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Venezuela, blanco de la guerra no convencional de EEUU

El factor Kelly y la subversión interna

27 enero 2016 | 2 Comentarios

Como parte de una guerra de ocupación integral de los países de Nuestramérica, la intervención estadunidense en curso en Venezuela responde a nuevas concepciones del Pentágono sobre la definición de enemigos (lo que incluye guerras contra no-Estados o contra enemigos asimétricos, no convencionales o irregulares)

El pasado 15 de enero, durante su Mensaje Anual ante la Asamblea Nacional (AN), el presidente Nicolás Maduro advirtió que Venezuela es objeto de una guerra no convencional (GNC) diseñada por Estados Unidos, que cuenta con el apoyo de la burguesía y la derecha vernáculas. Ya antes, el 12 de diciembre último, había llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a prepararse para defender a la patria de una forma de guerra encubierta que incluye modalidades distintas a la convencional o regular, ya que abarca sectores estratégicos como el eléctrico y el financiero, pero también el ámbito criminal y paramilitar y las operaciones psicológicas.

En anteriores declaraciones, Maduro acusó al general John Kelly, entonces jefe del Comando Sur del Pentágono, de estar moviendo los hilos de esas maniobras desestabilizadoras que cuentan con el apoyo de una oposición parlamentaria “enloquecida y borracha de poder” que, dijo, busca generar un clima de alta confrontación para justificar una intervención extranjera. Dentro de esa cruzada desestabilizadora incluyó el llamado Plan Tenaza, al que se incorporaron las controversias con el gobierno del presidente guyanés David Granger, en complicidad con la transnacional ExxonMobil, y el auge del paramilitarismo que impulsa la oligarquía desde Colombia, que llevó al cierre de zonas fronterizas.

Venezuela no es el único país que en la coyuntura es blanco de la guerra no convencional de Estados Unidos. Desde hace tres años el objetivo principal de esa modalidad guerrera es la República Árabe Siria, donde se replicaron las prácticas del laboratorio libio, que a su vez recogió las experiencias del Pentágono y sus aliados de la OTAN en Afganistán, Irak , Serbia, Ucrania y Georgia, en estos tres últimos casos bajo los llamados “golpes suaves” o “revoluciones de colores”.

LA IMPORTANCIA GEOPOLÍTICA DE VENEZUELA

América Latina y el Caribe, principalmente las naciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), y en particular Venezuela, son el teatro de operaciones de un sordo juego geopolítico entre Estados Unidos y la OTAN, contra China y Rusia, dos potencias emergentes que han venido desarrollando vínculos económicos y de cooperación técnico-militar con naciones situadas en lo que tradicionalmente Washington ha considerado su “espacio vital”.

Además de su importancia geopolítica para la defensa del territorio continental de EEUU de cara a un eventual conflicto bélico contra otras potencias, Venezuela es el país con la mayor cantidad de reservas probadas de hidrocarburos. Asimismo, bajo el liderazgo indiscutido del comandante Hugo Chávez, Venezuela fue el impulsor del ALBA-TCP y potenció la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), obstaculizando los planes para una integración vertical del subcontinente, implementados por la Casa Blanca y el gobierno-sombra de las grandes corporaciones estadunidenses.

Las consideraciones anteriores explican los sucesivos intentos encubiertos de Washington por llevar a cabo un “cambio de régimen” en Venezuela: desde el golpe de Estado cívico-militar-oligárquico de abril de 2002 (el primer golpe mediático del siglo XXI), y la Operación Septiembre Negro de finales de ese año y comienzos de 2003 –el llamado “golpe petrolero” que siguió los lineamientos del Dossier Confidencial No. 5, estrategia subversiva de los capitanes de industria, grandes latifundistas, ganaderos y la llamada nomenclatura gerencial de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), bajo la cobertura política e ideológica de las principales corporaciones multimedia de Venezuela y las Américas−, pasando por diversas operaciones clandestinas y diferentes modalidades de la guerra de espectro completo (“golpe suave”, guerra de baja intensidad, guerra asimétrica, de información o cuarta generación, guerra económica y terrorismo mediático), hasta el fracasado golpe del 11 y 12 de febrero de 2015.

