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Las acciones anunciadas por el presidente Maduro suponen el fin del modelo rentista

Rebelión y Revolución Económica

18 febrero 2016 | Haga un comentario

Solo y gracias al enfoque socialista de nuestra Revolución, al pueblo venezolano, pese a las dificultades que hoy enfrenta, puede palpar los beneficios de las políticas sociales que el comandante Hugo Chávez delineó para saldar la inmensa deuda social que dejó la Cuarta República

Como parte del guión de la guerra mediática y psicológica continuada, los “analistas” de la burguesía insisten en hacer un símil entre la situación actual del país, tras los anuncios de los ajustes realizados por el presidente obrero Nicolás Maduro para avanzar en la Agenda Económica, y el clima existente en los meses previos al episodio denominado El Caracazo que se produjo en 1989.

Los economistas de la contrarrevolución, sustentan sus tesis con comparaciones acientíficas alegando que actualmente, como en ese momento, también existía control de cambio, alta inflación y escasez. Pero las condiciones actuales no tienen ninguna coincidencia con aquellas.

El control de cambio impuesto por Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato (CAP II), obedeció a recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la aplicación de medidas neoliberales para resguardar las ganancias de los grandes capitales. En ese momento, como ocurre hoy en Grecia, España o Portugal, el Estado, siguiendo directrices de los organismos internacionales que rigen al sistema capitalista mundial, actuó como una suerte de Robin Hood invertido: le robó a los pobres, para darle a los ricos.

En 1989, el país sí estaba al borde de una crisis humanitaria. Más del 62% de la población se encontraba en estado de pobreza; el 30% , en pobreza crítica. En ese escenario, se aplicó un “paquete neoliberal” donde destacó la liberación de las tasas de interés, liberación del control de cambio, liberación de precios de todos los productos a excepción de 18 renglones de la cesta básica; aumento de las tarifas de los servicios públicos como luz, agua, teléfono y de la gasolina.

De este modo, la población sufrió la pérdida del poder adquisitivo junto a los embates de la especulación, el acaparamiento y la inflación, pues en aquella coyuntura como ahora, la burguesía comercial solo busca desangrar el bolsillo del pueblo trabajador obedeciendo a la dinámica del capitalismo: la explotación. La visión de ese momento es la que siempre han tenido los gobiernos de la socialdemocracia aquí y en todas partes del mundo: que el pueblo pague las deudas y los desequilibrios económicos.

El paquete de CAP, se tradujo en miseria, desempleo y exclusión. En un escenario con una altísima entró en vigencia el aumento de la gasolina y el pasaje del transporte colectivo subió 30%. El salario de los venezolanos se deterioró en más del 50% y no existían programas que garantizaran la seguridad social y alimentaria de la población.

Con el paquete de medidas se vendió el país al Fondo Monetario Internacional (FMI). Estados Unidos se apoderaba de todas las riquezas del país y muchas familias perdieron sus viviendas por el aumento en las tasas de los créditos hipotecarios.

Las políticas económicas neoliberales de CAP descapitalizaron al país e hicieron más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

PUNTO DE QUIEBRE

Tras el anuncio del paquete de CAP,II se produjo una espontánea y auténtica Rebelión Popular antineoliberal, la primera de grandes magnitudes en América Latina y el Caribe.  El Caracazo fue consecuencia de la exclusión de la gran mayoría de  la población de todo el sistema socioeconómico y político. Como el sistema excluyó, reprimió y llevó al pueblo a la miseria, lógicamente debía haber una reacción en algún momento. Se produjo el punto de quiebre, de no retorno,  en la capacidad de resistencia de las masas populares ante la explotación salvaje de los intereses capitalistas internacionales y sus aliados criollos.

El paquete económico que desarrolló el ex presidente CAP afectó tanto a civiles como a los militares y como lo evidenció después, en la Fuerza Armada había sectores democráticos y revolucionarios que abogaban por un cambio verdaderamente democrático en la sociedad.

