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Se anticipa una temporada lluviosa excepcionalmente húmeda

Venezuela es otra víctima del cambio climático

24 abril 2010

Los fenómenos extremos, como los veranos muy secos y los inviernos con riesgo de inundaciones, también se relacionan con los desequilibrios provocados en el planeta por la actividad humana. El planeta vivió el periodo enero-marzo más caliente del que se tenga registro. La frecuencia de sequías acentuadas se multiplicará por dos, alerta la Organización Mundial de la Salud

El embalse de Guri renacerá en los próximos meses gracias a la temporada de lluvia que se avecina. F/Archivo

Venezuela estaba ayer, de acuerdo con el mapa del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, bajo una nube. Por ejemplo, el estado Anzoátegui estaba parcialmente nublado, pero no se anticipaban precipitaciones. Para Amazonas y Bolívar, en cambio, se pronosticaron lluvias y lloviznas dispersas. Hasta hace unas semanas, la sequía ahogaba a Bolívar. Las primeras víctimas del verano fueron sus ríos; también, el embalse de Guri, que alimenta el Complejo Hidroeléctrico Simón Bolívar (que atiende casi 70 por ciento de las necesidades energéticas del país).

Los fenómenos extremos son característicos del cambio climático, del cual Venezuela es otra víctima más. “Todos somos víctimas del cambio climático. Todos estamos ‘aguas abajo’ de algo”, reflexiona Cristóbal Francisco, viceministro de Aguas y Presidente de Hidroven.

La Administración Nacional Océanica y Atmosférica de Estados Unidos, en un reporte especial divulgado el 15 de abril, advirtió que las temperaturas de la superficie de la tierra y los océanos fueron las más calurosas de cualquier mes de marzo. “El planeta ha vivido el cuarto periodo enero-marzo más caliente del que se tenga conocimiento”, destacó la NOAA, por sus siglas en inglés.

El fenómeno El Niño, que causó estragos este año en Venezuela, seguirá influenciando el comportamiento durante toda la primavera en el hemisferio norte. “Incluso durante la fase de declive de El Niño, las condiciones asociadas continuarán actuando sobre los patrones climáticos” por varios meses más, subraya el reporte de la Administración estadounidense.

El Niño no es atribuible en ciento por ciento al cambio climático, porque se presenta desde hace más de un siglo, “pero se ha intensificado, especialmente en este último episodio, y esto tiene que ver con un componente de comportamiento errático del clima”, declaró Francisco al Correo del Orinoco. “Si hay pérdida de bosques, eso incide en la retención de las lluvias”.

El calentamiento global altera el ciclo hidrológico. “El agua que se evapora y que se cae es la misma siempre. Si no hay una distribución homogénea de esas precipitaciones, tenemos abundante lluvia en algunos sitios, y pocas lluvias o sequía, en otros”, describe.

Por lo tanto, los aguaceros que antes se descargaban en cantidades normales, ahora pueden llevar a inundaciones o desbordamiento de los cauces debido a que aumenta la cantidad de agua. A esto se le suma que la población tiende a ocupar los espacios dejados por los cursos de agua; por eso, cuando el río retoma su camino, puede ocurrir una tragedia.

Lo cierto es que la nación sufrió la sequía más severa en cien años debido al fenómeno El Niño y al cambio climático, admitió el ministro del Poder Popular para el Ambiente, Alejandro Hitcher, en entrevista con VTV, reseñada por la agencia estatal de noticias ABN.

La creciente variabilidad de las precipitaciones “afectará probablemente al suministro de agua dulce, y la escasez de esta puede hacer peligrar la higiene y aumentar el riesgo de enfermedades diarreicas, que matan a 2,2 millones de personas cada año”, asevera la Organización Mundial de la Salud en un documento sobre el desorden del clima. “En los casos extremos, la escasez de agua causa sequía y hambruna. Se estima que en la última década de este siglo el cambio climático habrá ampliado las zonas afectadas por sequías, multiplicando por dos la frecuencia de sequías extremas, y por seis su duración media”.

