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María Moreno es beneficiaria de la Gran Misión Vivienda Venezuela

“Hoy puedo decir que amo donde vivo”

3 mayo 2015 | 1 Comentario

Hoy, luego de vivir experiencias difíciles como damnificada desde la infancia (donde sobrevivió a duras penas al desplome de su hogar en La Vega), reside en un urbanismo en Santa Rosalía. “Han pasado casi tres años y aún me siento como si fuera el primer día, feliz, y es gracias a Chávez”

“En esta casa está prohibido hablar mal de Chávez”, advierte el letrero que les da la bienvenida a las y los visitantes del apartamento A10-04. “Yo amo a Chávez aunque nunca lo conocí en persona, pero es un cariño que nació por lo que él hizo y por su forma de ser hacia el pueblo”, explica entre risas María Moreno, la orgullosa dueña de la vivienda ubicada en el urbanismo 4 de Febrero en la parroquia Santa Rosalía.

Moreno asegura que, gracias al líder eterno de la Revolución Bolivariana, su esposo Melvin Matos (42 años de edad) y sus hijos Edry (17) y Endry (6) habitan en una “casa digna construida por la Gran Misión Vivienda Venezuela”.

“Yo no se mucho de la vida política antes de Chávez”, admite, pero lo que sí asegura recordar es que, cuando era pequeña, sus padres pagaban una matrícula todos los años por sus estudios en una escuela pública. “Y ahorita”, añade, “yo no cancelo nada por la educación de mis hijos. Les han dado hasta los libros y mi hijo pequeño quiere aprender a leer bien para que le den también su Canaimita”.

Sentada en el sofá color mostaza colocado en su apartamento, insiste en que, a pesar de que la situación actual no es “la mejor”, el Gobierno del comandante Chávez y ahora el del presidente Maduro se preocupó y se preocupa por todos los venezolanos. “¿Si hago cola? Sí las hago, pero consigo lo que necesito”, sentencia.

“Hace cinco años”, asevera, “no me pasaba por la mente, ni en lo más mínimo, que yo iba a vivir en un lugar como este”. Moreno explica que siempre pensó que “lo máximo a lo que podía aspirar” era a levantar las paredes de bloque de la vivienda donde habitaba anteriormente, en el barrio Los Mangos, calle Apure, casa numero 36, parroquia El Cementerio.

EN EL RANCHO

“Era un ranchito de tabla y de cinc con dos divisiones: un cuarto y la sala comedor”, cuenta. “Yo casi toda mi vida había vivido en ese sector, pero en esta casa teníamos solo 10 años. No podíamos tener muebles. Había una mesita y otras cosas como la cocina, pero no podíamos estar cómodos porque el techo tenía muchas goteras y cuando llovía se mojaba”.

“A veces”, agrega, la incomodidad no solo se limitaba al interior de la casa: También provenía del entorno. Del barrio. “Lo otro era la inseguridad y el traslado hasta la parte alta. Teníamos que tomar un yip y las colas eran fuertes en las horas pico; a las doce, cuando salían los niños para las escuelas, eran bastante largas y en las tardes también. Podíamos tardar más de una hora esperando transporte”.

Moreno cuenta que su esposo ya había iniciado la remodelación del rancho cuando llegaron las vaguadas de 2010. Eran los últimos días de noviembre; las lluvias aflojaron el terreno y las casas ubicadas en los alrededores comenzaron a desplomarse. Una tras otra se fueron cayendo, hasta que le llegó el turno de su vivienda.

Ese día recordó una situación similar ocurrida 17 años atrás en la parroquia La Vega. En esa oportunidad la casa que habitaba con sus padres, hermanas y hermanos cedió ante las lluvias, y ella quedó sepultada bajo los escombros y la tierra durante al menos 10 minutos. “Fue muy desesperante”, relata Moreno; “una tabla me aprisionó la cara contra el piso, pero eso también ayudó a que el lodo no me cubriera por completo. Mi hermano se rompió los dedos cavando para rescatarme. Él pensaba que yo estaba muerta porque decía que había mucha tierra debajo de mi”.

