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Hace 199 años Bolívar trazó una política de ofensiva total contra el imperio

El Decreto de Guerra a Muerte respondió a la extrema crueldad de los realistas

15 junio 2012

El polémico documento,que planteaba pasar por las armas a los españoles y los canarios que no obraran activamente en obsequio de la libertad de América, ha sido analizado fuera de su contexto, señaló el historiador Omar Hurtado

Hoy se cumplen 199 años del Decreto de Guerra a Muerte, dictado por Simón Bolívar en Trujillo en 1813, en plena Campaña Admirable, en respuesta a la sanguinaria represalia con la que la Corona española puso fin a la Primera República. “Fue una respuesta lógica a la desestimación de los contenidos humanos de la Capitulación firmada en La Victoria el 25 de julio de 1812, entre los emisarios de Domingo Monteverde y el Generalísimo Francisco de Miranda”, señaló el historiador y docente universitario Omar Hurtado al Correo del Orinoco.

Aunque Monteverde aprobó la capitulación personalmente, “él mismo la violó sistemáticamente, de manera que no fue extraña la actuación a mansalva de sus huestes que implantaron un régimen de terror y crueldades con saqueos y matanzas por doquier”, acotó el académico.

“Ante esta vesánica actitud, Antonio Nicolás Briceño y un grupo de patriotas dieron a la luz pública el Convenio de Cartagena, el 16 de enero de 1813, en el que establecieron la confiscación de los bienes de los españoles y su reparto entre los afectos a la causa patriota, así como un sistema de ascensos militares que se basaba en la cantidad de españoles ajusticiados”.

Estos hechos relatados por Hurtado ilustran el contexto en el que se produjo el decreto de Bolívar, que no fue un hecho circunstancial sino que expresaba una política orientada a librar una guerra total contra el imperio español. De hecho, puntualizó que el documento “posteriormente fue ampliado y suscrito por el brigadier Simón Bolívar en Cúcuta el 20 de marzo del mimos año (1813) y convertido en proclama en Mérida el 7 de abril”.

“Más adelante fue ratificado en San Carlos de Austria (Cojedes) el 28 de junio, ocasión en la que El Libertador, rango que le había conferido la Municipalidad de Mérida en mayo, dirigió la siguiente proclama: ‘Por última vez, españoles y canarios, oíd la voz de la justicia y de la clemencia. Si preferís nuestra causa a la de los tiranos, seréis perdonados y disfrutaréis de vuestros bienes, vida y honor; y si persistís en ser nuestros enemigos, alejaos de nuestro país o preparaos a morir”.

-¿Esta política se cumplió al pie de la letra?

-Al estar la Política de Guerra a Muerte constituida por una serie de decretos emitidos por la Comandancia General del Ejército patriota era de obligatorio cumplimiento por todos los efectivos del mismo, aunque las ejecutorias derivadas de él debían ser decididas por los comandantes de plaza o destacamentos, según su jerarquía. No dudamos de que sus mandatos fueron cumplidos al pie de la letra.

Hurtado precisó que “ya en el año 1814, por órdenes de El Libertador, se adelantan muchas ejecuciones sumarias. Pero no olvidemos que es tristemente célebre la fama que acompaña al Mariscal Pablo Morillo quien vino a estas regiones con el mandato expreso de “pacificarlas y volverlas al servicio del Rey”, y se valió de la política de guerra a muerte que imperaba para someter a un sitio a sangre y fuego a Cartagena, asolar las provincias rebeldes y desarrollar verdaderas carnicerías.

- ¿Esa política incidió de algún modo en el hecho de que la Campaña Admirable se cumpliera con éxito en solo cinco meses?

-La respuesta de los patriotas ante la extrema crueldad de los realistas se mantuvo en vigencia hasta la firma del Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra por el Capitán General Morillo y El Libertador el 25 y el 26 de noviembre de 1820, en Santa Ana de Trujillo por el cual ambos bandos se comprometen “a hacer la guerra como la hacen los pueblos civilizados”. Pero mientras duró, ciertamente tuvo una enorme influencia en la manera fulgurante y exitosa como se desarrolló la Campaña Admirable. Durante el desarrollo de su campaña de la Nueva Granada, Bolívar concibió la idea de una guerra total contra los españoles y solicitó permiso al Congreso de la Nueva Granada para desarrollar acciones militares en el suelo venezolano.

Al obtenerlo, avanzó como un huracán sobre Mérida, Trujillo, Guanare, Barinas, Araure, San Carlos, Taguanes, Valencia, La Victoria, donde el 4 de agosto de 1813 se produjo la capitulación del gobierno realista. Entró a Caracas, que le ratificó el título de Libertador. Luego vino el sitio de Puerto cabello, donde se había refugiado Monteverde, y se realizaron las batallas de Bárbula -donde murió Atanasio Girardot-, la de Barquisimeto, la de Vigirima y la de Araure.

TEXTO EN SU CONTEXTO

El profesor Omar Hurtado advirtió que el debate sobre el Decreto de Guerra a Muerte de 1813 se vio afectado por posiciones maniqueas “a lo largo de la Cuarta república, lo que ha conducido a su deformación. Para ello se ha recurrido a lo que los especialistas denominan el manejo del texto a propósito, que consiste en hacer un supuesto análisis del documento, pero separándolo del contexto político en que surgió”.

“Hemos observado con sorpresa como en los últimos años, instituciones y personalidades que, apenas ayer, deificaban al Libertador ahora lo execran y satanizan porque lo identifican con la raíz fundamental del proceso de Revolución Bolivariana que estamos viviendo”, aseveró.

Al respecto indicó lo importante de recordar que Simón Bolívar “entendió, primero que nadie, las causas de la pérdida de la Primera República y las explanó en el célebre Manifiesto de Cartagena. Pero, además, él mismo comprendió las razones del naufragio de la Segunda y las anotó en el Manifiesto de Carúpano, al señalar que las armas patriotas estaban invictas ante sus naturales adversarios y que sólo las habían derrotado la ignorancia”.

Con esa observación, Bolívar se refería “a la manipulación de que fueron víctimas los sectores más desposeídos de la sociedad al alinearse mayoritariamente contra el movimiento emancipador, ignorando que el orden económico social imperante era el impuesto por la colonia española en 1498”.

Hurtado destacó que con esta afirmación “el más grande de los venezolanos estaba replanteando la argumentación que dio lugar a los sucesivos decretos de Guerra a Muerte y reivindicando la necesidad de incorporar a los excluidos por el orden colonial así como también internacionalizar la guerra, que, en definitiva, era lo que perseguía con la promulgación de esta política”.

Fuente/Mercedes Aguilar
I/Edgar Vargas
Caracas
1 Comentario
antinvacion dijo:

Hay que hacer igual ahora mismo y firmar un decreto de guerra a muerte contra los traidores a la patria y con todo aquel que conspire contra la patria grande de bolívar