Hace 88 años fue apresado por la dictadura de Juan Vicente Gómez|Pío Tamayo fue iniciador del pensamiento revolucionario contemporáneo

PERFIL

Nativo de El Tocuyo (Lara), en una familia que poseía una finca, José Pío Tamayo Rodríguez muestra desde niño afición por las letras y edición de periodiquitos. Con catorce años labora en Barquisimeto como tipógrafo. A los 16 regresa a El Tocuyo y se encarga de la finca familiar, por el fallecimiento de su padre. En su pueblo natal funda la revista literaria Renacimiento y el grupo de tertulia política “El tonel de Diógenes”. Llama la atención de las autoridades por el discurso que, como administrador de la finca sostiene en su relación con los peones, a quienes reconoce reivindicaciones negadas por el régimen latifundista imperante.

EXILIO

Ante la aversión por sus ideas Pío es obligado, en 1922, a partir al exilio, con estadías en Puerto Rico, Cuba y las ciudades de Nueva York y Barranquilla. En distintas oportunidades se ve compelido a desplazarse en condiciones de semiclandestinidad, integrándose al denominado Buró del Caribe creado por los incipientes núcleos marxistas de los países de la región. Pío dirige y toma parte en acciones de calle y huelgas, destinadas a impulsar la movilización social. Regresa a Venezuela en 1927.

EN PRISIÓN

El profesor Jesús Mujica, del colectivo Idealidad Avanzada, recuerda que Pío, llamado ‘El floricultor’ por su inclinación poética, será recluido en el Castillo Libertador de Puerto Cabello, en 1928. Allí funda la cátedra “Idealidad Avanzada” para la formación de los cuadros marxistas del país. Entre sus discípulos destacan Ángel J. Márquez, Miguel Acosta Saignes, Rodolfo Quintero y Daniel Briceño, entre otros. Saldrá de prisión para morir, aquejado de los pulmones, el 5 de octubre de 1935.

PÍO AL PANTEÓN

Mediante acuerdo unánime del 15-11-2011, la Asamblea Nacional aprobó el traslado de los restos de Pío Tamayo al Panteón Nacional. Sólo falta ejecutar dicha decisión del Parlamento, como tributo a la memoria de quien dijo “ Seguí…los mandatos de mi conciencia y si alguna vez me equivoqué hay que culpar a la imperfección humana, nunca a la intención”.

T/Néstor Rivero
I/Vargas

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