Al respecto, cabe recordar que con eje en una estrategia de varios carriles, la escalada política-propagandística de Washington había iniciado en diciembre de 2014, cuando al tiempo que anunciaba negociaciones para una próxima reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba, el presidente Barack Obama puso en vigor la “Ley para la defensa de los derechos humanos y la sociedad civil en Venezuela”, una medida injerencista violatoria del derecho internacional aprobada por el Congreso. La nueva ley extraterritorial, pieza central en la etapa para un “cambio de régimen” en Venezuela, es una réplica perfeccionada de lo que el propio Obama había dicho en el Capitolio, siendo senador, que durante más de 50 años no había funcionado contra Cuba.

A partir de enero de 2015 se incrementaron los planes tendentes a generar un nuevo clima de zozobra económica y violencia caótica desestabilizadora que confluyera con el primer aniversario de “las guarimbas” de febrero de 2014. El objetivo entonces fue derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro. Lubricada la oposición venezolana con millonarios fondos extraídos de los contribuyentes de EEUU a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid) y fundaciones afines como la National Endowment for Democracy (NED) y Freedom House; posicionada la guerra económica con base en el desabastecimiento de productos de primera necesidad para provocar ira y malestar en la población, la extensa red de medios de difusión masiva privados del hemisferio hicieron su labor como parte de la guerra psicológica y el terrorismo mediático.

En lo interno, la misión principal de la gran prensa fue generar un clima de miedo y terror a través de herramientas habituales como el acaparamiento, el desabastecimiento, el mercado ilegal, la inflación, la usura, campañas de rumores y la violencia callejera, y en lo externo, fomentar una correlación de fuerzas internacionales que avalara tácitamente el accionar golpista. En rigor, se trataba de una segunda fase de la fracasada operación subversiva puesta en práctica a comienzos de 2014 para tumbar a Maduro. “La salida” −como denominó entonces la ultraderecha venezolana al plan sedicioso para sacar al presidente del Palacio de Miraflores− culminó con un saldo de 43 personas muertas, mas de 700 heridos y llevó a la cárcel a uno de los líderes de la asonada, Leopoldo López.

LAS TAREAS NO MILITARES DE UNA GUERRA ASIMÉTRICA

Como parte de una guerra de ocupación integral de los países de Nuestramérica, la intervención estadunidense en curso en Venezuela responde a nuevas concepciones del Pentágono sobre la definición de enemigos (lo que incluye guerras contra no-Estados o contra enemigos asimétricos, no convencionales o irregulares), que podrían actuar en Estados fallidos o ser patrocinados por Estados delincuentes según la siempre arrogante terminología utilizada por el hegemón del sistema capitalista mundial. Lo que ha derivado en las guerras de nuestros días, que no se circunscriben a las reglas establecidas en los códigos internacionales y evaden las restricciones fronterizas de los Estados.

La continuada intentona estadunidense para la ocupación integral de Venezuela forma parte de una “dominación de espectro completo”, noción diseñada por el Pentágono antes del 11 de septiembre de 2001, que abarca una política combinada donde lo militar, lo político, lo económico, lo mediático y lo cultural tienen objetivos comunes y complementarios. Dado que el espectro es geográfico, espacial, social y cultural, para imponer la dominación se necesita manufacturar el consentimiento. Esto es, colocar en la sociedad sentidos “comunes”, que de tanto repetirse se incorporan al imaginario colectivo e introducen, como única, la visión del mundo del poder hegemónico.

Pero debido a que la nueva modalidad guerrera del Pentágono es contra “enemigos irregulares” o “asimétricos”, no contra ejércitos profesionales, los manuales del Pentágono incluyen una serie de aspectos y tareas “no militares” que debe incluir la contrainsurgencia en su fase actual. Entre ellos, materias complejas como la gobernanza, el desarrollo económico, la Administración Pública y el imperio de la ley, todo lo cual se combina con las formas más conocidas de la “guerra interna”, es decir, las acciones militares directas o encubiertas, la guerra psicológica, la guerra sucia, la acción cívica, el control de población, el paramilitarismo, el mercenarismo y el uso de la economía, de los medios de difusión masiva y las redes de Internet como armas de guerra.

