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Johann Wolfgang Goethe

22 marzo 2016 | Haga un comentario

Sus personajes literarios constituyen arquetipos universales

El 22 de marzo de 1832 fallece en Weimar, Alemania, Johan Wolfgang Goethe, cuyos arquetipos literarios le dan sitial entre los grandes autores en la historia de la literatura, y lo emparangona con Homero, William Shakespeare y Miguel de Cervantes y Saavedra. Miembro de una familia de profesionales del Derecho, el joven Goethe se abrirá paso como escritor, logrando éxito temprano con sus libros.

“EL PACTO”

El Dr Fausto personaje central de su obra, deseoso de obtener la inmortalidad y con el propósito de ‘abarcarlo todo’ en conocimientos terrenales y del más allá, suscribe un pacto con Mefistófeles para perpetuar su ambición sin límite. Si bien existió un Fausto histórico en el siglo XIV, quien motiva algunos libros, será la pluma de Goethe la que de remate a los rasgos de universalidad del arquetipo. Este mismo perfil encuentra su recreación en Rafael de Valentín, protagonista de Piel de zapa, de Honorate de Balzac; y en el Dorian Grey de Oscar Wilde, cada uno con sus meritorias peculiaridades. El afán por adquirir todo tipo de conocimiento, y que Goethe coloca en los trazos de su personaje cimero, fue rasgo del propio escritor, y en buena medida Fausto refleja su propia angustia ante lo pasajero de la existencia y el caudal de sapiencia que nunca se podrá dominar.

SABERLO TODO

Todavía en tiempos de Leibnitz,hacia la primera década del siglo XVIII, podría alguien jactarse de dominar todo el saber existente en todas las ramas de su época. Sin embargo, el sacudimiento de ideas que despertó la revolución industrial y el iluminismo, condujo a que en los días de Goethe resultase ya imposible para una sola mente dominar lenguas vivas y muertas, economía, entomología, arquitectura, física y matemáticas, astronomía, música, ingeniería y mecánica y medicina entre otras ramas, y disertar con tino en cada tópico. Y ese es el reto que inmortaliza a Fausto al despertar incluso hoy, el empeño en los seres humanos de forjarse una comprensión general del conjunto de especialidades, como lo pregona el humanismo. Goethe mereció elogios de Carl Jung, y otro nada desdeñable de George Eliot, quien lo define como el “último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra”.

LÍMITES DEL INDIVIDUALISMO

Goethe, quizá el más grande conversador que conoció la historia, además de novelista, abogado, hombre de teatro, políglota, geólogo, poeta y botánico entre otras ramas del saber, cuando confrontó el hecho histórico de la Revolución Francesa, asistió a ella desde el campo de sus enemigos, como secretario del duque-príncipe de Weimar. Y Goethe filosofará con el drama, desde una postura conservadora “animé a nuestro cocinero y sus servidores a que saquearan(…)el hambre no conoce ley” [www.biblioteca.org.a]. En todo caso, la obra del eximio literato e introductor en Europa del primer romanticismo -con Werther-, no se plantea el drama histórico a partir de reformas políticas como Rousseau y su Discurso sobre el origen de las desigualdad, o Césare Beccaría con ‘De los delitos y de las penas’, sino empinando al individuo desde sus abismos íntimos, sin abandonar su intimidad. A lo sumo llega a sugerir un reino de la felicidad en aquel país que tiene por fortuna ser regido por un príncipe generoso.

T/Néstor Rivero
I/Iván Lira

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