Luis Cabrera Aguirre siguió adelante aunque el movimiento había sido delatado| En la rebelión del 27N no estaba previsto el asesinato de Carlos Andrés Pérez

“Ya había una junta conformada en la que participarían militares, pueblo y destacados académicos”, relata el contraalmirante

Su nombre es Luis Cabrera Aguirre. Es contralmirante de la Armada Nacional de Venezuela. Hoy, rememora su intervención como uno de los jefes de la rebelión cívico-militar que ocurrió en el país el 27 de noviembre de 1992.

Asevera que, a partir de la insurrección, las ciudadanas y los ciudadanos se sienten más protagonistas y partícipes de la historia de Venezuela, lo que a su juicio, quedó evidenciado el 11, 12 y 13 de abril del año 2002, cuando se produjo el golpe de Estado contra el presidente constitucional, Hugo Chávez.

“En ese momento, el pueblo participó activamente para lograr el regreso del primer Mandatario Nacional al poder, y lo logró”, dice.

Destaca que en el territorio nacional, sucedieron tres grandes acontecimientos concatenados, los cuales dieron paso a la consolidación del proceso revolucionario que se adelanta en la actualidad. Menciona la rebelión popular del 27 de febrero de 1989, conocida como El Caracazo; la insurrección militar del 4 de febrero de 1992, y el levantamiento cívico-castrense del 27 de noviembre de 1992.

Explica que estos tres hechos fueron el preámbulo de la transformación de Venezuela. “Cuando algunas personas, por ignorancia o por intento de tergiversar los hechos históricos por mezquindad, omiten estas tres rebeliones, están haciendo un flaco favor a la historia y están quedando muy mal”, refiere.

Cabrera Aguirre expresa que El Caracazo fue una manifestación espontánea de las venezolanas y los venezolanos, como una respuesta a las medidas económicas impuestas por el gobierno de la época (el expresidente Carlos Andrés Pérez).

Con pesar, subraya que el levantamiento fue sometido a sangre y fuego con el uso indiscriminado del poderío de los miembros de las entonces Fuerzas Armadas, ahora Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esta actuación, añade, dejó una profunda huella en la población, de temor y resentimiento contra los efectivos militares.

“Los jerarcas de la época, tanto civiles como militares, cuando había un conato de manifestación, decían que si el pueblo salía a las calles, le echarían otra vez a las Fuerzas Armadas”, agrega.

Con El Caracazo hubo fuertes protestas y saqueos en la ciudad de Caracas, que luego se extendieron a Guarenas. Desde entonces, se produjo una inestabilidad política en el territorio nacional.

El segundo hecho determinante, expone el contralmirante Cabrera, fue el alzamiento del 4 de febrero de 1992, que a su criterio, rompió con el resentimiento de las ciudadanas y los ciudadanas hacia las Fuerzas Armadas. “En esta fecha, se demostró que los militares estaban dispuestos a defender a su pueblo”, agrega.

El tercer hecho fue el 27 de noviembre de 1992, en el que cooperaron conjuntamente efectivos militares y pueblo organizado. “Los tres guardan relación y no pueden tomarse por separado. Uno conllevó al otro”, apunta.

LA JORNADA DEL 27-N

Con voz pausada, pero tajante, el contralmirante de la Armada Nacional, Luis Cabrera Aguirre, puntualiza que el objetivo de la rebelión del 27 de noviembre era claro: Acabar con el sistema neoliberal que estaba empobreciendo cada día más al país.

Indica que la misión era capturar al entonces presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, retenerlo y establecer una junta cívico-militar que se encargara de la transición de mando. Advierte que en ningún momento estuvo planteado el asesinato del dignatario.

“La planificación era capturar al presidente Carlos Andrés Pérez (CAP), y proceder a tener el control del gobierno. Ya había una junta conformada en la que participarían militares, pueblo y destacados académicos”, declara.

