Hoy se conmemoran 83 años de su nacimiento|El principal aporte de Fabricio Ojeda fue su visión de una nueva alianza revolucionaria cívico-militar

Anayansy Jiménez, compañera de vida y de lucha de Fabricio Ojeda

La exguerrillera Anayansy Jiménez, compañera de vida y de lucha de Fabricio Ojeda -nacido hace 83 años un día como hoy en Boconó, Trujillo- considera que su mayor legado fue la clara conciencia que tuvo de la necesidad de una nueva alianza cívico- militar mediante la cual el pueblo controlara el poder.

Esa era la única vía para alcanzar una patria realmente libre e independiente. A pesar de haber estado a la cabeza de la Junta Patriótica que derrocó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el líder revolucionario llegó a entender realmente “el porqué y el cómo de la lucha liberadora cuando fue capturado, juzgado y condenado”, en 1962, cuando combatía en el frente guerrillero en las montañas de Lara, señaló Jiménez.

Solo en ese momento “desarrolló una verdadera mentalidad de poder, y cuando se escapó de la cárcel, retomó y reorientó la lucha revolucionaria guiado por esa visión”.

-¿Qué pasó con la Junta Patriótica después del 23 de enero de 1958?

-Los partidos que la formaban –AD, URD, Copei y PCV– aceptaron que se ampliase la directiva a otros sectores, con lo cual aquella combativa y atinada Junta, autora de los manifiestos de 1957, 1958 y 1959 en los que se dictaban líneas de acción y organización para derrocar a la dictadura y para garantizar la democracia se diluyó en menos de seis meses, hasta que prácticamente se convirtió en algo parecido a una fundación de caridad o para organizar verbenas.

-¿Qué motivó a Fabricio Ojeda a convertirse en guerrillero?

-En su carta de renuncia a su curul de diputado, que fue leída en Cámara el 30 de junio de 1962, cuando ya él estaba en la clandestinidad, Fabricio explica detalladamente su decisión de irse a las montañas a luchar por los mismos ideales que habían motivado su candidatura al Congreso en las elecciones de diciembre de 1958: construir una patria libre, independiente y soberana, con cabida y derechos para todas y todos y no sólo para una pequeña y nefasta minoría.

Anayansi Jiménez advirtió que, como la carta quedó inserta en el respectiva acta de sesiones de ese día, los personeros del gobierno de Rómulo Bentacourt no pudieron hacerla desaparecer.

-¿Cómo se formó Fabricio Ojeda como político?

-Fabricio siempre conoció las penurias y las carencias de la población rural. Su infancia y buena parte de su adolescencia transcurrieron en la casa de su abuelo materno, Pedro Ojeda, en el bucólico y hermoso pueblito de Boconó, en el que eran evidentes las condiciones de pobreza y exclusión y las diferencias entre las clases sociales.

En ese ambiente –destacó Anayansi Jiménez– también conoció “la laboriosidad del campesino, su astucia para sobrevivir y la solidaridad básica, que fueron terreno fértil para el desarrollo de su conciencia política, que creció por su interés de aprender y su avidez lectora”.

Fabricio Ojeda fue maestro en la escuela de un campo petrolero, un contexto en el que otra vez “tuvo que encarar la desigualdad y la exclusión. Luego conoció a Jóvito Villalba, Mario Briceño Iragorry, Alirio Ugarte Pelayo”, fundadores del parido Unión Republicana Democrática (URD), del que se hizo militante, añadió su compañera. A UED se incorporó en 1948, tras el derrocamiento de Rómulo Gallegos. Y en noviembre de ese año empezó a ser investigado por la policía política. Un hecho que para Jiménez revela que ya se percibía su potencial como líder.

SURGE EL LÍDER

En Caracas, Fabricio Ojeda, que trabajaba como periodista para El Nacional cubriendo las información que se producía en el Palacio de Miraflores, era al mismo tiempo presidente de la Junta Patriótica clandestina. “Eso salió a la luz publica apenas el 23 de enero de 1958. Para entonces todavía no había cumplido 30 años de edad, y ya era una figura respetada y victoriosa”.

Pero faltaba un elemento para que tomara forma la figura del líder, “la conciencia plena del porqué, cómo, cuándo y dónde de la lucha liberadora, es decir, la verdadera mentalidad de poder”, asevera Anayansi Jiménez, quien reiteró que eso ocurrió “tras su primera derrota en la guerrilla, en 1962, al ser capturado, juzgado y condenado, para luego escaparse y regresar a la montaña”.

Ese episodio de su vida marcó una nueva etapa de su lucha, porque “maduró su conciencia política, su capacidad para visualizar cambio y su habilidad para indagar los procesos históricos y discernir sus dinámicas”, añadió.

LA VISIÓN CÍVICO-MILITAR

Las cualidades del líder revolucionario se expresan con claridad “en su visión de la necesidad de promover una nueva unidad cívico-militar, que en nada se parecía a la ‘unidad’ del 23 de enero”.

La diferencia clave con respecto a 1958, era que ahora se trataba de un planteamiento “con un claro sentido del poder y claros objetivos de liberación, independencia y soberanía”. Ese era el proyecto “en el que trabajaba Fabricio estaba cuando lo asesinaron, cuando no contentos con su desaparición física intentaron desaparecerlo políticamente con la farsa del suicidio”, denunció Jiménez, en alusión a las versión que dio el Gobierno de Raúl Leoni sobre su muerte.

-¿Hay alguna publicación que recoja sus documentos políticos?