Tras la represión genocida, el sistema entró en una grave crisis pero aparentemente lo pudo resolver. Finalmente, el cauce de esa rebelión popular llevó a la rebelión militar de 1992, y a la victoria electoral de 1998, desencadenando el proceso bolivariano.

Con el liderazgo del Comandante Eterno Hugo Chávez, esa rebelión popular iniciada en 1989, se transformó en verdadera Revolución Socialista cuyo objetivo es superar el fracasado modelo del capitalismo rentístico.

OTRAS CONDICIONES

Actualmente, y pese a las dificultades generadas en su gran mayoría por la conspiración económica contra la Revolución Bolivariana y las consecuencias de la crisis sistémica del capitalismo mundial, junto al desequilibrio inducido del mercado petrolero internacional, la situación en Venezuela es diametralmente opuesta a la del 27 de febrero.

La Revolución ha disminuido la pobreza extrema de 66% en 1999, a 5,5% en 2014. Y en plena guerra económica , la pobreza extrema por necesidades básicas insatisfechas en Venezuela, es decir, la pobreza estructural, desciende a 4.5% en el año 2015.

En 17 años de Gobierno Socialista, la inversión social es del 61,9% lo que representa un incremento del 24 % con respecto a los gobiernos de la Cuarta República.

En 2015, pese a la reducción del 64% de los ingresos de la nación por la caída de los precios del petróleo, las cifras de pobreza y miseria se redujeron considerablemente.

El índice de coeficiente Gini descendió de 0,49 a 0,38. Recordemos que ese indicador mide la desigualdad, mientras más cercano es a 0, significa una distribución igualitaria del ingreso.

La tasa de desempleo disminuyó de 10,6 % que estaba en diciembre de 1999 a 6 % en diciembre de 2015. El empleo forma para finales del año 2015, se ubicó en 60% lo que contrarresta al 48 % que existía antes de la Revolución.

En el 2015, un total de 5 millones de venezolanos y venezolanas salieron de la pobreza extrema.

NO ES UN PAQUETE ES UN PLAN

Contamos hoy con un programa económico, socialista y científico, que es el Plan de la Patria, legado de Hugo Chávez, que ha salvaguardado y protegido a la población de las agresiones propias de la crisis del capitalismo y del terrorismo económico de quienes quieren desangrar a la Patria. Pese a las circunstancias adversas, se continúan los programas sociales para garantizar el derecho a la alimentación, a la salud, a la educación, a la  vivienda, como un derecho humano.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, junto a su equipo, para darle continuidad al cumplimiento de ese Plan de la Patria en medio de la actual y compleja circunstancia, diseñó la Agenda Económica Bolivariana que mantiene el Estado venezolano para superar la coyuntura económica actual, elaborada a partir del espíritu socialista, de las sugerencias y necesidades del pueblo, para fortalecer la construcción de la Revolución, como ha señalado el presidente Maduro.

PUGNA DE MODELOS

Están en pugna dos propuestas políticas; la de la contrarrevolución que quiere retornar al neoliberalismo para desmontar todas las conquistas sociales del proceso venezolano en estos 17 años de Revolución; y el modelo económico, humanista, progresista que está forjando el pueblo, el movimiento cívico militar, siguiendo el proyecto que nos delineó Hugo Chávez.

El modelo de la socialdemocracia que privilegia las ganancias de unos pocos, denigra la dignidad y la estabilidad de la gran mayoría, saquea constantemente nuestros recursos naturales para entregárselos a las trasnacionales, es el que ha fracasado.

En estos días, los análisis de la derecha y la contrarrevolución apuntan a posicionar términos como hiperinflación y estallido social para referir la atmósfera que vive el país. Desde la elección presidencial de 2013 se ha producido, sin duda, un aumento peligroso de los índices inflacionarios. Hay tesis que tratan de explicar este hecho desde un aspecto netamente monetario; otras, desde la manipulación cierta de los precios por parte de la burguesía comercial e importadora.

En Venezuela, la casi totalidad de las divisas que ingresan al Estado, no son generadas por el esfuerzo productivo interno sino por la renta petrolera; esto ha condicionado el modelo económico que aún tenemos pero que ha llegado a la etapa de un desgaste definitivo.

