Pablo García Gámez: «El talento nuevo necesita más espacios para mostrarse»

«El teatro lo tiene todo. Sin embargo, lo que necesita actualmente es poder llegar a donde sea necesario, ya sea por los medios de comunicación, conexiones con las comunidades», señaló el dramaturgo venezolano Pablo García Gámez.

El también docente está ofreciendo en la Galería de Arte Nacional de Caracas, un taller de dramaturgia denominado “La propia voz”, a propósito de la variada programación que ofrece el Festival Internacional de Teatro Progresista 2022, que se realiza en ocho ciudades del país.

Gámez citó, por ejemplo, que cualquier grupo de teatro «puede hablar con una comunidad como La Vega y que la gente sepa que tienen esa alternativa cultural».

Con respecto al teatro en época de pandemia, apreció que se «puede ver teatro en zoom, pero no es lo mismo que cuando un espectador está presente en la obra y ve, por ejemplo, a un actor montado en una silla y se puede caer. Es una cosa viva que compartimos en el momento y no se da en el cine y la televisión».

De ahí agregó que el teatro necesita que «los grupos de teatro siempre hagan contacto con el pueblo, porque el teatro es para el pueblo. No es una cuestión elitesca como dicen muchos».

Cuando se le inquirió sobre el tipo de teatro que debe hacerse para acercar al público, acotó: «Hay muchas formas. Hace muchos años vi en el Teatro Nacional un proyecto encabezado por José Luis León, quien se fue a varios centros para personas mayores a los que reclutó como teatreros. Primero les pregunto de que querían hablar y las mismas señalaron que de las esquinas de Caracas. Al final montaron su obra sobre este tema. Y la comunidad que estaba alrededor de ese centro se acercó al Teatro Nacional».

Agregó que esa comunicación directa se puede aplicar en escuelas: «Debemos recordar que el teatro no se centra a un tema y a una clase social en específico, ya que sus posibilidades son inmensas. Eso sí, si te presentas a la gente con una obra exótica o muy dramática, la alejas. La idea es que vaya la gente, porque es para le gente en general».

Considera que en Venezuela se ha formado en los últimos tiempos mucho talento en varias áreas de las tablas: «En el caso de Caracas, aunque también debe pasar en otras ciudades, lo que necesitan son más espacios para mostrarse y confrontarse, para que los critiquen, para que los chisten si hay que chistarlos, para ir mejorando».

Recalca que aparte de las salas, «los grupos deben hacer teatro de calle. Sé que se hace mucho actualmente, pero puede aumentar».

Buscarte

El taller «La propia voz» tiene como finalidad ser una clase para estimular el desarrollo de una voz individual, según acotó Gámez y la organización. Además explica el cómo desarrollar textos dramáticos desde la perspectiva del margen para lograr una ubicación periferia que ayude a explorar temáticas fuera de concepciones hegemónicas.

Está orientado a personas con nociones básicas de dramaturgia, por lo que sus participantes deberán crear trabajos breves que serán leídos en el taller: «Me dieron carta blanca para hacerlo bajo mi concepto. Últimamente vengo dando talleres en Estados Unidos y otros países. Busco la forma para que el participante se descubra primero a sí mismo, sin caer en el sicoanálisis, ni brujería ni nada de eso. Lo importante es que se descubra sobre lo que le gusta y lo que desea escribir».

Considera que en muchos talleres los participantes terminan escribiendo solo sainetes por cumplir: «Ojo, no es que los sainetes sean malos, pero ellos escriben eso que a lo mejor no quieren escribir, y se les vuelve un ocho la obra. La idea es preguntarte qué quieres escribir y luego escribes».

Recuerda que las obras deben tener su tiempo preciso de duración: «Pienso que es un proceso la dramaturgia y tienes que leerlo. Muchos jóvenes piensan que lo que escribieron es perfecto, pero no es así. Tienen que hacer varias versiones. Porque si tienes una situación ya resuelta y vuelve a aparecer en el texto por ahí, es innecesario. Tienes que editarlo bien, para que a la hora que un director lo lea, haga sugerencias».

«Sin embargo, le estás preguntando a la persona menos indicada, porque siempre las acorto. Las mías siempre salen ya cortas (risas), pero siempre hay que revisarlas. Sin embargo, hay textos muy largos que valen la pena. Hace muchos años que vi un monólogo que se llama La tigresa, que duraba cuatro horas hablando el tipo, pero sabía manejar la escritura y al final todo el mundo aplaudió. Nadie se aburrió, porque fue muy buena», reflexionó.

Citó el caso contrario de una pieza de quince minutos: «Por ejemplo, ves una que diga ‘mi madre que buena y santa era’. Ya a los cinco minutos te quieres suicidar. Hay que revisar los textos para entregarlos».

El mismo Gámez siempre trabaja sus obras todo el tiempo: «Yo hice una que se llama Las damas. La estaba revisando y me dije, ‘esto está un pelo larga’. Y la bajé. Además recuerda que al participar en concursos, hay algunos que te piden que sean largas o cortas. Hay un concurso de un acto o dos actos, debes buscar siempre las posibilidades. Eso sí, mis temas siempre son personas que están al margen por preferencia sexual, por color de piel, por clase social. Tengo obras que son de una hora, hora y cuarto, pero siempre mantengo mi temática».

García Gámez es un estudioso del teatro hispano y profesor de la City University of New York (CUNY), y ha trabajado con muchos referentes de la dramaturgia como Juan Carlos Gené y Antonio César Morón, creador del concepto de dramaturgia cuántica.

T/ Eduardo Chapellín
F/ Prensa CNT