Memoria|Con piedras y palos margariteños liberaron el norte de su isla

El 17 de noviembre de 1816 fuerzas patriotas al mando de Juan Bautista Arismendi y con tácticas de guerra de guerrilla desalojaron de la Villa del Norte -actual Santa Ana de Margarita- a varios miles de soldados realistas jefaturados por el gobernador español Joaquín de Urreiztieta. La acción dio su libertad definitiva a todo el norte de la isla, teniendo gran repercusión en la causa emancipadora continental.

“VALOR VS NÚMERO”

Desde septiembre de 1815 los patriotas de la isla venían combatiendo a las fuerzas de varios miles de efectivos del español Pablo Morillo con evidente disparidad entre ambos ejércitos, tanto en hombres como en armamento. Al respecto el Libertador escribirá el 26 de junio de 1816 al general Arismendi «…El valor es preferible al número, y la habilidad superior al valor», instándole a fortalecer en sus hombres la confianza en el triunfo, informándole a la vez que enviará un buque de guerra para reforzar las fuerzas republicanas en la isla. El grueso del ejército de Arismendi lo formaban agricultores, peones y pescadores que manejaron en combate armas como el machete y la azada.

«ASALTO A LA PRISIÓN»

Un mes después de la liberación de la Villa y de todo el norte de Margarita, Juan Bautista Arismendi ha de trazarse un reto lleno de obstáculos casi insalvables: el asalto a la fortaleza de Santa Rosa en Pampatar. Allí permanecía recluida su cónyuge, Luisa Cáceres de Arismendi, a quien quiso rescatar del cautiverio. Así, el 14 de diciembre patriotas comandados por Arismendi acometerán arma en mano, en varias oportunidades, sobre el Castillo de Santa Rosa -en gesto de romántico arrojo que recuerda escenas del Amadís de Gaula liberando a doña Oriana de alguna fortaleza medieval-. Sin embargo, «…fueron rechazados, porque no tenían medios suficientes ni experiencia para tomar los puntos fortificados» (José Manuel Restrepo). Tras estos sucesos, los realistas trasladan a Luisa Cáceres de Arismendi, prisionera, a Caracas y luego a Cádiz, en España.

LA VILLA DEL NORTE

La liberación de la Villa del Norte permitió al Libertador, el 3 de mayo de 1816, contar con un puerto patriota, el único en la América Septentrional, adonde podía llegar. El resto de las costas venezolanas estaban bajo control peninsular. Así, la insurrección de Margarita, que comenzó en 1815 con piedras, azadones y machetes, y apenas tres fusiles arrancados a españoles, hizo posible con el arribo de Bolívar -procedente de Haití- equipar debidamente los cuerpos mal armados de la República, cuya causa se engrosaría con varios centenares de margariteños. En el combate del 17 de noviembre en la Villa del Norte se destacaron al lado de Arismendi, Francisco Esteban Gómez, José Joaquín Maneiro y Cayetano Silva, entre otros.

“PERMITIR SAQUEOS E INCENDIAR LA VILLA DEL NORTE»

“[Urreiztieta] …destinó al portachuelo que mira a la Villa del Norte, al capitán Juan Garrigó hasta que llegase el capitán Joaquín Somoza, que debería marchar al norte y tomarlo a toda costa, sin dar cuartel a ninguna persona, permitiendo el saqueo y dando fuego a esta población…pero fue rechazado (…) Al día 17 vino Urreiztieta con 900 hombres bien armados, y aunque Arismendi tenía sobre 1.500, estos no tenían otras armas que las que habían quitado a los españoles y los instrumentos de labrar que les habían dejado (…) dividió Arismendi su gente en dos partes: una la destinó al cerro España, al norte de la Villa…con la orden de que tomasen palos en lugar de fusiles (…) se dio la voz ‘Al arma blanca’…apenas fue oída, descendió sobre los veteranos (realistas) una lluvia de piedras, machetazos y palos, quedando la mayor parte tendidos en el campo y el resto en fuga” [FRANCISCO JAVIER YÁNES].

T/Néstor Rivero
F/Archivo CO