Esto no sólo ocurre en nuestro país. La crisis capitalista es global y sistémica. La clase trabajadora europea padece con rigor el fin del estado de bienestar que se consolidó tras la II Guerra Mundial.

Desempleo, subempleo; pérdida de pensiones y viviendas; cese de programas sociales, incremento del hambre y la desnutrición, son males que ya no corresponden a los “países en desarrollo”. Los habitantes del otrora primer mundo se enfilan en picada hacia la precarización de sus condiciones de vida.

Solo y gracias al enfoque socialista de nuestra Revolución, el pueblo venezolano, pese a las dificultades que hoy enfrentamos, puede palpar los beneficios de las políticas sociales que Hugo Chávez delineó para saldar la inmensa deuda social existente.

Esas políticas fueron producto de la redistribución del ingreso hacia la inversión social. Pero hoy, con la baja en los precios del petróleo, el escenario se torna complejo.

Los representantes del capitalismo criollo no han tenido siquiera que explotar a las masas trabajadoras. Han obtenido su dinero de préstamos, dádivas, evasión de impuestos; contratos de obras públicas; desvío de los dólares obtenidos para la importación; fijación arbitraria de altísimas tasas de ganancias, no permitidas por ninguna legislación en el mundo; es decir, han usado la Patria como un casino.

El modelo capitalista rentístico de la economía nacional llegó al límite. Es el capitalismo lo que está fracasando. Se agota el colchón de la renta petrolera que colocó un fajo de divisas entre el pueblo y la burguesía para mantener una tregua.

En lo político, la burguesía quiere vender la idea a las capas medias y sectores descontentos por la inflación, la escasez y la inseguridad inducida, que “saliendo” del gobierno bolivariano todo volverá a la “normalidad”. Pero ojo, debemos reformular por completo ese concepto burgués de la “normalidad”. El consumismo, la ineficiencia, el derroche de recursos, la mala planificación, el manejo doloso y fraudulento, ya no pueden tener cabida cuando no hay suficientes recursos.

La oposición fascista que representa los intereses de la clase capitalista, hará todo lo posible por desmantelar las conquistas sociales y económicas que la Revolución Bolivariana ha impulsado con el pueblo.

Hoy, la pérdida de ingresos por la inestabilidad de los precios en el mercado del crudo, que apuntan a la baja por razones políticas principalmente, nos coloca en una disyuntiva de la que sólo podemos salir con la nueva Agenda Económica propuesta por el Gobierno Bolivariano.

Es necesario, optimizar y reactivar la producción en todos los sectores; eliminar los gastos superfluos del Estado; aplicar las leyes; romper la dependencia de las importaciones; asumir acciones económicas clasistas y acelerar la marcha hacia el socialismo, es la única receta posible para que la oligarquía no nos rompa el cuello ni el espinazo.

Y esto es lo que ha hecho el presidente obrero Nicolás Maduro al señalar las tres líneas de acción que se incorporan tras el debate del consejo de la Economía con líderes socailes: 1. Desmontar los sistemas y subsistemas de la Guerra Económica. 2. Superar todos los mecanismos del antiguo rentismo petrolero. 3. Desarrollar intensamente la Agenda Económica Bolivariana.

De allí surgen las medidas clasistas anunciadas como el reajuste del precio de la gasolina, incremento de salario y pensiones, nuevo Plan Nacional de Divisas; lanzamiento de la tarjeta de las misuiones para establecer un sistema de subsidio directo a la familia, aprobación de 190 mil millones de bolívares para obras públicas y generación de nuevos empleos; el inicio de la Revolución Tributaria; la creación del Estado Mayor para la nueva estructura de Precios con participación del Poder Popular y las Comunas entre otras.

El pueblo venezolano no pagará las consecuencias de la crisis capitalista y del desequilibrio del mercado petrolero internacional. El Gobierno Bolivariano seguirá centrando sus políticas económicas en el bienestar del ser humano y así lo ha demostrado.

T/Modaira Rubio
F/Archivo CO

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