Era su deseo que sus hijos no pasaran por una vivencia similar y fue por esto que tomaron la decisión de trasladarse hasta la casa de su mamá, ubicada en el mismo sector; a pesar de que las paredes presentaban grietas provocadas por los movimientos de tierra, aún se encontraba de pie.

A LA CIUDADELA DOS

La decisión de abandonar la vivienda de Los Mangos y de trasladarse a un refugio se prorrogó hasta el último momento. La sentencia definitiva llegó luego de una noche en la que ningún miembro de la familia logró conciliar el sueño debido a los continuos informes que, provenientes de distintos lugares del barrio, daban cuentas de aludes de diferentes magnitudes y de casas desplomadas.

“Esa noche mi esposo estaba trabajando. La lluvia no era fuerte, pero sí persistente. Como a las siete de la noche se cayó una parte bastante grande del barranco que estaba frente a la puerta de mi casa. Después se cayó la casa de un vecino y este derrumbe se llevó una parte de la nuestra. La vivienda sufrió daños graves pero logramos salvar la mayoría de nuestras cosas”, explica Moreno.

Las voceras y los voceros del Consejo Comunal de la zona junto a los funcionarios de Protección Civil se encargaron del traslado de las vecinas y de los vecinos hasta la Ciudadela Dos: Un local ubicado al lado del extremo este de la autopista que va hacia los túneles del Valle.

“La mayoría de mis vecinos”, cuenta, “se vinieron antes que yo. A mí me daba miedo la vida en un refugio y eso me limitó para salir del barrio, pero mi mamá es muy nerviosa y al siguiente día salimos de la casa. No sabíamos con qué no íbamos a encontrar, dónde íbamos a dormir. Mis hijos y mi mamá se quedaron con un hermano que vivía en Petare durante a primera semana; luego, como continuamente se hacían censos y exigían la presencia de todos los que aspiraban a tener una vivienda, tuvimos que trasladarnos todos hasta el refugio”.

Los huéspedes se encargaron de limpiar el local y de hacerlo medianamente habitable. Simultáneamente, se materializaba la ayuda del Estado mediante el suministro de colchonetas y alimentos. “Después llegó otro grupo de damnificados desde el sector Primero de Mayo de El Cementerio y otras familias de la Cota 905”.

Moreno narra que la primera noche en el refugio compartió las horas de desvelo con su hermana. “Teníamos una sola colchoneta. Ella dormía un rato y luego era yo la que descansaba”, refiere. Al día siguiente se inició el proceso de división del local en cubículos. Los paneles eran sábanas de todos los tamaños que llenaron el local de falsas paredes multicolores. Los cubículos con tabiques de Dry Wall se construyeron un año después.

“TODO ERA COMPLICADO”

La necesidad de reglas que regularan la convivencia en el local fue el paso siguiente. En este sentido, se asignaron horarios para el uso de los espacios, incluso para utilizar los dos baños y el área de duchas. Se conformaron grupos para la limpieza del albergue y otros que se encargaron de la preparación de los alimentos.

“Nos dividimos por sectores. Yo me anoté en el grupo que se encargó de preparar los desayunos para las familias de Los Mangos. Diariamente hacíamos un montón de arepas, bollitos, avena y hasta teteros para casi 70 personas. También formé parte de grupo de voceros de comunicación. Éramos los intermediarios con las instituciones. Nuestro padrino era el Gobierno del Distrito Capital (GDC)”.

A pesar de la organización y de los esfuerzo por establecer relaciones cordiales en el albergue, Moreno admite que “todo era complicado”, ya que “no es cómodo vivir entre sábanas”.

Evalúa que “había mucha gente en el lugar. Los niños lloraban permanentemente. Algunos querían escuchar música o ver la televisión con mucho volumen. Los niños corrían por los espacios hasta tarde. Por las noches era más fuerte el ruido de los carros que pasaban por la autopista y sus luces se reflejaban dentro del galpón”.

Moreno considera que los últimos meses de los casi dos que pasó en el albergue fueron los más difíciles. Relata que ella y su hermana intentaban permanecer el menor tiempo posible en el refugio. “Fue la seguridad que tenía el Presidente en sus palabras los que nos daba fuerza”, expresa.

