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Siembra de cocuy

Biólogo del IVIC propone crear bancos de germoplasma

21 enero 2016

“El Estado, en asociación con agricultores, genetistas y expertos en el diseño y mantenimiento de bancos de germoplasma, pudiera desarrollar el proyecto para tener clasificadas y protegidas todas las variantes existentes de cocuy en el país y obtener así cultivos con las mejores características”, señaló el experto

Productores pueden acudir a un banco de germoplasma para escoger la semilla o el tejido ideal que permita multiplicar una especie vegetal estratégica para el país, como es el cocuy, del que se obtiene la conocida bebida cocuy de penca y otros derivados artesanales.

Jafet Nassar, biólogo e investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y experto en el estudio de ambientes secos donde habita el cocuy, indicó que realizar esta práctica es factible y necesaria.

“El Estado, en asociación con agricultores, genetistas y expertos en el diseño y mantenimiento de bancos de germoplasma, pudiera desarrollar el proyecto para tener clasificadas y protegidas todas las variantes existentes de cocuy en el país y obtener así cultivos con las mejores características”, señaló.

Ejemplificó que si objetivo es producir licor, se seleccionan las plantas con mayor concentración de azúcares, ya sea en forma de savia o jugo muy dulce, lo cual es indispensable para la fermentación requerida para elaborar el alcohol, refiere una nota de prensa del Ivic.

Por el contrario, si se busca aprovechar las fibras para obtener cestas y chinchorros se escogen plantas ricas en fibras y con menor capacidad de almacenamiento de agua. También pueden seleccionarse especies vegetales ricas en saponinas, si el interés es la producción de esteroides para la industria farmacéutica.

ESPECIE COMÚN EN VENEZUELA

El cocuy pertenece a la familia Asparagaceae y es muy común en el occidente de Colombia y norte de Venezuela. Además de ser útil para preparar bebidas alcohólicas, por cientos de años ha sido fuente de alimentación, medicina, forraje del ganado y fibra para diseñar chinchorros, calzados, bolsos, cuerdas y otras artesanías.

Entre las principales entidades del país donde es común el cocuy destaca La Grita, en Táchira; El Anís, en Mérida, Santa Cruz de Pecaya, en Falcón; San Pablo, en Lara; La Mona, en Carabobo; La Victoria, en Aragua y Boca de Uchire, en Anzoátegui.

Hasta el 2011, solo en Santa Cruz de Pecaya se habían extraído casi 40.000 rosetas por año, sin el debido reemplazo de la cobertura vegetal por nuevos individuos.

“Por varias décadas se cosechaban las rosetas y nunca volvían a sembrar. Recientemente comenzaron a hacerlo porque se dieron cuenta de que se les estaba acabando la materia prima de producción ¿Cómo es sostenible ese proceso? Aquí es cuando la participación del ecólogo resulta fundamental”, enfatizó el investigador.

SIN FERTILIZANTES

La planta de cocuy crece de manera espontánea sin ayuda de fertilizantes, puesto que está protegida naturalmente contra plagas y otras amenazas naturales. Su biología le permite reproducirse de dos maneras: sexualmente -liberando semillas- y después asexualmente -generando hijos vegetativos idénticos a la madre, es decir, clones.

Generalmente, el productor corta las rosetas antes de completar la primera fase (cuando los azúcares quedan retenidos en el cormo o tallo subterráneo), lo que impide la producción de semillas, “proceso que ocurre una sola vez durante la vida del individuo. Así, la planta muere antes de producir descendientes”.

Otra característica que la distingue es su autoincompatibilidad genética: el cocuy no puede producir semillas a partir de su propio polen, ya que requieren de un visitante local que transporte el polen procedente de otras plantas genéticamente distintas.

Indica la nota del Ivic que los registros más elevados de variabilidad genética encontrados para el cocuy en Venezuela corresponden a las poblaciones ubicadas en Boca de Uchire y El Anís, donde no se utiliza esta especie comercialmente. Esas localidades, junto con Pecaya, La Victoria y San Pablo, son candidatos idóneos para conformar el banco de germoplasma.

Los resultados de estos estudios forman parte de la tesis de Maestría en Ecología de Carmen Julia Figueredo, financiada por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit) a través del Laboratorio de Biología de Organismos del Centro de Ecología del IVIC.

Texto/AVN
Foto/Archivo