Ya Venezuela padeció en carne propia, en diciembre de 1999, los rigores de un evento inesperado.

Las lluvias excepcionales ya causaron una tragedia en Venezuela, en 1999. F/Archivo

PROBLEMA GLOBAL

Internacionalmente se han reportado, como consecuencia del cambio climático, el derretimiento de los casquetes polares y el aumento del nivel del mar. Eso, que parece ocurrir muy lejos, también afecta a Venezuela. “Nosotros tenemos grandes extensiones de costa, tenemos regiones insulares”, insiste. “Se incrementa el nivel del mar para todo el todo el mundo, lo que tiene un efecto en zonas insulares, como Los Roques. No quiero que se entienda esto como algo catastrófico. Es lo que dicen las simulaciones”, refiere Francisco. “Hay cálculos que indican que algunos países muy pequeños perderían 30% de su territorio, países que son islas”.

El aumento de temperatura también toca a Venezuela. “Incrementa el número de vectores que transmiten enfermedades tropicales. Eso significa más dengue, más malaria. Se corre el riesgo de la pérdida de especies. Hay un desquiciamiento de los ecosistemas. Eso tiene una expresión muy particular en el trópico”, señala el funcionario.

“El aumento del nivel del mar y unos eventos meteorológicos cada vez más intensos destruirán hogares, servicios médicos y otros servicios esenciales”, confirma la Organización Mundial de la Salud. “Más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 kilómetros del mar. Muchas personas pueden verse obligadas a desplazarse, lo que acentúa a su vez el riesgo de efectos en la salud, desde trastornos mentales hasta enfermedades transmisibles”.

El paludismo “depende mucho del clima”, reitera la OMS. “Transmitida por mosquitos del género Anopheles, la malaria mata a casi un millón de personas cada año, sobre todo niños africanos menores de cinco años. Los mosquitos del género Aedes, vector del dengue, son también muy sensibles a las condiciones climáticas. Los estudios al respecto llevan a pensar que el cambio climático podría exponer a 2000 millones de personas más a la transmisión del dengue en la próxima década”.

PREPARATIVOS PARA UN INVIERNO HÚMEDO

La temporada lluviosa ya empezó en el sur del país. “Los patrones de lluvia históricos dicen que el río Caroní, que alimenta al embalse de Guri, empieza a crecer a mediados de abril. Eso es lo que está ocurriendo”, describe. En unos 20 o 30 días comenzará en el norte de Venezuela.

Este invierno será copioso, anticipa Francisco. “pasaremos de una situación seca extrema, a una situación de lluvia extrema”. La realidad es que el país “viene de cuatro años de poca lluvia, y ahora va a llover más que en los últimos cuatro años”. Se ha hecho un esfuerzo para tener limpios los drenajes.

No es la primera vez que los ríos se desbordan. Para muestra, un botón (y bien cercano): en plena capital del país, el río Guaire, convertido en una cloaca al aire libre, puede salirse de su cauce. “Lo limpiamos todos los años. La gente bota escombros, el río se remansa, baja la velocidad y se quedan los sedimentos”. La jornada de saneamiento, a la altura del sector La Línea, comenzará la próxima semana.

Aparte, “estamos trabajando el dragado en el río Yaracuy y en el río Santo Domingo”, explica. “Estamos haciendo obras de protección en el río Arauca y el río Apure”. En el Albarregas se hizo control de torrentes.

“Hemos adquirido más de 60 máquinas que estamos desplegando por todo el país, lo estamos coordinando con las gobernaciones, para atender los cauces que se han sedimentado, las riberas que hay que proteger y los diques que hay que reforzar para evitar o minimizar las inundaciones”.

El Ministerio del Poder Popular para el Ambiente tiene un presupuesto anual de 1.700 millones de bolívares fuertes. De ese monto, unos 300 millones de bolívares se destinan a atacar las inundaciones. Aparte, gobernaciones y alcaldías aportan otras sumas.

