Otro desafío

Camarada Llamarada
Por: Carolina Escarrá G

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El 25 de mayo, el santanderiano Juan Manuel Santos informó a pocos días de la primera vuelta de las elecciones en Colombia, que formará parte del cartel criminal de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) constituido por 28 estados y 15 colaboradores, cuyos miembros tenían el 75% del gasto armamentista del planeta para 2017, como primer “socio global” latinoamericano, decisión que “constituye una seria amenaza para la paz y la estabilidad regional, a partir de la defensa de inconfesables intereses ajenos al bienestar de nuestros pueblos soberanos” al “introducir en América Latina una alianza militar externa con capacidad nuclear” como reza un twit del canciller Arreaza.

Sobre el tema se debe recordar que Felipe González, con “el objetivo común de derrotar democráticamente al proyecto del socialismo del siglo XXI”, propuso en 2007 una “Agenda para la Libertad” para lo cual “América Latina debe cooperar en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo internacional junto a Europa y América del Norte, mediante la creación de una asociación estratégica entre la OTAN y Colombia”, y desde mediados de 2016 la visión de la “Paz Colombia” que incluye la profundización de la intervención estadounidense “no solo en asuntos militares sino una inclusión en temas internos claves del posconflicto, como la reforma agraria, la justicia, el desarrollo sostenible y la desmovilización”, con una cooperación que “sirva al país norteamericano para desarrollar sus planes político-económicos en el país, y encontrar en Colombia un aliado estratégico y con experiencia en defensa que pueda hacer frente a los desafíos regionales e internacionales actuales en materia de seguridad”.

No es una decisión democrática aprobada por el pueblo y contraviene la Declaratoria de la Celac, donde los países del bloque se comprometen a mantener a Suramérica como Zona de Paz y de Cooperación; Instala la posible intervención de la OTAN en las fronteras colombianas de Venezuela, Brasil, Ecuador, Panamá, y abre las rutas de sus costas en los océanos Pacífico y Atlántico a cualquier maniobra o intervención de la OTAN; amarra las decisiones y accionar en materia de seguridad al gobierno que se instaure a partir del resultado de la segunda vuelta de las elecciones, con una decisión que se toma a poco tiempo de dejar la Presidencia, dejando ver su actitud arrastrada ante el imperialismo ante el cual mueve la cola; buscando afectar también las relaciones de China y Rusia con América Latina, y arrastra a la región a “un teatro global de alta peligrosidad”, para socavar la soberanía y los movimientos progresistas de nuestros países para apoderarse de las riquezas y la mano de obra de la región.

No significa poco tener de vecino a la más grande alianza militar del mundo, teniendo recursos naturales de los cuales depende su destino, pero nuestra patria ha demostrado que está a la altura del desafío que se le presente.

cescarragil@gmail.com
Caracas