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Le rindieron homenaje al falso cura José Montes

El Entierro de la Sardina cumplió 56 años en Naiguatá

11 febrero 2016 | Haga un comentario

Durante la actividad de raíz tradicional también le hicieron un tributo a Ricardo Benito Díaz, fundador de la agrupación musical de parrandas que lleva el nombre de la manifestación

Como cada Miércoles de Ceniza desde hace 56 años, ayer el pueblo de Naiguatá, en el estado Vargas, despidió el Carnaval y decretó el comienzo de la Cuaresma con el tradicional Entierro de la Sardina. Por segunda vez consecutiva el recorrido del difunto animal se inició en la sede de la cooperativa socialista de pescadores Cacique Naiguatá que agrupa aproximadamente a 700 trabajadores del mar.

En un acontecimiento extraordinario, en esta oportunidad dentro de la festividad se rindieron dos homenajes, uno de ellos a Ricardo Benito Díaz, fundador de la agrupación musical de parrandas que lleva el nombre de la tradición, y a Juan José Montes, quién dentro del ritual ha ejercido el rol de el cura, desde hace más de 50 años.

Según los portadores de la manifestación de raíz tradicional, el Entierro de la Sardina se originó en Tenerife, España y se adoptó en nuestro país desde 1915. A decir de Juan José Montes, desde aquel año la tradición fue mutando y cambiando de forma hasta que en 1960, Pablo Roberto Izaguirre López, conocido como Robin, capataz de los Diablos Danzantes de Naiguatá, retomó esta costumbre que cada año se consolida más, con mayor número de seguidores y apoyo institucional.

Desde aquel remoto 1915 la intención de esta costumbre siempre ha sido la misma: Ofrecer simbólicamente a la sardina como una ofrenda a Dios a cambio de una pesca y una cosecha abundante. De ahí que la mayoría de las viudas tengan al mar como sustento principal.

Los portadores de la tradición que ejercen el rol de las viudas más veteranas de la difunta sardina contaron al Correo del Orinoco que en 1960, un martes de Carnaval, Robin se subió a una tarima y por un momento detuvo la celebración carnestolenda con el argumento de que alguien había muerto y explicó que al día siguiente “esa persona” sería enterrada con música. El difundo resultó ser la sardina, en relación con la manifestación que estuvo a punto de perderse.

En esta actividad típica de pueblo pesquero consiste en una procesión particularmente festiva de una sardina, la cual es llevada en hombros de la comunidad por las calles principales de Naiguatá. El recorrido guiado por un supuesto cura se caracteriza por contar con un grupo de viudas del difunto animal, que son hombres vestidos de mujer.

En la primera parte del recorrido estas viudas llevan a la sardina a la plaza La Colmena, donde se celebra una misa bufa, cuyo principal atractivo es la confesión de las viudas a quienes el sacerdote los pregunta por los pecados cometidos durante Carnaval.

“Nosotros nos lo tomamos muy en serio, pero es un relajo, el cura que desde hace muchos años es José Montes, nos confiesa y decimos cosas con doble sentido. Luego comienza la parranda”, contó por su parte Ramón Alfredo “Chuo” Quintero, “una de las viudas más viejas resaltantes y exóticas, sin renegar ni menospreciando a mis demás compañeras”, presumió.

LA VERSIÓN DE MONTES

Juan José Montes cuanta con orgullo que su padre, José Montes, hizo de cura desde 1941 hasta 1959, cuando la manifestación aún no había tomado la forma actual. En aquel entonces, contó el falso sacerdote, las familias agricultoras y pesqueras enterraban la sardina vestidas de negro, como si en efecto asistieran a un funeral. “Para pedir por el bienestar de la comunidad y la abundancia en la pesca y la agricultura” y luego celebraban hasta el amanecer.

Ya en esta nueva etapa que comenzó en 1960, el cura en principio iba a ser Héctor Cáceres Chamaruca, pionero de La Burriquita en Naiguatá. Al no poder asistir este último le pidieron a Montes hacer “los servicios”.