Menciona que las movilizaciones se iniciaron cerca de las 11:00 pm del 26 de noviembre, aún cuando habían sido alertados de que el movimiento era conocido por las fuerzas de seguridad de CAP.

“Nos dijeron que teníamos que echar marcha atrás, pero pensamos en los que ya habían salido a las calles, y ordené que siguiéramos adelante. Yo salí de mi casa con la convicción de que me iban a matar. Nos metimos en eso y no hacerlo era dejar a los demás atrás”, refiere.

Pese a las advertencias de muerte, Cabrera Aguirre llegó al Cuartel Cipriano Castro para coordinar las acciones del alzamiento.

“Estuvimos en el cuartel Cipriano Castro, pero los planes se cayeron con la delación, y como parte de las medidas, impidieron la comunicación entre las unidades de batalla, bases aéreas y aviones; es decir, que cada sector estaba por separado, lo cual no facilitó las labores”, sostiene.

En medio de la incomunicación, apunta, se envió un casette de video a la televisora del Estado (canal 8, Venezolana de Televisión), con un mensaje grabado por los efectivos militares cabecillas del levantamiento, en el cual se explicaba el por qué de la rebelión, se convocaba a las Fuerzas Armadas y al pueblo a sumarse a las actuaciones.

Sin embargo, resalta que el video original no se transmitió y en lugar de ello, se difundieron otras grabaciones. “Habíamos filmado un video en el que aparecían los jefes de la rebelión de los diferentes componentes de la FAN, pero no lo transmitieron y nos quedamos sorprendidos. Esto trajo como consecuencia que las personas se sintieron atemorizadas”, destaca.

Recuerda que Venezolana de Televisión fue acordonada por funcionarios de las Fuerzas Armadas, lo que produjo enfrentamientos con los rebeldes, con saldo de un número importante de fallecidos. “Está demostrado que personas que estaban durmiendo en el canal 8, recibieron tiros de gracia en las cabezas, y quedaron tendidas en el suelo”, añade.

También subraya las masacres que se cometieron en contra de los pilotos de la Fuerza Aérea que se sumaron al movimiento del 27-N, así como las manifestaciones en los diferentes estados de la geografía venezolana.

“Se produjeron ataques de los aviones F-16 que masacraron a los efectivos que piloteaban los aviones OV-16. Fue como colocar una fragata a disparar a un peñero”, enfatiza.

LA RETIRADA

Cabrera Aguirre relata que, al mediodía del 27 de noviembre, recibieron una llamada del entonces ministro de la Defensa, Fernando Ochoa Antich, quien solicitó la entrega de los líderes del movimiento.

“Nosotros no nos rendiríamos hasta que hubiese aviones en el aire. En el 23 de Enero era plomo y plomo”, narra.

Comenta que al Cuartel San Carlos llegaron emisarios civiles para exigir la entrega de armas, para unirse a la lucha. “Pero salimos a hablar con ellos y les planteamos que tenían que cumplir otro rol, que no era con las armas. Les dijimos que tenían que ir al Palacio de Miraflores para defender sus derechos”, puntualiza.

A las 4:00 pm, los jefes de la rebelión fueron detenidos y trasladados al Ministerio de la Defensa. Posteriormente, describe, fueron llevados a la Dirección de Inteligencia Nacional (DIM), donde estuvieron detenidos por 11 días.

Finalmente, fueron recluidos en el Cuartel San Carlos, lugar en el que permanecieron arrestados durante dos años. Tras recibir un sobreseimiento de causa, los pusieron en libertad.

En el movimiento del 27 de noviembre de 1992 participaron integrantes de los cuatro componentes de las Fuerzas Armadas, junto a las venezolanas y los venezolanos que salieron a las calles.

El grupo de militares accionó con la denominación del Movimiento Cívico-Militar 5 de Julio. Destacan algunos nombres: el jefe de operaciones, contralmirante Hernán Grüber Odremán y el propio Luis Cabrera Aguirre, así como el general de brigada de la aviación, Francisco Visconti Osorio; el coronel del Ejército, Higinio Castro, y el mayor de la Guardia Nacional, Carlos Salima Colina.