“AMO DONDE VIVO”

El 29 de noviembre de 2012 los representantes del GDC reunieron a las familias para informales sobre el inminente traslado a sus nuevos hogares. El nombre de Carolina Moreno fue uno de los últimos en ser pronunciados. En menos de 24 horas se cumpliría el sueño. En poco tiempo ella y su familia formarían parte del grupo de las 96 que recibirían las llaves de sus nuevos apartamentos en el urbanismo Opppe-10.

El urbanismo 4 de Febrero, como decidieron llamarlo su habitantes, está ubicado cerca de la esquina de Candilito, en la parroquia Santa Rosalía. Es una torre de 12 pisos con 96 apartamentos. Tiene un ascensor y cuatro locales socioproductivos, uno de ellos ocupados por la Misión Barrio Adentro; otro está siendo acondicionado como una Panadería Venezuela. Tiene un área para estacionamiento. La estructura esta totalmente cubierta por terracota, lo que la distingue de los otros dos urbanismos construidos en la zona por la GMVV.

“El 30 de noviembre nos entregaron las llaves. Ese día fue de mucha tensión para mí porque nombraban y nombraban personas y no decían mi nombre. Eran ocho familias por cada piso. A mi mamá le tocó el piso dos y a mi hermana en el nueve. Cuando dijeron mi nombre, María Moreno, comencé a gritar; agarré a mi esposo y a mi hijo menor por un brazo y corrimos por las escaleras hasta el piso 10. Abrimos la puerta y entramos. Esto era lo mejor que había visto. Recorrimos los tres cuartos, la cocina, el baño y la sala-comedor muchas veces. Estábamos felices. Ese día también nos entregaron la cocina, la lavadora, la nevera, una litera, una cama matrimonial y un juego de comedor. Hoy puedo decir que amo donde vivo”.

“Todo esto se lo tengo que agradecer primero a Dios, por sobre todas las cosas, y después al presidente Chávez. Siempre se lo voy a agradecer. La idea de esta Misión fue de él. El esfuerzo y las ganas de que los pobres viviéramos mejor, fue de él. Ahora tengo todo a la mano: la panadería, la farmacia, el colegió de mis hijos. Han pasado casi tres años y aún me siento como si fuera el primer día, feliz, y es gracias a Chávez”, asegura Moreno.

T/ Romer Viera
F/ Héctor Rattia
1 Comentario
JPKYA dijo:

LA FELICITO DE CORAZON.SIEMPRE LO HE DICHO,ES UNA DE LAS MAS EXCELSAS VOLUNTADES QUE APUNTALO,NUESTRO COMANDANTE HUGO.ES CIERTO QUE EN ESTADOS COMO ESTE LAS OBRAS SON CON TODO LO EXIGIDO Y PROMETIDO POR CHAVEZ Y AHORA MADURO.PERO EN EL ESTADO FALCON,ESPECIFICAMENTE,EN EL MUNICIPIO MIRANDA,SE HAN ESTADO CONSTRUYENDO Y PROYECTANDO VIVIENDAS,QUE A DURAS PENAS,SI TIENEN DOS (2)CUARTOS.Y SE LES EXIGE A SUS BENEFICIARIOS,LA PREPARACION DE LOS TERRENOS Y LA INSTALACION DE SUS SERVICIOS:AGUAS SERVIDAS Y POTABLE,TENDIDO ELECTRICO,COMO PRINCIPALES REQUISITOS PARA CONSTRUIRSELAS.NO SABEMOS QUE ESTA SUCEDIENDO.LOS RECURSOS LOS DESTINA PDVSA Y AUN ASI,EN ALGUNAS PARROQUIAS,SE CONSTRUYEN DE 3 HABITACIONES Y EN OTRAS NO.A NOSOTROS COMO BENEFICIARIOS,QUE ESTAMOS EN ESPERA DE QUE SE NOS CONSTRUYAN,22 SOLUCIONES,NOS HAN FALTADO EL RESPETO,HASTA MAS NO QUERER.TENEMOS TRES AÑOS,HACIENDO ESTOS PREPARATIVOS,Y NADA AUN,Y PARA COMPLETAR,DICEN QUE SERAN DE 2 HABITACIONES,X QUE NO HAY RECURSOS.ALERTA,PRESIDENTE

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