
El control obrero le ha dado un soplo de vida a Conservas Alimenticias La Gaviota, ubicada en el sector Caigüire, en Cumaná (Sucre). El dinamismo laboral que se observa puertas adentro en esta planta procesadora de sardinas y pepitonas se mantiene en alto, un año después de la recuperación del Estado, el 1 de mayo de 2009.
Actualmente, son sus 281 trabajadores y trabajadoras quienes, junto con la Corporación Venezolana de Alimentos (CVA), garantizan el funcionamiento de esta empresa, fundada en 1948, que en manos capitalistas había visto decaer su producción y, por consiguiente, desmejorar las condiciones socioeconómicas de su recurso humano.
Pascuala Salmerón, quien acumula 26 años de labor en la compañía y es responsable de la administración, fue una suma de desventajas y violaciones la que desencadenó una decisiva huelga, a partir del 19 de febrero de 2009, para exigir mejoras.
“Emprendimos una lucha en la que nos involucramos todos los que dependíamos de esta planta. Hicimos vigilia en el día y en la noche. Dormíamos en la empresa, hasta que conseguimos mejorar realmente esta situación”, recuerda.
La toma contribuyó con el proceso de dignificación de trabajadoras y trabajadores. La planta no cerró. Al contrario: hoy está inmersa en un proceso de cogestión y se convirtió en una Unidad de Producción Socialista (UPS) en la que se procesan diariamente 30 toneladas de productos del mar, a fin de garantizar la soberanía alimentaria del país.
OPERATIVIDAD
Rafael Chaparro, coordinador de producción de la UPS La Gaviota, señaló que la industria está dividida en áreas clave como producción, revisión, empaque final, etiquetaje, almacenes y control de calidad. Es un ejemplo de la capacidad y la conciencia de los trabajadores y trabajadoras.
“Para nosotros significa mucho, porque nuestros trabajadores más nunca serán explotados. Trabajamos para el propio bienestar, el de la familia, los hijos, el pueblo y la patria. No es como antes, que las grandes ganancias iban a los bolsillos de los capitalistas que muchas veces nunca reinvertían en la empresa, como fue el caso de La Gaviota”.
“En muchos casos los capitales iban al extranjero. Los dueños nunca hicieron justicia social con los trabajadores. Nunca permitían que el personal ganará más que el sueldo mínimo”, agrega.
Chaparro afirma que la realidad es otra. “Hoy, esta cogestión ha hecho posible que los trabajadores devenguen más que el sueldo mínimo nacional. Cuentan con un bono alimentario de mil bolívares y se les garantiza un sistema de seguridad social. Además, gozan de una estabilidad antes inexistente”.
Cuando murió el dueño de la empresa, José Camino, el manejo recayó en manos de una sobrina que no pudo gerenciarla eficientemente, al punto que decayó toda la actividad. “Había un gran descontento porque no había continuidad laboral ni salarios dignos. Nos contrataban por una semana, o más, y luego nos mandaban a nuestras casas”, relata Pascuala Salmerón.
La infraestructura de la empresa se deterioraba, producto de la desinversión. “Sin embargo, los trabajadores y trabajadoras hemos salido adelante con la actividad. Podríamos dar más de lo que hoy damos, pero la condición de las maquinarias no lo permite”, acota.
Salmerón y Chaparro coinciden en que “los capitalistas nunca se ocuparon en meterle la mano para mejorar esto, sino que todo era ver llenos sus bolsillos. A pesar de todos estos inconvenientes, estamos en pie trabajando”.
“Nuestra expectativa”, destaca, “es que la empresa pase definitivamente a la alianza con Pescalba, para cristalizar definitivamente la modernización de esta compañía y aumentar la producción”.
“Nuestra aspiración es poder procesar a futuro más de 60 toneladas. Eso implicará robustecer nuestra capacidad de abastecimiento para la red Mercal, Pdval y los pequeños comercios del mercado interno”. Ese crecimiento implicará incorporar más personal y sincerar la situación de retiro de muchas trabajadoras y trabajadores.
A LO INTERNO
De lunes a jueves, las jornadas de trabajo empiezan a las 7:00 am, y terminan a las 12:00 pm. Después del descanso, se incorporan a la faena hasta las 5:00 pm. Los viernes, la actividad se desarrolla entre 7:00 am y 4:00 pm, para completar la jornada de 44 horas semanales.