El Minamb limpiará el río Guaire, en Caracas, para evitar su desbordamiento. F/Archivo

EMBALSES RECARGADOS

A mediados de mayo, cuando se establezca el periodo de lluvias en la zona norte costera de Venezuela, se recargarán los embalses de Lagartijo, Camatagua y Taguaza, indicó el ministro Alejandro Hitcher.
En aproximadamente quince o veinte días, el embalse de Guri comenzará su crecimiento normal. Actualmente, el caudal de entrada es superior al que se está turbinando, manifestó Hitcher.

En los foros internacionales, Venezuela ha defendido una posición: los países en vías de desarrollo no deberían gastar un centavo en medidas de mitigación, sino de adaptación, “porque somos víctimas de lo que han hecho los países industrializados”.

Una de las medidas asumidas por la Revolución Bolivariana es la construcción de más embalses “para tener mejor capacidad de almacenamiento de agua”, mejor gestión de los acueductos, cambio de cultura en el consumo hídrico y eléctrico, adelanta Cristóbal Francisco. Venezuela no espera fondos de naciones industrializadas para poder hacer frente a las consecuencias del cambio climático, puntualiza Francisco. “Los venezolanos podemos hacerlo, gracias a nuestro petróleo y gracias a la acertada administración de este recurso que hace el presidente Chávez”.

EQUIPOS PARA SEGUIR LAS LLUVIAS

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología ha hecho un esfuerzo para adecuarse a las necesidades impuestas por el cambio climático. “Tenemos radares que sólo están en otros tres países. Tenemos ocho radares funcionando, gracias a lo cual contamos con predicciones del clima y podemos atender alertas tempranas”, enumera el viceministro Cristóbal Francisco.

Además, se están instalando 1.600 unidades terrestres de captura de datos. Estos equipos son mucho más que pluviómetros. “También miden humedad e insolación para determinar la evaporación”, destaca el viceministro. Con esos datos también mejorará la investigación sobre cambio climático.

T/ Vanessa Davies
F/ Agencias

EVO MORALES LLEVARÁ A LA ONU  CONCLUSIONES DE REUNIÓN DE COCHABAMBA

El presidente de Bolivia, Evo Morales, presidirá la delegación de pueblos de para entregar, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, en Nueva York, las resoluciones aprobadas por I la Conferencia de Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, reseñó la Agencia Boliviana de Información.

Morales dijo que se entrevistará con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Mon. Los asesores del funcionario ya han manifestado su interés por conocer en detalle las iniciativas de la Conferencia celebrada en Cochabamba del 22 al 22 de abril.

“Una vez que sea fijada la fecha de la reunión, he decidido acompañar a los delegados de los movimientos sociales y pueblos de Africa, Europa, Oceanía, América y Asia para dar a conocer el documento aprobado en Tiquipaya”, insistió .
Los pueblos reunidos en Cochabamba aprobaron crear el Tribunal internacional de Justicia Climática, que tendrá la función de procesar y sancionar a aquellas naciones, empresas, y personas individuales y jurídicas que cometan delitos contra la naturaleza.
“Si la ONU no viabiliza la creación de este tribunal, que es un pedido de los pueblos del mundo, presentaremos una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya contra todas esas naciones que se niegan a defender la naturaleza y la madre tierra e inclusive se resisten a suscribir acuerdos como el Protocolo de Kioto”, aseveró Morales, según reseña de la ABI.
“Lo que corresponde ahora es no quedarse con las resoluciones sino implementarlas y presionar para que los Gobiernos las conviertan en políticas de defensa de la Madre Tierra”, dijo.

Bolivia ha presentado ante la ONU un proyecto de resolución para que el agua sea declarada un derecho universal a fin de que todas y todos tengan acceso. “Igualmente hay que propiciar un debate mundial sobre los derechos de la Madre Tierra, porque de ella dependemos para sobrevivir, por ello son más importantes los derechos de la naturaleza que los propios derechos humanos”, señaló.Para predicar con el ejemplo, el Mandatario boliviano inició un programa de forestación con la plantación de 10.000 árboles en el departamento de Cochabamba; planes similares se adelantan en Pando, La Paz y Oruro. La meta es sembrar 10 millones de árboles en un año; uno por cada habitante de Bolivia.