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Alberto Aranguibel B.

Los bachaqueros de la carne (Opinión)

7 marzo 2016 | 1 Comentario

La venezolana es la única nacionalidad de refugiados que llegan a Norteamérica o a cualquier otra parte del mundo no para dormir bajo un puente sino como grandes acaudalados, a veces hasta millonarios, que se van de un país supuestamente en crisis pero en el que han hecho grandes fortunas ya sea vendiendo sus apartamentos en millones de dólares o simplemente saqueando a la nación con negocios ilícitos de toda índole.

En octubre del año 2013, el entonces vicepresidente del área económica, Rafael Ramírez, daba a conocer al país un extenso balance acerca del uso que se había dado a las divisas nacionales entregadas a los sectores público y privado para los diversos requerimientos de la economía, así como a la ciudadanía en general que solicitaba dólares para sufragar estudios de sus hijos en el exterior o simplemente para gastos de viajes de carácter recreacional.

En medio de la relación pormenorizada que hacía con las cifras de asignación de dólares por sector para adquisición de bienes y productos de primera necesidad como medicinas y alimentos, maquinaria, equipos, manutención de estudiantes en el extranjero, etc., el ministro dijo textualmente: “… y hay una cantidad en el orden de los 22 mil millones de dólares que fueron entregados a quienes los solicitaron para distintos usos, fundamentalmente para viajes al exterior, que todavía no han reportado el destino final de esos dólares tal y como deben hacerlo”.

Meses después un exministro de economía coloca la frase en una proclama contra el gobierno y da pie al rocambolesco discurso que la oposición ha armado sobre la supuesta entrega de millones de dólares en divisas que habría hecho el presidente Maduro a empresas chavistas de maletín.

Pero las empresas no eran necesariamente chavistas o de maletín.

Para aquel entonces (hace ya más de tres años) comenzaba a aparecer de manera abierta en la economía nacional el fenómeno del raspado de tarjetas de crédito en el exterior para obtener divisas de manera fraudulenta y afectar así la economía nacional sacando provecho de un mecanismo que la tecnología electrónica de la banca internacional había puesto a la orden del saqueo y que el exministro de la proclama no visualizó ni durante los diez años que estuvo en funciones ni al parecer tampoco después.

Desde meses atrás, las líneas aéreas internacionales habían descubierto también la posibilidad de convertir a nuestro país en un paraíso multiplicador para su dinero, a través de la operación igualmente fraudulenta de la conversión de nuestra moneda en dólares a tasas que ellos mismos establecían, elevando así el precio del boleto vendido en Venezuela (o en el exterior pero con destino hacia o desde nuestro país) hasta tres y cuatro veces su precio real.

La cultura de la especulación se sumaba a la vorágine cundiendo como un virus entre quienes sentían que no estando ya presente el Comandante Chávez, el festín del sálvese quién pueda a punta de desfalcar al país con el desangramiento de las reservas internacionales era un derecho.

De modo que Ramírez hablaba era de esos miles de venezolanos que solicitaron durante años divisas pero no para sufragar necesidades impostergables sino para incorporarse al festín desangrador. Todo el país los vio. Todos viajaron no una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro veces al año y hasta más, en busca de incrementar sus fortunas por vía del raspacupismo de donde nacieron estas distorsiones económicas que hoy todos padecemos convertidas ahora en vulgar bachaqueo.

Entre esos bachaqueros están los empresarios que le robaban la carne al pueblo para sacarle jugosas ganancias vendiéndosela a los restaurantes de lujo del este de Caracas.

De ninguna manera son ellos los “boliburgueses” que inventó la oposición para usarlos cuando le capturaran a alguno de los suyos con las manos en la masa. Boliburgués, esa figura ideada por la derecha para tratar de empatar el juego frente a un chavismo que se rige por principios éticos inculcados por Chávez a los revolucionarios, no es sino un inmoral recurso de distracción usado por la burguesía para ocultar a sus propios delincuentes.

Empresarios habituados a una lógica antichavista que consiste en chulearse a la revolución como forma de lucha política y por lo cual son admirados y hasta respetados en los círculos opositores, precisamente por acumular inmensas riquezas surgidas del delito contra los dineros del Estado.

En ese ambiente de éxito entre la burguesía criolla creció la ambición característica de estos empresarios nuevos ricos por los lujos desenfrenados y dispendiosos que los incontables negociados ilegales de la empresa privada ha producido en el país.

