Varias familias padecieron la tragedia de Vargas|Más de 50 viviendas están en riesgo en comunidad Aguachina de Macarao

“Todas esas casas se están cayendo” alertó Mirian Urbina, vocera del Consejo Comunal Renacer de Aguachina. Precisó que en la zona Entrada de la Capilla hay 58 casas que se encuentran en situación de riesgo.

La llegada de las lluvias ha incrementado la angustia de las familias que habitan esas viviendas. Varias de ellas, comentó Urbina, llegaron ahí luego de haber perdido sus casas durante la tragedia del estado Vargas en el año 1999.

“Yo vivía en Macuto y cuando hubo el desastre nos vinimos para acá porque no recibimos ayuda en ese momento, y bueno aún estamos esperando”, explicó Urbina. El temor se mantiene desde entonces: “Cada vez que escucho los palos de agua pareciera que uno estuviera de nuevo allá (en Vargas)”.

“EL TORRENCIAL ABRAZA LAS CASAS”

Aguachina se ubica entre las montañas de Macarao. Varias quebradas transversalizan la comunidad. Urbina señaló que “toda el torrencial de la montaña abraza las casas” y la carencia de canales para las aguas de lluvia deja su huella en un pequeño ranchito que se encuentra a los pies de la pendiente.

En ese ranchito, indicó Urbina, habita “una muchacha que también salió de Vargas en 1999 y llegó aquí cuando era una niñita”. La joven vive ahora ahí con sus siete hijas e hijos. Enfatizó que ese es uno de los casos que más preocupa a las vecinas y vecinos.

ESPERAN AYUDA

Urbina ofreció la información a propósito de una visita casa por casa que se realizó ayer en el lugar para llevar la Misión Hogares de la Patria. “Es bueno que nos presten atención, de verdad esperamos que nos de la ayuda”, expresó.

Entre la parte baja y la alta de Aguachina viven más de 1.300 familias. Urbina indicó que ya todas fueron censadas por el programa social; sin embargo, enfatizó que es necesario una atención inmediata a la situación de las viviendas en riesgo.

Durante el censo también se identificaron varios casos de personas que necesitan atención médica, entre ellos enfermos renales y otros con cáncer, acotó la vocera de la comunidad.

HOGARES DE LA PATRIA

La viceministra para la Mujer, Yekuana Martínez, encabezó la visita casa por casa. Explicó que acompañó a las Madres del Barrio en la segunda etapa de Hogares de la Patria, que consiste en la verificación de cada uno de los casos.

“La idea es atender los casos más extremos y que tengan prioridad en su ingreso a la atención” declaró la viceministra. Destacó que la jornadas de visita se realizaron a escala nacional.

Por otra parte, informó que el Ministerio para la Mujer también prevé sumar sus programas de prevención del embarazo temprano, la atención a mujeres con cáncer y los comités de igualdad de género.

“MUCHAS CARENCIAS”

La casa de Yoselin Bulanger fue la primera en ser visitada. Hizo hincapié en que “aquí hay muchas carencias”. No obstante, reconoció que también es necesario que la gente comunidad se una para poder ir solventando los problemas.

Detalló que “la quebrada no está embaulada”. Una lluvia de dos horas hace unos días “colapsó todo y estuvo a punto de desbordarse”. Además, uno de los puentes que se utiliza para cruzar el río “está en riesgo” y las caminerías “están dañadas”

De acuerdo con Bulanger, la Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor entregó a la comunidad “cabilla, arena – que ya prácticamente se nos está perdiendo con la lluvia – y cemento”. Sin embargo, “aún no nos han dado la piedra y eso es lo que nos tiene parados con las caminerías”.

La vocera de la comunidad respondió que aún no se les ha asignado recursos para la mejora de las viviendas.

SIN AGUA

El servicio de agua potable directa es otra de las carencias de la comunidad de Aguachina. Bulanger explicó que en la zona alta reciben el suministro cada cinco días por dos o tres horas.

Sin embargo, las vecinas y vecinos de la parte baja tienen seis meses sin que el agua llegue por las tuberías. Maryenis Arroyo vive en esa zona. Respondió que tampoco reciben cisternas y una de las soluciones es “bajar hasta la escuela y cargar unas pimpinas para llenar un poquito, pero es muy lejos”.

La lluvia de ayer ayudó a Arroyo a lavar algo de la ropa y a llenar algunos recipientes que administraría “por estos días”. Confiesa que “uno no sabe que pedir: si llueve puedo lavar, pero si llueve mucho la quebrada se me mete para la casa”.

Para calmar la sed y cocinar Arroyo y su esposo invierten alrededor de 500 bolívares semanales en la compra de botellones (más de bs. 100) y “jarritas” (a bs.30).

T/ Jeylú Pereda
F/ José Luis Díaz