Por la parte cívica, participaron los colectivos Bandera Roja, Tercer Camino, Frente Patriótico y Desobediencia, entre otros.

LA SITUACIÓN DEL PAÍS EN 1992

Cabrera Aguirre recuerda que el segundo gobierno del expresidente Carlos Andrés Pérez se caracterizó por las reiteradas violaciones a los derechos humanos de las venezolanas y los venezolanos. A esto, se sumaba el hervor dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales y la pobreza en el país.

Había también un alto índice de rechazo a la gestión del entonces Presidente de la República. Citó que según una encuesta publicada en esa época Pérez contaba con un sorprendente 91,8% de repudio por parte de la población venezolana.

“El propio Fernando Ochoa Antich, quien era ministro de Defensa del gobierno de Carlos Andrés Pérez, dijo en Washington, en una Conferencia en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, que la crisis militar y el desprestigio político sacudían al país. Así, él resumió la Venezuela que había en 1992”, expone.

En mayo de 1993, una decisión de la entonces Corte Suprema de Justicia apartó a Pérez de la Presidencia. Concluyó su mandato el escritor Ramón J. Velásquez.

NO FUE UN FRACASO

Aunque no se lograron los objetivos del momento, Luis Cabrera Aguirre asegura que la rebelión del 27 de noviembre de 1992 fue un paso más para entrar en la nueva Venezuela que se construye hoy en día, con el liderazgo del presidente Hugo Chávez.

Argumenta tres razones que no permitieron alcanzar la meta. La primera, señala, fue la deserción de la persona encargada de aportar información vital de los movimientos de Carlos Andrés Pérez. “Esta persona que estaba encargada de manejar la información era muy cercana al gobierno. Desertó pero no delató”, aclara.

Un segundo tropiezo fue la delación. Y un tercer impedimento, a su juicio, fue lo ocurrido en el canal 8.

“Cualquiera de las tres hubiese acabado con la rebelión, y se dieron las tres. Por estas razones, asumimos que no hubo triunfo; sin embargo, se dejó malherido al gobierno de Carlos Andrés Pérez”, asevera.

Cabrera Aguirre enfatiza que, de no haberse dado el alzamiento del 27 de noviembre de 1992, la Revolución Bolivariana no existiría.

“Salimos a luchar por la justicia y la igualdad social”

Al movimiento del 27 de noviembre de 1992 se sumaron los esfuerzos de diversos colectivos sociales. Arturo Guevara es uno de los venezolanos que salió desde la región central para participar en las operaciones.

Recuerda que intervino en la toma del Peaje El Peñero, ubicado en Charallave, Valles del Tuy. La misión era mantener la vía despejada y garantizar la seguridad de los oficiales militares.

“Nos organizamos en el MBR-200. Estábamos en contra de la democracia representativa y salimos a luchar por más justicia, equidad y seguridad social para los venezolanos y las venezolanas”, comenta.

Aníbal Vázquez, otro de los ciudadanos de la región central que contribuyó en el levantamiento del 27N, esgrime una sola razón para participar: la defensa de la Patria.

“Arriesgamos nuestras vidas por las condiciones que teníamos. Estábamos convencidos que era necesario un cambio en el gobierno para mejorar la calidad de vida de las venezolanas y los venezolanos”, reflexiona.

T/ Lilia Leal
F/ Luis Franco
Caracas

1 comentario

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  • Lo que dice mi contralmirante aguirre es la pura verdad que tanto los tres intentos de rebelion fueron la entrada de una dignidad y recompensa al pueblo venezolano..Gracias a ellos y a mi pueblo a quien me considero dimos la vida y estamos orgullosos.Gracias mi dios por tantas batallas acertadas. Para mi el significado del 4f fue el intermnedio de la revolucion iniciante para conformar y ir consolidando el socialismo. De nuevo gracias a los heroes y caidos del tal acontecimiento.