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Testimonios de horror y amor desde Gaza, por Valeria Cortés

“Durante la Nakba los sionistas me expulsaron de mi tierra, no permitiré que lo hagan de nuevo”

16 mayo 2015 | Haga un comentario

“Durante la Nakba* los sionistas me expulsaron de mi tierra, no permitiré que lo hagan de nuevo” nos dijo.No hubo forma alguna de convencer a mi abuelo, en su rostro y en sus palabras se reflejaba una determinación irreductible: Elegía morir en su tierra a huir nuevamente

Muchacha en silla de ruedas asesinada por soldados israelíes mientras intentaba huir de Khuzaa.

Testimonio de Inás Jami:

En Julio de 2014 la vida se nos convirtió en un infierno cuando las tropas de la ocupación sionista entraron a Khuzaa, poblado ubicado al sur de la franja de Gaza. Invadieron nuestro pueblo con un despliegue terrorífico de tanques, drones, aviones, helicópteros, y toda la letal maquinaria de guerra de que dispone la colonia sionista instalada sobre tierra palestina conocida desde hace casi 70 años con el nombre de Israel.

Muchos de los vecinos trataron de abandonar Khuzaa, otros nos refugiamos en nuestras casas, los bombardeos no cesaban. Hogares, escuelas, hospitales, mezquitas… todo se convertía en polvo bajo las bombas de una tonelada lanzadas desde los aviones F16, las personas fueron asesinadas dentro de los edificios y en las calles, cuando intentaban huir de la muerte que atacaba por todos lados, no había lugar seguro.

Mi familia y yo nos refugiamos en el sótano de la casa de mis abuelos. Estuvimos allí encerrados durante cuatro largos días, escuchando las bombas caer muy cerca, oyendo los disparos de los francotiradores, la mortífera artillería de los tanques, los impactos de los drones, todo esto contra población civil desarmada, todo esto con la única intención de arrasar por completo a un pueblo, de borrar del mapa a Gaza.

En cualquier momento las paredes podían caer sobre nosotros y sepultarnos como sepultaron a familias enteras, más de 70 familias fueron masacradas de esta manera en la pasada agresión contra Gaza, todos sus miembros, en algunos casos más de treinta, murieron asesinados cuando las bombas, lanzadas desde la cobarde distancia, pulverizaron los hogares donde éstas se refugiaban.

Tras cuatro días que se hicieron eternos algunos vecinos nos llamaron para decirnos que debíamos abandonar Khuzaa o terminaríamos muriendo todos allí. Mi abuelo se negó a dejar su hogar. “Durante la Nakba* los sionistas me expulsaron de mi tierra, no permitiré que lo hagan de nuevo” nos dijo.

No hubo forma alguna de convencer a mi abuelo, en su rostro y en sus palabras se reflejaba una determinación irreductible: Elegía morir en su tierra a huir nuevamente. Con mucho dolor y en medio de la desesperación, el resto de mi familia salió a la calle, las escenas que presenciamos eran de un horror para el cual me es casi imposible encontrar palabras ¿Cómo describir las calles de un pueblo arrasado lleno de cadáveres, de gente que deambula aterrada, herida, sangrante, sin saber a dónde dirigirse, madres llamando a gritos a sus hijos desaparecidos, niños llorando, de ancianos que apenas podían caminar entre el fuego y el estruendo inhumano causado impunemente por uno de los ejércitos más poderosos del planeta contra un humilde poblado de campesinos? ¿Dónde encontrar las palabras para tanto horror?

Yo no podía dejar de llorar mientras caminaba junto a mi familia y un grupo de vecinos. No reconocía las casas derruidas, las calles destrozadas, no reconocía en ese poblado en ruinas, oscurecido en pleno día por el humo y el polvo de las explosiones, a mi querido pueblo donde antes vivía y donde, en cualquier instante, podía morir. En un momento debimos desviarnos porque un enorme cráter, causado por una bomba de F16, nos cortaba el camino.

Khuzaa fue prácticamente arrasado por el ejército sionista. Hogares, escuelas y hospitales se convirtieron en “objetivos militares” de las fuerzas de ocupación israelíes.

En una esquina nos topamos con varios tanques de guerra y soldados ocupantes. Ellos vieron al grupo de gente con banderas blancas. Varios militares se burlaron y rieron de nosotros. A mi pesar yo seguía sin poder contener el llanto. Lo siento mucho.

Al final nos permitieron llegar hasta Khan Younis. Allí nos dijeron que mi abuelo había salido del sótano para decir a los soldados israelíes que no dispararan más porque en las casas sólo había mujeres y niños desarmados. Los militares respondieron a sus palabras asesinándolo con dos disparos al corazón.

A varios de los vecinos que acompañaron a mi abuelo para pedir que no asesinaran a las mujeres y a los niños que se encontraban refugiados en sus hogares, los golpearon brutalmente y los colocaron como escudos humanos en las ventanas de las casas que los soldados sionistas habían ocupado. Entre esos hombres estaba mi tío, los soldados le ordenaron desnudar el cadáver de mi abuelo que yacía en plena calle, mi tío lo hizo, con dolor y respeto cubrió el cuerpo de mi abuelo con una manta, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas… Que Alá tenga piedad de nosotros, de Gaza, de toda Palestina”

Testimonio de Inás Jami.

*Nakba: (en árabe: catástrofe) Operación de limpieza étnica que se produjo en el año 1948, una de las acciones más significativas del proceso de colonización de Palestina por parte del imperialismo sionista. Esta masacre da inicio de forma oficial al llamado “Estado de Israel”, entidad creada a sangre y fuego sobre territorio palestino.

Texto y Fotos: Valeria Cortés, Gaza, Palestina.

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