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Nuestras raíces, por Fernando Bossi

Insurrección comunera (Opinión)

15 marzo 2016 | Haga un comentario

El 16 de marzo de 1791 estalla en la población neogranadina de El Socorro, una insurrección popular contra los abusos en el cobro de impuesto por parte de las autoridades peninsulares. ¡Viva el Rey, abajo el mal gobierno!, era la consigna levantada por los sublevados. Manuela Beltrán, una mujer de pueblo, desafió en público a [...]

El 16 de marzo de 1791 estalla en la población neogranadina de El Socorro, una insurrección popular contra los abusos en el cobro de impuesto por parte de las autoridades peninsulares. ¡Viva el Rey, abajo el mal gobierno!, era la consigna levantada por los sublevados. Manuela Beltrán, una mujer de pueblo, desafió en público a los mandamases rompiendo los edictos que anunciaban los nuevos impuestos.

En principio, fueron los más humildes de la sociedad quienes se pronunciaron a través de la movilización. Luego se sumaron sectores más encumbrados.

De hecho, quien pasó a liderar esta primera etapa del movimiento fue un hijo de españoles, perteneciente a las élites de El Socorro, Juan Francisco Berbeo.

Cerca de 4 mil personas, dirigidas por una junta llamada “El Común”, marcharon con destino a Bogotá. Los comuneros avanzaron y a su paso se sumaron miles de personas. En Zipaquirá, antes de llegar a la capital, una delegación oficial del Gobierno firmó unas capitulaciones, aceptando todo el pliego de reclamos de los comuneros.

La maniobra de las autoridades causó efecto y los comuneros comenzaron a desmovilizarse. La estratagema de los colonialistas era ganar tiempo hasta recibir el apoyo militar desde Cartagena.

Otro líder de la insurrección, José Antonio Galán, desconfiando del cumplimiento de las capitulaciones, prosiguió el movimiento. Galán tenía razón.

Los españoles, una vez verificada la dispersión de los sublevados, desconocieron lo firmado y comenzaron la represión. Galán y otros importantes comuneros fueron apresados y ahorcados. La insurrección se propagó por diferentes pueblos de la Nueva Granada y también en los Andes venezolanos, pero de una u otra forma los colonialistas se impusieron a sangre y fuego.

Los sectores más acomodados del levantamiento recibieron castigos leves, entre ellos Juan Francisco Berbeo; pero aquellos como el aguerrido Galán que reivindicaban medidas sociales más radicales, como la libertad de los esclavos y la protección de los indígenas, fueron condenados sin contemplación.

Paralelamente, en los Andes peruanos, se levantaba en armas Túpac Amaru. Ambos movimientos fueron derrotados, pero la agonía del colonialismo español comenzaba a configurarse.

T/Fernando Bossi
fernando.bossi.rojas@gmail.com
Caracas

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