Uno de ellos en particular, ex gerente de una firma de vehículos de lujo, es conocido desde hace varios años como gestor de operaciones a gran escala con el raspado de cupo de tarjetas en el exterior. De acuerdo a estimaciones de algunas agencias de viaje, la mayor parte de las divisas se fue en esas operaciones, en las que incluso se contrataban aviones bajo la figura del chárter para sacar gente pobre del país hacia destinos en los que esas operaciones estaban (y siguen estando en buena medida) montadas, hospedándoles en hoteluchos de mala muerte, casi sin comer durante días, y obtener así el mayor rendimiento de las divisas que de esa forma lograban.

De la noche a la mañana (y gracias al bienestar económico creado durante más de una década por la Revolución Bolivariana), el ahora magnate deslumbró hasta a los más connotados jerarcas de la oligarquía criolla con el fastuoso ritmo de vida que empezó a llevar sin la más mínima discreción o recato. Quienes le conocen dan cuenta de sus múltiples empresas tanto en el país como en el exterior, derroches en avionetas, yates, apartamentos, y actividades de pesca de altura, paracaidismo y esquí, como las más frecuentes. Una de las fotos colocadas por él mismo en su página de Facebook lo deja ver orgulloso con una de sus avionetas en la cúspide de una montaña nevada en Aspen, EEUU, hasta donde han ido ellos a disfrutar los dineros robados a los venezolanos.

Ritmo de vida exactamente igual al que llevaron siempre los burgueses que buscan acaudalarse con el bienestar destinado al pueblo para hacer cada vez más ampulosa su obscena vida a costa del hambre y el padecimiento de los pobres.

Bajo esa concepción del saqueo nacional, en la derecha se han fundado partidos políticos que hoy se presentan como vestales de dignidad; grandes consorcios como el inefable Econoinvest; o se generaron cuantiosas ganancias con infinidad de estafas como las importaciones de piedras en vez de computadoras; se centrifugaron divisas aliándose con las mafias colombianas para acabar con nuestra moneda, y se hicieron incontables contratos con el Estado por parte de quienes en vez de agradecer la convocatoria a incorporarse al esfuerzo del gobierno por elevar la capacidad productiva del país, ven en el gesto una oportunidad de hacer un buen dinero a la vez de sabotear con su mal desempeño la gestión de la revolución y así hacerse definitivamente ya no de unos cuantos contratos sino del poder y de todo cuanto ello comprende en términos de posibilidades de enriquecimiento.

Lo cierto es que no existe un solo acto de corrupción en el país en el que no esté involucrado de una manera u otra el capital privado y el país lo sabe. Claro que el gobierno tiene una responsabilidad ineludible en todo eso. La detención que acaba de serle dictada a los malandros de la carne es solo una muestra de las tantas que evidencian la decisión del Presidente Maduro por combatir a fondo ese flagelo venga de donde venga.

El más reciente informe de la Fiscalía General de la República, presentado la semana pasada, da cuenta de la enorme cantidad de expedientes abiertos a funcionarios de todo nivel y que, así como a esos empresarios inmorales capturados intentando huir del país, les fue dictada medida de prisión por delitos de corrupción.

El problema es que no es con cárcel como se erradica una cultura tan arraigada en la mente de un sector social regido por la norma del saqueo en descampado para acusar siempre al gobierno, porque entre sus cuentas a la hora del pillaje está la infaltable previsión de sacar hacia el exterior el dinero que les permita financiar una prisión de apenas algún breve lapso y disfrutar luego en poco tiempo y sin sobresaltos todo lo sustraído al país ilegalmente.

Así es el fascinante mundo de eso que en Venezuela pretenden seguir llamando “pujante sector privado nacional”… esa es su naturaleza filibustera y parasitaria.

@SoyAranguibel
1 Comentario
ALFONSO ALEXIS dijo:

Y NO DICES NADA DE LOS QUE VENDEN UN KILO DE CARNE DE PRIMERA EN 1600 Bs EN EL MERCADO DOMINICAL QUE HACEN EN CAÑO AMARILLO CARACAS, DONDE EL BACHAQUERISMO SE DESATO EN TODOS LOS PUESTOS QUE VENDEN A PRECIOS ESPECULATIVOS AUTORIZADOS POR LA ALCALDÍA DE LIBERTADOR, UNA PANELA O PAPELÓN EN 450,00 Bs 1/2 kilo de avena 500,00 Bs UN KILO DE HÍGADO MIL (1000) Bs UN MELON DE UN KILO 200,00 Bs EL CARTON DE HUEVOS 1400,00 Bs ESPECULAN CON AVARICIA Y LA GURDIA Y LA POLICIA NO HACEN NADA ESTANDO PRESENTES YO DENUNCIE A UN ESPECULADOR CON UNOS GUARDIAS NACIONALES Y NO ME PARARON BOLAS.

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