De manera que prácticamente por casualidad paso a sustituir a su padre. “Yo lo vi haciendo de cura pocas veces, pero gente que lo recordaba cuando me vieron a mi se sorprendieron y se decían ‘mira quién es el cura, el hijo de José Montes’. Y las familias Brito y Merentes después me llamaron para contarme qué era lo que tenía que hacer el cura”, declaró José Montes.

Durante todo el jocoso recorrido, antes y después de la misa, el cura va al frente, guiando el trayecto confesando a la gente del pueblo, cansando a las parejas, incluso del mismo género. Sin embargo, el papel principal es durante la ceremonia, cuando las viudas revelan sus secretos de confesión, relacionados con el desafuero carnavalesco.

En un principio, la procesión se hacía solamente con dos tambores, un güiro y un cuatro que acompañaban el tradicional cántico “Fo, fo, fo, la sardina se murió”. Luego, en los años ochenta, Ricardo Benito Díaz decidió acompañar la tradición con su agrupación de parrandas, con quienes acompañó el recorrido durante muchos años.

En la actualidad, la procesión es amenizada musicalmente con parranda, samba, calipso y música contemporánea.

MÁS QUE UN SACERDOTE

Montes tiene 73 años de vida y además de cura en el Entierro de la Sardina, organiza desde hace unos 45 años el tradicional vía crucis que se realiza en Naiguatá en Semana Santa. Igualmente, es Patrimonio Cultural Viviente del estado Vargas y fundador de la Escuela de Natación Los Delfines, de donde han salido varias glorias deportivas dela entidad, entre otros méritos.

Por otra parte, por ser uno de los portadores más veteranos de la tradición, Montes se encarga de la a veces titánica tarea de organizar la compleja logística del Entierro de la Sardina, manifestación que cada año convoca a más visitantes de la reconocida población varguense.

“Estoy sumamente orgulloso de ser naiguateño y sobretodo de participar en las tradiciones de mi pueblo”, celebró el confesor de las viudas de la sardina.

EL AUTOR DEL PESCADO

Fabricar la figura del animal para el tradicional Entierro de la Sardina de Naiguatá es una tarea muy codiciada entre las cultoras y los cultores que se dedican a este tipo de artesanía. Por segundo año consecutivo el honor recayó esta vez en Carlos Alberto Ríos, naiguateño de 35 años de dad, promesero de los Diablos Danzantes de Corpus, san juanero e integrante de una de las cinco agrupaciones locales de samba que amenizan el Carnaval y, en ocasiones, acompañan el Entierro de la Sardina.

Al fabricante lo selecciona cada año el Grupo Folclórico el Entierro de la Sardina. “Hay muchas personas que hacen la sardina. Todos quieren hacerla pero no todos pueden, escogen a uno solo. A mi me seleccionaron porque soy uno de los que tiene más tiempo trabajando con esto. Yo hago las máscaras de los diablos desde hace más de 20 años. Es un trabajo que no se cobra porque es para la tradición del pueblo, no es para ganar dinero”, contó el cultor y pescador al Correo del Orinoco.

Carlos Ríos es autodidacta en la fabricación de máscaras de Diablos de Corpus y de la sardina. “Simplemente vi como se hacía y comencé a hacerlo yo con un rollo de alambre. Y le fui dando hasta que me hice mi propio estilo”, detalló.

El proceso de elaboración tanto para la sardina, como para las máscaras, comienza con un armazón de alambre grueso (número 16), esto se forra con papel periódico y engrudo elaborado con fécula de maíz cocida en agua. Luego se hace lo mismo con papel blanco, “para que quede bien el color” y luego se le coloca pintura al frío. Finalmente se aplica una capa de poliuretano para darle brillo.

Una de las características de la sardina es que debe tener movimiento, para eso se segmenta el cuerpo en cuatro trozos que se articulan con alambre. “Esto debe hacerse así, porque la sardina (aunque muerta) va bailando durante toda la procesión”, explicó el cultor.

Texto/Luis Jesús González Cova
Foto/Ángel Dejesús
Caracas

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