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Por Loel Henríquez

Lo que sabemos, pero… (Opinión)

17 febrero 2016 | Haga un comentario

Políticamente no se escuchan los políticos. Sutilmente se construye un verbo poco creíble que no cala dentro de la población pensante del país. La Revolución se encuentra en peligro por revolucionarios y amenazada de muerte por el enemigo histórico de la libertad americana y de los burgueses que han explotado estas tierras agrestes.

Cada quien fue labrando su camino individual y buscando su brillo donde nada se lustra y donde no brilla el Sol. El sueño colectivo que nos impulso en principio por la pasión de un hombre fuera de serie… se ha ido con él. Todos juran hacer y prometen en su nombre lo que muy poco han cumplido, como si el valor y el respeto han dejado de ser parte de los principios fundamentales del crecimiento familiar.

Todos se preguntan ¿qué hacer? ¿se podrá en colectivo? Pero el temor de atreverse nos ha dejado perplejos y despavoridos. ¿Qué todo depende de un hombre? ¿De la esperanza? ¿Del credo sin creyentes y del futuro sin trabajo? ¡No! Depende realmente del colectivo, de los que creemos y nos mantenemos erguidos y firmes al sonido del clarín. De los que tenemos la seguridad de que los políticos son esos pequeños monstruos que se comen las buenas intenciones del pueblo y se alimentan del facilismo hasta reventarse del ego y de poder.

El mal asesoramiento son las gotas recomendadas para los oídos sanos y la vista perfecta. Tomando en cuenta que vivimos en una sociedad donde todos saben de todo y muy pocos saben de nada. El pobre tiene como costumbre tener su vida empeñada en las manos de quien decide por ellos, como si se trataran de niños sin verbo en edad de gateo.

La Revolución ha sido víctima de de una transformación obligatoria que puede ser digna de sumarse a otro significado de la palabra en el diccionario. Algo así como “Lo que yo quiero o lo que me parece” porque así como el imperio en nombre de la paz hace la guerra, nosotros en nombre del pueblo ignoramos a la gente. ¿ Pero la gente no es el pueblo pues? ¿ El pueblo no es la gente? Son preguntas de la calle, por donde marchan oídos atemorizados por las piernas rápidas y las manos delincuentes.

La respuestas no bastan. El imaginario no se detiene, la realidad comprende tantos vacíos, donde el engaño es enaltecido como la verdad de quien no la posee. La gente mira a los políticos como quien mira a quien te arrebata el teléfono o te tropieza sin pedir disculpas. Ya vemos normal a quien en la calle insulta. Comerse un semáforo, robar a un policía, ver a la gente armada de noche y de día. Se trata de saber vivir la vida descifrando sus códigos y aceptando que todo lo mueve el sistema. Que quien se rebele calle y quien se sume a la lucha muera.

La Revolución no ha sido cuidada, por el contrario ha sido aprovechada. Ahora se le entrega al neoliberalismo para que terminen de hacer añicos, lo que se ha soñado con el alma y que sobre la mesa se ve perdido. Los que se registraron y lograron su vivienda, tienen un merecido aplauso por saber ser los primeros espermatozoides en fecundar el óvulo tramposo que no dejó llegar a los honestos. Y así como en este caso, existen interminables experiencia vividas, de quienes andamos sueltos en la vía, sumando almas vivas para luchar unidas sobre el terreno.

Saber comunicar es convencer a los demás de lo que tú estás convencido. Es construir las herramientas para levantar las columnas de acero que no serán movidas por el enemigo

¿ Pero quién es el enemigo? ¿Quién te dice que es tu vecino que no piensa como tú? Nuestro enemigo es la irracionalidad y la ignorancia de no saber que hace más de 200 años se batieron a lanzas, cañonazos y espadas los que murieron por darnos la libertad a los que mentalmente se empeñan en seguir esclavizados.

¡La Revolución es una opción de vida, compañeros!

@encapuchao
Caracas

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