Recientemente, el Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas publicó el libro Vida y obra revolucionaria de Fabricio Ojeda, que contiene una compilación de sus documentos, reportajes y artículos y tiene un excelente prólogo de Fernando Soto Rojas. Además de esta obra, ya se habían editado otras obras suyas, señaló Anayansi Jiménez: “En 2008 la Presidencia de la República publicó Hacia el poder revolucionario, en la colección Nuevo Socialismo. Y el Instituto de Altos Estudios de Control Fiscal y Auditoria de Estado, con la Fundación Gumersindo Torres, editó en el año 2004 su trabajo Presencia revolucionaria de Martí.

Thaís Ojeda, su hija:

El imperio ordenó su asesinato

Sería interesante que la Fiscalía General de la República acuda al Tribunal Supremo de Justicia y logre reabrir la investigación del asesinato de Fabrico Ojeda, para tener constancia de ese hecho histórico, independientemente de que haya chance de juzgar a quienes actuaron directamente en el crimen, o de si están vivos o no.

Queremos que se sepa quiénes lo hicieron, porque sabemos que su muerte fue un acto ordenado por el imperio, que es quien tiene que ser declarado culpable. Cuando mataron a Fabricio la idea no era solo su muerte física, lo que se buscaba era acabar con su presencia y su legado. Y el resultado fue que las últimas generaciones ni siquiera conocen a Fabricio; esa fue la intención, y lo lograron. El pueblo no conoce a Fabricio. Quienes todavía lo recuerdan son sus contemporáneos y quizás los hijos de ellos. Es apenas ahora, en este proceso revolucionario, y en estos últimos años, cuando se está resaltando su figura y vuelve a estar presente.

Me imagino que en lo adelante volverá a estar en el corazón del pueblo, cuando se rescate su ideario político y lo que este puede aportar al avance político del socialismo. No nos dejó solo lo escrito, sino hechos de vida: practicó lo que decía para consolidar el socialismo en nuestra patria.

Cuando lo empecemos a estudiar, como se estudia a Zamora, a Bolívar, a Simón Rodríguez, veremos que sus ideas contienen los principios de igualdad, solidaridad y avance de la humanidad nos demuestra que en la historia no hay hechos aislados y que esa “inseguridad” de la que la oposición ha hecho su bandera, tiene su origen en la droga que fue metida en los barrios por funcionarios policiales en los años 60, siguiendo las líneas emitidas por el despacho de Carlos Andrés Pérez, cuando era el ministro de Relaciones Interiores de Raúl Leoni.

Teníamos un pueblo altamente politizado, combativo, de toda la vida, y de ese modo lo hicieron perder la autoestima. Y tuvo Chávez que venir a animarlo, a hacerle reconocer su historia y devolverle su dignidad.

Juan Carlos Garrido Ojeda, su nieto:

Lo más importante es que pueda llegar a las escuelas

Yo no conocí a mi abuelo Fabricio, pero mi abuela me enseñó a entenderlo, a leerlo, a estudiarlo a ir hacia él. Mi abuela, que fue la compañera de lucha de Fabricio, estuvo con él cuando lo detuvieron y la detienen también, se los llevan a los dos.

Mi abuelo fue un héroe. Lo veo como un hombre importante en Venezuela, una persona clave en el proceso de historia contemporánea, capaz de visualizar el futuro y de lo que iba a suceder después del 23 de enero del 58. Era una persona muy apegada a sus principios, muy joven, con tanta fuerza que las organizaciones militares y civiles que estaban tratando de tumbar un gobierno (el del dictador Marcos Pérez Jiménez), permitieron que a los 29 años fuera presidente de la Junta Patriótica.

Fue electo diputado y especificó en una carta por qué renunció a su curul y por qué se fue a la guerrilla. En ese documento explicó lo que venía en los próximos 40 años, adelantándose a los hechos con una gran visión política, que se expresa en todos sus escritos.

Por eso, lo más importante es que Fabricio pueda llegar a las escuelas, que lo estudiemos. Es un reto que tiene la educación, transformarse para que podamos conocer a Zamora, a Cipriano Castro, a Medina Angarita, y ver nuestra historia petrolera, nuestra lucha indígena como un todo cuya razón de ser tenemos que rescatar. Fabricio y todos ellos tienen que estar en las canaimitas para que así puedan estar en el pueblo, y para que el pueblo, desde la escuela, recupere toda la historia que le han quitado”.

Texto/ Mercedes Aguilar
Fotos/ Joel Aranguren y Archivo COMaría
Isabel Batista

2 comentarios

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  • Para quien, como yo, ha estado investigando el asesinato de Fabricio, desde hace varios años, a partir de la lectura de diversos materiales sobre la Guerra Fría en América Latina (documentos desclasificados en USA, autobiografías e historias publicadas sobre diversos líderes de la inteligencia norteamericana de la época, etc.) es siempre reconfortante que se recuerde a esta figura central de nuestra historia contemporánea. Aprovecho, desde acá, para mandar mi homenaje conmovido a la vida de Fabricio, cubierta, como la de pocos de honor y gloria, y mis saludos a su hermosa familia que, amorosamente, ha sabido preservar el legado de ese héroe nuestro y de toda nuestra América.
    Juan Antonio Hernández

  • Tremendo reportaje. Fué un error histórico sobre todo del partido comunista haber aceptado una Junta de Gobierno sin Fabricio. ¡¡Y miren ustedes a quienes aceptaron: a Eugenio Mendoza y a (no recuerdo bien) Blas Lamberti !!