¿Quién es el mejor pívot de la historia de la NBA?

La NBA no descansa. Todavía existe resaca del anillo de los Denver Nuggets y la Liga de Verano da sus primeros pasos. Hay focos en el primer paso del gran hombre -en todo el sentido de la palabra- que viene: Victor Wembanyama. Quiere robar el trono del otro grande que lo ostenta: Nikola Jokic. El de Sombor ya tiene un anillo que edifica una candidatura y abre un debate. Es legítimo candidato a, en un futuro, ser el mejor interior de todos los tiempos. Estilo y dominio.

Jokic viene de romper las reglas tradicionales. Fue un base de más de dos metros y 100 kilos. Ganar partidos generando, con una visión de juego prodigiosa y un IQ sobre la cancha propio de talentos históricos. Sumado a la eficiencia descomunal. Sus 30,2 puntos, 14 rebotes y 7,2 asistencias de media en la final ante los Miami Heat asustan. Y le colocan en un lugar diferencial.

El pívot tradicional

Porque al hombre grande tradicional se le identificaba con reglas que Jóker rompió. Más intimidantes bajo tablero que otra cosa. El primero histórico fue Bill Russell con 11 anillos de campeón en los Boston Celtics. Definido por su rapidez y el descubrimiento del tapón. El primero en un arte.

«Era un estudioso del juego y su identidad como jugador dependía de su dominio», cuenta su autobiografía que editó el New York Times. Russell, además, fue otras cosas. Una voz contra la injusticia y el racismo, una voz del cambio en la NBA. Más que un atleta.

Ese blanco y negro siguió con Wilt Chamberlain, el que muchos consideran el más dominante de todos los tiempos. Tiene la obra magna del baloncesto, su partido de 100 puntos ante los New York Knicks en 1962. Y otra, con un doble triple-doble de 53+32+14+24 tapones y 11 robos. La NBA cambió las reglas, en el ataque, por su envergadura, coordinación y versatilidad.

Aunque tiene sombras. Una, solo dos anillos de campeón. Otra, la seriedad con la que se tomaba el juego. «Si me hubiera dedicado solo al baloncesto habría metido 142 puntos», confesó en el partido de los 100.

De Wilt se pasó a Kareem Abdul-Jabbar, el probablemente mejor. 38.387 puntos, el mayor anotador hasta que LeBron James batió su registro en el inicio de 2023. También el jugador que comenzó en el baloncesto a los nueve años. Y el que alcanzo seis títulos, solo lanzó un triple y llevó un gesto, el skyhook, a la leyenda del deporte. Su vida se ligará por siempre a Los Ángeles Lakers, dónde firmó 22,1 puntos, 9,4 rebotes, 3,3 asistencias y 2,8 tapones por encuentro. Un tótem.

Kareem no tuvo un center a su altura hasta casi medio siglo después. Sí que pasaron inmensos jugadores, como Moses Malone, Patrick Ewing, Karl Malone o las Torres Gemelas de los Spurs, Tim Duncan (ala-pívot)y David Robinson. Pero nada hasta el salto a la fama de Shaquille O’Neal.

Una bestia de 2,16 metros y 147 kilogramos de peso, dominando desde 1992 hasta 2007. Cuatro anillos, tres MVP, MVP de la temporada… Shaq utilizó su cuerpo, reventó rivales y junto a Kobe Bryant alcanzó la perfección competitiva.

«Hago a la gente feliz, es lo que me importa», su lema de vida. Y dominó como nadie lo hizo…¿O quizá Jokic, sin brutalidad y desde la finura, ha tomado su testigo? Tiempo al tiempo.

T/Marca