Un socialismo democrático

OPINIÓN

POR: JOSÉ BLANCO

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La histeria electrizada de las oposiciones a la 4T expresa impotencia desesperada. Les urge un fracaso catastrófico de las autoridades sanitarias que no llega, pero pugnarán sin descanso por conseguirlo. Guardianes del neoliberalismo, grupos empresariales y mediáticos, grupos de clases medias ideológicamente devorados por esos poderes fácticos, más las ruinas de los partidos antes dominantes, quieren ver cadáveres apilados y sangre en todas partes, hospitales colmados y médicos exhaustos. Sus deposiciones hablan de la ruindad de sus intereses. Como payasos trágicos no atienden a lo que en el mundo ocurre, y atribuyen ya al gobierno el drama que sin remedio viviremos.

Como en todo el mundo, esos grupos inefables repudiaban al Estado; hoy pretenden cruzar indemnes la pandemia; que a ellos no les cueste ni un centavo la crisis económica y sanitaria. Están asombrosamente equivocados.

Como nunca, la lucha de clases se anuncia feroz y abarca a la humanidad. Como nunca, también, las clases explotadas y dominadas habrán de emprender su mayor esfuerzo internacional rumbo a algunas formas de socialismo democrático, pienso. Un número cada vez mayor de ciudadanos en el mundo sabe que la normalidad poscrisis será una muy diferente a lo conocido, pero nada está dado de antemano, y las clases dominantes del planeta se aprestan a construir una tiranía ad hoc para el nuevo mundo.

El pasado 3 de abril Henry Kissinger firmó en el The Wall Street Journal el artículo “La pandemia del coronavirus alterará para siempre el orden mundial”. “Cuando la pandemia de Covid-19 termine, se percibirá que las instituciones de muchos países han fracasado… El esfuerzo de la crisis, por muy vasto y necesario que sea, no debe desplazar la urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden poscoronavirus…; ni siquiera Estados Unidos puede, en un esfuerzo puramente nacional, superar el virus. La atención a las necesidades del momento debe ir unida, en última instancia, a una visión y un programa de colaboración global…; [debemos] salvaguardar los principios del orden mundial liberal… La restricción es necesaria en todas partes, tanto en la política interna como en la diplomacia internacional”.

El trazo de las clases dominantes para el mundo poscrisis es claro: avanzar rápidamente hacia un suerte de gobierno mundial con restricciones políticas, aprovechando el obligado encierro inmovilizante que provoca la pandemia. Ya se nos avisa: diversas medidas de alejamiento social serán indispensables mientras no haya una vacuna: al menos 18 meses.

Las crisis económica y sanitaria muestran que no hay apelación posible: lo común y lo público no sólo son necesarios, son la única vía. Alguna forma de socialismo democrático es indispensable enarbolar desde hoy mismo, frente a despotismos como el anunciado por Kissinger. No más el individualismo salvaje que ha reinado, con brutales consecuencias sociales. Un nuevo orden social debe garantizar, mediante instituciones públicas y organización comunitaria, una vida digna para todos; nadie debe padecer por falta de salud, de alimentación, de techo, de educación desarrollada y de alta calidad, todo ello debe traducirse en derechos universales. Para evitar los riesgos futuros de nuevas catástrofes sociales, requerimos para todos bienestar, equidad, cultura científica, más derechos de ejercicio común, más secularismo, más democracia.

Requerimos, sí, cooperación internacional económica, política, científica, educativa, entre todos los movimientos del planeta que busquen formas de un socialismo democrático, ecologista y feminista. No existe otra vía para transitar hacia formas elevadas de existencia humana. Hoy, en todas partes, el hambre y la ignorancia podrían ser erradicadas en breve lapso. Lo impide la servidumbre de unos seres humanos hacia otros: un insulto y una ofensa inadmisibles, que priman en todas partes bajo la opresión denigrante de una desigualdad sin ­precedentes.

En Estados Unidos no sólo está Kissinger y semejantes. También hay, apenas insinuados, brotes del socialismo que fue sembrando Bernie Sanders; inesperadamente una capa de jóvenes en ese país comenzó a inscribirse en una idea que tomará su propio vuelo y desarrollo. No será sorpresa si vemos movimientos emergentes análogos en Europa o en América Latina, en África o en Asia.

Les espera a las izquierdas del mundo, a los movimientos progresistas, la más ardua de las luchas. Pero las sendas por las cuales las ideas de un socialismo democrático pueden avanzar están abriéndose. Las izquierdas necesitan pensar sin prejuicios y sin fórmulas absolutas de otros tiempos. El debate político puede abrirse ya, en el ciberespacio del presente, y ahí donde se pueda. Sumar fuerzas nunca fue tan necesario; el mayor enemigo de la humanidad busca crecer. Las hipótesis sobre los rumbos que en cada espacio social deban tomarse debiera ser una exploración libre, siempre con el análisis concreto de la realidad concreta.