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Tres vecinos del Palacio de Miraflores rememoran el día de la rebelión

“El 4 de febrero de 1992 es un episodio difícil de olvidar”

4 febrero 2012 | 1 Comentario

El pueblo “estuvo sumiso hasta ese momento”, destacó Gustavo Meléndez

Orlando Alvarez

Orlando Álvarez recibe al equipo de El Correo del Orinoco detrás del mostrador de una venta de empanadas. Al contrario de muchos habitantes de las cercanías del Palacio de Miraflores, se mostró dispuesto a conversar sobre los hechos del 4 de febrero de 1992. Para tomarse su tiempo y conversar con calma, dejó sus ocupaciones de lado. Pensó un rato antes de hablar, y cuando empezó parecía que narraba una película vista la noche anterior.

Contó que en esa fecha no era dueño del puesto de alimentos. De hecho, hoy por hoy lo atiende para ayudar a su hijo, propietario del lugar. Explicó que se dedicaba a la comercialización de libros universitarios, en especial de Derecho. Su tienda, llamada Ediciones Orlei, estaba ubicada en la esquina de Pineda, en la parte posterior de la sede del Ejecutivo.

“El 4 de febrero de 1992 es un episodio difícil de olvidar. La verdad es que la revuelta militar no fue sólo ese día. Con antelación, el golpe de Estado era el tema de conversación constante en la zona”, sentenció.

Álvarez comentó que para esa fecha tenía 39 años de edad y una familia constituida. Vivía en Los Magallanes de Catia, y a diario abría las puertas de la tienda a las 8:30 am. Relató que, en la tarde del 3 de febrero de 1992, el rumor sobre una asonada militar era más fuerte. Por esa razón, decidió cerrar la tienda e irse a su casa. “Venía una tempestad y el ambiente estaba tenso. Preferí irme a la tranquilidad de mi hogar”, aseveró.

Cuando estaba en su casa, recibió una llamada telefónica. Un vecino de la zona le preguntó si sabía lo que estaba pasando en Miraflores. Álvarez contestó que algo había oído por la radio, pero por el tono de voz de su amigo supo que había algo más.

“Me llamaron para decirme que en las puertas de mi negocio había caído una bomba. Intentaron calmarme diciéndome que no había explotado y que me fuera para allá, para tratar de salvar la mercancía. Me explicaron que el lugar estaba rodeado de militares, y que no sería una tarea fácil”, admitió.

Orlando Álvarez se despidió de su familia y salió sin dar más detalles. Cuenta que una vez en el sitio les explicó a los militares que era el dueño de la tienda de libros cerca de donde había caído una bomba. Uno de los uniformados lo acompañó. Lo describió como un joven bastante delgado, que bien podría haber sido su hijo. “No sé quién estaba más asustado: si él, o yo”, apuntó.

Al caer, la bomba chocó contra una de las vigas del local; desvió su destino e impactó en la acera. Por fortuna, nunca estalló. Un grupo de funcionarios de la entonces Fuerza Aérea desalojó “a gran parte de los habitantes y dueños de locales comerciales. Nos pedían calma. Muchas mujeres gritaban y los niños lloraban con miedo. Reinaba la incertidumbre. Los militares querían evitar muertes si estallaba la bomba, pero la gente no lo entendía”, recalcó.

“A las 3:00 am, conmigo como testigo, lograron desactivar la bomba y retirarla. Estaba hundida a casi 5 metros de profundidad. Taparon el hueco con cemento y hasta allí llegó todo”, refirió.

“A mí no me van a contar historias. Yo lo vi. Fui parte de esa historia. Los militares, a quienes llamaban alzados en ese momento, nos protegieron”, sentenció. Álvarez dice que todo el mundo sabía lo que estaba pasando.

“Después del 4F vinieron más rumores, tal vez porque eso era lo que el pueblo quería. A los tres días la normalidad volvió al lugar”, agregó.

LOS RECUERDOS A VECES SE CONFUNDEN

Gustavo Meléndez

A pocos metros del local del hijo de Orlando Alvárez está el puesto de venta de aceites y repuestos para carros de Gustavo Meléndez. Este comercio apenas tiene 15 años en la esquina de Pineda, pero su propietario vivía en la zona cuando la rebelión militar del 4 de febrero de 1992.

“Si me piden hablar del 4 de febrero me complico un poco. A veces los recuerdos se confunden. Pero la constante es el sonido de los aviones y las tanquetas acompañado, paradójicamente, de un silencio aún más ensordecedor entre los habitantes de la zona”, sentenció.

Comentó que ese día comenzó más temprano que otros. Explicó que tiene por costumbre escuchar radio, y esa mañana, antes de disponerse a salir de su apartamento, escuchó la noticia.

Pese a ello, relató, “salí a la calle y me encontré con militares y tanquetas. Fue una sorpresa estar en presencia de ese movimiento. Era una situación anormal para nosotros”, sentenció.

Añadió que cuando llegó a la calle no escuchó disparos, pero el tenso clima lo obligó a regresar a su hogar. Recordó que al entrar en su vivienda, los miembros de su familia se ubicaron en un lugar seguro y en varias oportunidades se lanzaron al piso, por temor a una bala perdida.

Los tres niños de su hogar estaban nerviosos. “Mi esposa y yo no sabíamos con certeza lo que sucedía. Hubo desinformación, y eso trajo como consecuencia incertidumbre”.

Desde un día antes el rumor estaba de boca en boca. Sentenció que, a pesar de que lo que sucedería era un secreto a voces, el pueblo estaba incrédulo. “Nadie se había manifestado hasta ese momento. El pueblo estuvo sumiso hasta ese momento”, precisó.

POR AHORA

Harol Lopez

En 1992 Harold López tenía 28 años de edad. Era residente de un edificio ubicado entre las esquinas de Doctor González a Paraíso. El recuerdo que más persiste en su mente, al hablar del 4 de febrero, es la histórica frase del hoy presidente Hugo Chávez: “Por ahora”.

En la actualidad López no vive en la zona, pero recuerda el 4 de febrero de 1992 como una fecha importante en la historia contemporánea de nuestro país.

“Los aviones y la batería antiaérea fueron lo más impresionante de ese episodio. Desde el balcón del apartamento de mis padres veía los aviones pasando por encima del Palacio”, comentó.

A juicio de López, los medios de comunicación del momento informaron a medias. Detalló que sólo se hablaba de un golpe de Estado, pero nada más. La aclaratoria llegó cuando salió Hugo Chávez en pantalla, uniformado y asumiendo la responsabilidad de lo que había sucedido.

T/ D’yahana Morales
F/ Loel Henríquez
1 Comentario
Enzo chacoa duran dijo:

Faltan muchas cosas mas para completar esa gran fecha, alguien tenia que sacrificarse como todos esos héroes lo hicieron, comandantes continúen apoyando al presidente chavez como lo hicieron ese día la patria a todos nos necesita,

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