Basta con ingresar a los galpones de esta procesadora para ver la agitación que generan numerosas personas, en su mayoría mujeres vestidas con gorros y batas azul cielo y blanco; los hombres mantienen su hegemonía en secciones donde la fuerza física es vital.
“En la fuerza laboral de la planta hay una proporción de 50 y 50 en cuanto a hombres y mujeres”, explica Rafael Chaparro. “En el área de producción, en cambio, la proporción es 70/30 a favor de las mujeres”.
Todo el recurso humano pertenece a las comunidades de los sectores aledaños, puntualiza Chaparro “pero también hay personas que habitan en Cumanacoa y San Juan; todos, sucrenses”.
Un recorrido permite reconocer que el bullicio operativo de máquinas se funde con el de la gente alegre que cumple su turno. El ambiente está cargado de camaradería, y hay quienes muestran su mejor pose al saber que son apuntados por el lente de la cámara fotográfica.
Es ese calor humano lo que hace posible que La Gaviota entregue entre 700 y 750 cajas diarias de producto marino. Se trata de latas de sardinas y de pepitonas, de 170 gramos, que irán a los anaqueles de los puntos de venta de la red Mercal y Pdval.
ASPIRACIÓN
Luiselena Segura es una mujer maciza y vivaz que lleva 23 años de labor en esta planta. “He pasado por todas las áreas”, dice. Deja por unos minutos el corte de ajíes y pimentones necesarios para la salsa de las pepitonas.
“Cuando preparo este guiso, pienso que es el mejor. Primero, porque lo hago yo; y segundo, porque los hacemos con bastante amor para que a la gente le guste. Lo hago pensando en lo sabroso que tiene que quedar”, asegura.
“¿Que cómo me siento? Pues muy bien. En esta empresa he dado bastante, y a los cinco miembros de mi familia los he mantenido de este trabajo”, añade Segura. La mujer continúa con su puesto impregnado de la mezcla de olor a cebolla, pimentón, laurel y orégano.
Corina Coronado cumplirá 31 años en la empresa el próximo 4 de octubre. “En este momento me siento muy bien, porque trabajamos todos los días. En el pasado pasábamos tres meses en la casa, sin cobrar ni medio. A lo sumo, cobrábamos 50 bolívares”.
“Mis hijos me dicen: ‘mamá, ya es tiempo de que te jubiles, pero les digo que todavía me siento con ganas de trabajar, y de ver en socialismo una Gaviota nueva”.
La aspiración más sentida entre trabajadores y trabajadoras es la de poder ver cristalizada la modernización de la procesadora.
Rafael Chaparro resume este sentir: “Para mejorar nos hace falta una fuerte inversión, a fin de actualizar y modernizar todas las áreas de la empresa, y eso está planteado por parte de nuestro Gobierno Revolucionario”.
“Estamos en proceso de transición para incorporarnos al circuito pesquero que liderará Pescalba. Una vez que se concrete, seguiremos garantizando aún más nuestra soberanía alimentaria. La Gaviota ya alzó el vuelo y está de la mano de la comunidad para que sea siempre un vuelo alto”.
TESTIMONIOS




FORMACIÓN
En la procesadora de sardinas Conservas Alimenticias La Gaviota, los trabajadores y trabajadoras también desarrollan otras actividades. Cuentan con una sala de batalla compuesta por 22 Consejos Comunales.
Iván Martínez, coordinador de Desarrollo Social, explica que en La Gaviota se está saldando una deuda histórica con los trabajadores y trabajadoras, “porque en más de 50 años que tiene de fundada la empresa, la mano capitalista se dedicó a explotar y sacar el máximo esfuerzo físico y mental a la mano de obra”.
“Nos encontramos con condiciones críticas en el plano cultural y educativo en la masa laboral; sin embargo, el Estado ha promovido la Escuela Manuela Sáenz, que brinda formación política e ideológica con la que buscamos elevar la conciencia de los trabajadores, entendiendo que no es sólo producir por producir, sino que debemos estar conscientes de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos”, ratifica.
Martínez acota que se trata de una escuela “por la que semanalmente pasan compañeros a recibir formación sobre el alcance del Proyecto Nacional Simón Bolívar, modelo de gestión y otros”. El control obrero “lo estamos construyendo junto a los trabajadores y trabajadoras”.