Para recabar información se utilizan todos los tipos de inteligencia: humana (que incluye la obtención de datos de políticos, empresarios, militares, policías, contratistas, académicos, periodistas y altos funcionarios del Gobierno a desestabilizar); la inteligencia militar; el interrogatorio a desertores; la escucha telefónica y el espionaje de las redes de Internet −como quedó evidenciado con las revelaciones de Edward Snowden en torno al papel de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA)−, a lo que se suman las formas rutinarias de obtención de información vía el reconocimiento y la vigilancia, sensores, cámaras, inteligencia espacial, análisis de archivos de propiedad, financieros, del contenido de celulares y computadoras.

EL MANUAL TC-18-01Y LA GNC

A comienzos de 2015 el Pentágono tenía más de 13 mil elementos de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) desplegados y realizando misiones subversivas y terroristas en más de 75 países, Venezuela incluida. Las FOE están integradas por unidades de élite del ejército, la infantería de marina y la fuerza aérea estadunidenses, expertos en operaciones de guerra psicológica, actividades clandestinas, desestabilización, sabotaje, espionaje, ataques cibernéticos y asesinatos selectivos.

Las FOE responden al Comando de Operaciones Especiales Conjuntas de la Secretaría de Defensa y están adscritas al plan denominado Visión 2020, que no es únicamente militar y tiene un enfoque “multi-agencias”. Es decir, las fuerzas especiales cumplen misiones en estrecha cooperación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el Buró Federal de Investigación (FBI) y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA).

La Circular de Entrenamiento TC-18-01 de las FOE, publicada en noviembre de 2010 bajo el título “La Guerra No Convencional (GNC)”, confirma la importancia que el comando supremo del Pentágono confiere a dichas unidades de élite. Según el documento, las FOE están capacitadas para “explotar las vulnerabilidades psicológicas, económicas y políticas de un país adversario, desarrollar y sostener las fuerzas de resistencia (o insurgencia) y cumplir objetivos estratégicos estadunidenses”. Son las únicas fuerzas específicamente designadas para ese tipo de guerra por sus capacidades para “infiltrarse en terreno enemigo”, posibilitar el “desarrollo” y “entrenamiento” de grupos subversivos al servicio de Washington y “coordinar” sus acciones al interior de países hostiles como Venezuela, así como para “coaccionar, alterar o derrocar a un gobierno”.

Los equipos FOE penetran en el área de operaciones, promueven una disidencia subversiva interna, entrenan a sus líderes, les proporcionan la logística necesaria y manejan el guión propagandístico desestabilizador con eje en denuncias de corrupción contra el régimen de turno, que es acusado de dictatorial. Desencadenado un conflicto, el objetivo es generar un clima de malestar permanente mediante manifestaciones y protestas violentas (que son cubiertas por los conglomerados mediáticos como “acciones pacíficas”) y se promueven intrigas y rumores falsos, agitando como banderas la defensa de los derechos humanos y la libertad de prensa.

Eso es, precisamente, lo que ha venido ocurriendo en Venezuela según los cánones del manual TC-18-01. El objetivo es derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro vía un golpe parlamentario de la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) o una guerra civil que abra las puertas a una “intervención humanitaria” de la OTAN y/o a la injerencia militar directa del Pentágono, con la bendición de la Conferencia Episcopal Venezolana y el cardenal Jorge Liberato Urosa Savino.

T/ Carlos Fazio
I/Vargas
2 Comentarios
William Mario Calle Garzón dijo:

Magnifico artículo que nos ilustra sobre la forma de subvertir el gobierno de Nicolás Maduro. La estrategia es integral e inteligente.Suponemos que identificada la estrátegia de ataque imperial, la izquierda venezolana debe implementar su estrategia contrarevolucionaria. Esperamos que, se este a tiempo.

Creemos que las tareas ecónomicas son prioritarias: cortar el desabastecimierno, controlar la inflacion, divercificar la economia, insentivar la industria, entre otras tareas.

Latinoamérica dió pasos para liberarse del yugo imperial. Esperemos que por la incompetencia de las fuerzas populares, no se pierdan dichos avances.

nora estela molina alvarez dijo:

Pobre Venezuela objetivo militar en turno te encomiendo a Jehová el es el todo poderoso y dueño del universo

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