo modelo de soberanía. El Comandante evolucionó desde 1999 en la soberanía ejercida a través del voto”.

Explica que en la propuesta de reforma de 2007 se expresaba que la soberanía residía en el pueblo, la ley, la Constitución y el poder popular, pero ya no se decía, se ejercía a través del voto.

“Las decisiones vinculantes serán las que tome el pueblo organizado en consejos. El pueblo es en extremo sabio y sabe lo que le conviene. Ahí rompe con el esquema que concentra todo el poder en una sola una persona”.

TyF/ Douglas Bolívar
Caracas

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